miércoles, 21 de septiembre de 2022

Topar

Vengo escuchando, con cierta reiteración, a varios políticos el verbo de marras. Y uno recurre a los que más saben. Como no tenía a mano al amigo Humberto, presidente de la Academia Canaria de la Lengua*, un lexicógrafo redomado, me fui al Diccionario de la lengua española. De las once acepciones, que se reproducen en el pertinente pantallazo, uno se queda con aquellas relacionadas con lo que ha mamado en la vida. Por lo que eché la vista atrás y regresé a La Gorvorana. Bueno, a lo que queda.

Porque topar lo hacían ciertos animales. Y ahí no concuerdo totalmente con el diccionario porque alude a los cornudos para reflejar la acción de dar con la cabeza en algo con golpe e impulso. Seguro que los académicos no conocieron, como un servidor, a cierto carnero mocho (aquel que carece de prolongaciones óseas cubiertas por una capa epidérmica o por una vaina dura y consistente, que tienen algunos animales en la región frontal) que topaba cual aguerrido luchador y con una ventaja indudable: como el tranquilo observador no le vislumbraba la cornamenta, lo confundía con paciente ovejita (si lo mirabas por la retaguardia ya te percatabas de ciertos atributos) y tendía a pasarle la mano por ese lugar donde debían estar las precitadas prolongaciones. Craso error. Porque el bicho se lo tomaba como una ofensa –lo del machismo no es patrimonio exclusivo del bicho humano y reculaba unos cuantos metros. Con lo que el acariciador (o acariciadora) entendía que ya lo tenía dominado. Sin percatarse de que el muy traicionero estaba buscando la distancia adecuada para arrancar de sopetón. Del resultado del choque –no previsto por el incauto bípedo ya te puedes ir dando una idea.

Pero no se refieren los cargos públicos a ninguna de los significados que la Academia establece. Sino que le dan una nueva. Sabido es que son portentos. Y lo mismo nos arreglan edificios en ruinas, que se lanzan a la aventura del piche preelectoral o que se nos convierten, como por arte de magia, en académicos sin sillón. Y divagan a cuenta de poner un tope a los precios de los productos que componen la denominada cesta de la compra. Hete aquí, tachín-tachán, que para ello utilizan topar. Y más frescos que una lechuga.

Estoy pensando si yo también debo topar (limitar) el número de palabras en cada entrada del blog. Así, cuantimenos –no me digas que no lo has oído– escriba, menos expuesto estaré a las críticas, puesto que lo malo, si breve, no tan malo.

Y con topar estaba cuando me entero de que Andalucía seguirá los pasos de Madrid: que los ricos no paguen impuestos y después se llora ante la nación para que la participación en la tarta de todos sea también generosa con ellos. Pues habría que toparle la ración en justa correspondencia. Hasta me salió una décima:

Qué bueno es bajar impuestos / a ricos y poderosos, / para luego, de tramposos, / mamar de los presupuestos. / Son verdaderos denuestos / estos hechos indecentes, / pues es tratar a las gentes / en función de los bolsillos: / apoquinan los pardillos, / mientras ríen los pudientes.

Ya está. Bastante topada que me salió. Hasta mañana.

 

* Impartirá una charla, junto al Diputado del Común, en el Casino de La Dehesa, el 14 de octubre de 2022, a eso de las 7 de la tarde, con motivo de los actos que se vienen desarrollando por el Centenario de la Sociedad. Anótenlo, aunque lo recordaré más adelante.

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