Entiendo perfectamente la preocupación del grupo popular por
colocar a cuanta gente sea posible en los puestos de libre designación que la
ley permite. Y que tal proceder constituya una prioridad. Al estar en juego los
votos de las siguientes elecciones (mayo de 2023), se precisa que el caladero
no disminuya. Al contrario, se requiere algún esfuerzo extra en fiestas y
eventos varios, por lo que cuantos más adeptos (¿o adictos?) y estómagos
agradecidos formen la cohorte palmera (que me perdonen los benahoaritas, pues
no va con ellos este particular), mejor que mejor.
Asimismo, es bien sabido que concejales liberados hay para
dar y tomar. Que unidos a los asesores, secretarios, auxiliares, ayudantes y
adulones (hay más pero basta como muestra), constituyen un fino elenco, cuyo
monto económico mensual puede equipararse a varios millares (¿o millones?) de
kilos de la pintura que reclamé dos párrafos más arriba.
Todo ese selecto grupo se ha (mal) acostumbrado a que seamos
los ciudadanos los que estemos permanentemente elevando las quejas por las
anomalías observadas, puesto que bastante trabajo tienen con cobrar a final de
mes y estar atentos a redes sociales u otros medios por si se funde una
bombilla, se cae alguien dentro de un bache o cualquier bobo (lo digo por mí)
les sugiere… una bobería, qué otra cosa puede ser.
Y voy con lo mío. En la precitada urbanización (donde fijé
mi lugar de residencia hace dos décadas) brilla por su ausencia la señalización
vertical. Bueno, como las escasas farolas de alumbrado público se encuentran
tan distantes (y arriba se funden de vez en cuando para general regocijo en el
capítulo de beneficios de la empresa encargada de su mantenimiento), nadie se
entera (ni los concejales que pasan a diario), salvo los que habitamos en ella
(menos el teniente de alcalde que vive en calle paralela a la mía; por cierto,
¿tendrá vado?; mañana me acerco y lo compruebo para preguntarle, de proceder, si
el alcalde ─o la concejala de
urbanismo─ le pidió el plano
acotado de la acera y tal y cual).
Claro, como se me ocurre pensar de tarde en tarde, podría
ser oportuno que se pintaran en la calzada unos elegantes círculos con un 30
dentro. Soy consciente de que los Fitipaldis de turno ni los van a ver, pero al
menos habría un argumento por si un día cualquiera me pudiese dar un estampido
cuando llevo a cabo la maniobra para meter el coche en el garaje (sin vado). Y
aunque la puerta esté a unos cuantos metros de la esquina, entran a tal
velocidad que un día se llevan por delante al pobre de Benito Pérez Galdós (me
refiero a la placa que está espichada en un tubo de la acera).
Temblando estoy por si en cualquier momento se cumplen las predicciones
meteorológicas y le da por llover. Porque tal y como circulan algunos, lo mismo
me desgracian las plantas que tengo en la cancela. Y si me encuentran con el
Holter enchufado –como hoy─
se me puede disparatar la tensión arterial.
¿Será mucho pedir? Tengo un par de fórmulas para reducir los
gastos y disponer de una cantidad para imprevistos. Si me pagan bien las
publico.

No hay comentarios:
Publicar un comentario