Me maravilla cómo aparece el dinero cuando se olfatea que la
cita electoral se aproxima. Y la maquinaria propagandística se acelera cual
carrera de Fórmula 1. Surgen promesas –como las que luego incluyen en los
respetivos programas– como setas tras las lluvias. Y si tenemos que utilizar
las fiestas como trampolín, adelante. Hasta la devoción a la Virgen del Carmen
es adulterada por mandato expreso del presidente regional popular, quien dicta
al subordinado los mensajes adecuados. Penoso, triste y lamentable. No tanto
por ellos como por un pueblo en estado catatónico. Ya está. El resto en cuatro
décimas.


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