martes, 20 de septiembre de 2022

A 30

Cualquier día de estos va a haber una desgracia en la Urbanización Los Príncipes. Mento esta porque es la que conozco de cerca. Pero, me imagino, existirá alguna otra en la Villa de Los Realejos donde ocurra tres cuartos de lo mismo. Y todo ello debido a que nuestro ayuntamiento parece no tener un bote de pintura blanca y un par de operarios. Valdría, también, el concejal-delegado de Realserv.

Entiendo perfectamente la preocupación del grupo popular por colocar a cuanta gente sea posible en los puestos de libre designación que la ley permite. Y que tal proceder constituya una prioridad. Al estar en juego los votos de las siguientes elecciones (mayo de 2023), se precisa que el caladero no disminuya. Al contrario, se requiere algún esfuerzo extra en fiestas y eventos varios, por lo que cuantos más adeptos (¿o adictos?) y estómagos agradecidos formen la cohorte palmera (que me perdonen los benahoaritas, pues no va con ellos este particular), mejor que mejor.

Asimismo, es bien sabido que concejales liberados hay para dar y tomar. Que unidos a los asesores, secretarios, auxiliares, ayudantes y adulones (hay más pero basta como muestra), constituyen un fino elenco, cuyo monto económico mensual puede equipararse a varios millares (¿o millones?) de kilos de la pintura que reclamé dos párrafos más arriba.

Todo ese selecto grupo se ha (mal) acostumbrado a que seamos los ciudadanos los que estemos permanentemente elevando las quejas por las anomalías observadas, puesto que bastante trabajo tienen con cobrar a final de mes y estar atentos a redes sociales u otros medios por si se funde una bombilla, se cae alguien dentro de un bache o cualquier bobo (lo digo por mí) les sugiere… una bobería, qué otra cosa puede ser.

Y voy con lo mío. En la precitada urbanización (donde fijé mi lugar de residencia hace dos décadas) brilla por su ausencia la señalización vertical. Bueno, como las escasas farolas de alumbrado público se encuentran tan distantes (y arriba se funden de vez en cuando para general regocijo en el capítulo de beneficios de la empresa encargada de su mantenimiento), nadie se entera (ni los concejales que pasan a diario), salvo los que habitamos en ella (menos el teniente de alcalde que vive en calle paralela a la mía; por cierto, ¿tendrá vado?; mañana me acerco y lo compruebo para preguntarle, de proceder, si el alcalde o la concejala de urbanismo le pidió el plano acotado de la acera y tal y cual).

Claro, como se me ocurre pensar de tarde en tarde, podría ser oportuno que se pintaran en la calzada unos elegantes círculos con un 30 dentro. Soy consciente de que los Fitipaldis de turno ni los van a ver, pero al menos habría un argumento por si un día cualquiera me pudiese dar un estampido cuando llevo a cabo la maniobra para meter el coche en el garaje (sin vado). Y aunque la puerta esté a unos cuantos metros de la esquina, entran a tal velocidad que un día se llevan por delante al pobre de Benito Pérez Galdós (me refiero a la placa que está espichada en un tubo de la acera).

Me imagino que será una medida de menor importe que comprar más señales verticales. Y es que solo he podido vislumbrar dos de estas horizontales: una a la entrada por el campo de fútbol y otra por Godínez. Además, podría venir todo el grupo de gobierno y sacarse una buena tonga de fotos. Quedaría bien con todos alrededor y el 30 al medio. Desde las alturas, por ejemplo, con un dron. O con un buen zum Desde La Corona.

Temblando estoy por si en cualquier momento se cumplen las predicciones meteorológicas y le da por llover. Porque tal y como circulan algunos, lo mismo me desgracian las plantas que tengo en la cancela. Y si me encuentran con el Holter enchufado –como hoy se me puede disparatar la tensión arterial.

¿Será mucho pedir? Tengo un par de fórmulas para reducir los gastos y disponer de una cantidad para imprevistos. Si me pagan bien las publico.

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