miércoles, 28 de septiembre de 2022

'Este' agua

No es la primera vez que escribo algo acerca de tal particular. Y como este (¿o esta?) ciclón (tormenta o depresión) tropical nos ha traído bastante agua, pero, además, un despliegue informativo impresionante, el (mal) uso de los demostrativos  corrió como la pólvora. O como los barrancos, ya puestos. Algunos anduvieron tanto que aún están buscándolos.

Destacó, por supuesto, el llevado a cabo por la Televisión Canaria. Donde no solo los habituales corresponsales en las islas de los diferentes noticiarios desarrollaron aquella labor por la que les pagan, sino que el amplio elenco de reporteros del programa Una hora menos, del amigo Victorio, se sumó al jolgorio acuático. Chapotean como niños.

Bien me parece, faltaría más, que se nos trasladen los acontecimientos que merecen ser calificados como noticiables, pero sobra el espectáculo. Al que somos tan dados por mor de captación de audiencias. Para que me enseñes el charco formado en la carretera, gavia o natero, para que me muestres un barranco con bastantes pipas de agua perdidas en la mar océana o esa amplia casuística que tú vislumbraste, como yo no es menester recurrir a las botas de regar la platanera para que observemos cómo ese agua casi te llegaba a las rodillas. Informar, sí; mas deja la distracción para el circo o para programas de entretenimiento y variedades.

La negrita anterior, así como el titular, aposta (adrede). Porque no hay manera de que se cumplan las reglas. Tendré que preguntar al amigo Humberto –vendrá el próximo 14 de octubre al Casino de la Dehesa– si en el manual de estilo que pergeñó para la televisión autonómica se contempla este asunto o no se hizo porque se daba por sobrentendido que era una cuestión ya machacada en los estudios previos de periodismo.

Acudo a los doctos consejos de la FundéuRAE y del buscador urgente de dudas extraigo:

Ante nombres femeninos se usan los demostrativos estaesa aquella, incluso si comienzan por a tónicaesta agua, esa águila, aquella hacha o esta área.

Según explica el Diccionario panhispánico de dudas, los artículos la una adoptan normalmente, por razones de sonoridad, las formas el y un cuando van inmediatamente delante de un sustantivo que comienza por tónica, pero eso no afecta a la debida concordancia con otras palabras de la oración, entre ellas los demostrativos estaesa aquella.

Eso de las razones de sonoridad se llamaba, cuando yo estaba en el Colegio San Agustín o quizás en la escuela de La Longuera, cacofonía (disonancia que resulta de la inarmónica combinación de los elementos acústicos de la palabra). Pasado el tiempo, cuando me tocó explicarlo en las aulas, le decía a los alumnos que lo tradujeran por “que suena mal, que suena a caca”. Y no fallaban. Al menos no tanto como estos periodistas de alcachofa en mano.

En resumen, que se dedicaron a profundizar en la teoría de la comunicación de Marshall McLuhan y olvidaron las reglas elementales de ortografía. Y así tuve que tragarme litros y litros de este agua que generosamente regó nuestros campos (de una manera serenita, afortunadamente).

Cuando escucho tales deslices cada vez que caen cuatro gotas, los recuerdos me conducen, inexorablemente, al Steaua de Bucarest (Rumanía), equipo de fútbol –ignoro la situación actual– que llegó a ganar la Copa de Europa en 1987, cuando en Sevilla venció en la tanda de penaltis al Barcelona, tras el empate a cero en el tiempo reglamentario. Qué sabia es la Wikipedia.

Así que, estimados amigos, concluyo y levanto este acta. Aunque me he quedado con mucho hambre, no creo que se me quite bebiéndome todo el agua que se recogió en los pluviómetros. Menos mal que la aula, la arma, la ala, la hacha… suena muy feo y solemos no errar. Pero lo de los demostrativos es para herrar(los).

Y la última. Que me pasa por tragarme los telediarios. Así me indigesto. Escuché: El agua escorrentió barranco abajo. Pues menos mal. Te imaginas que hubiese escorrentiado barranco arriba. Menuda tragedia con el (supuesto) verbo escorrentiar.

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