El Guanche,
periódico literario, industrial, comercial y de intereses materiales, 30 de
junio de 1862, página 2:
“No hay duda que la Asociación es una palanca poderosa para
el progreso material de todo pais; merced á ella veremos dentro de poco hermoseado mas y mas nuestro valle, al ser bañado
por las aguas que están esplotando en la actualidad varios hijos de este
pueblo.
La empresa formada para sacar los caudalosos manantiales que
caían al mar desde ab eterno y que
llevan por nombre Aguas de Gordejuela regarán dentro de un año, según se nos
dice, una gran porción de terreno: ya se
han empezado los trabajos de atargea.
La empresa llamada Aguas del Patronato, y que se halla bajo la
dirección del Sr. Kreitz, ha dado un resultado muy satisfactorio.
En uno de los pozos de reconocimiento abiertos, se han
encontrado ya unas cien pajas*, siendo preciso para poder continuar los trabajos
abrir la correspondiente galería. Hay esperanzas, ó mejor dicho, hay completa
seguridad de que se ha de encontrar en aquel punto una mayor cantidad de agua,
asi que se adelante la obra.
Lo que si es una lástima, es que pasen años y mas años sin
ver formada una nueva asociación, para utilizar algunos de los manantiales que
surcan las entrañas de la tierra en las partes altas de los Realejos. Allí,
bajo las colinas que circundan la parte sur de nuestro valle, en las Floridas ó bien á las inmediaciones de Palo
Blanco, es el punto mas ventajoso, al decir de todos, para las indicadas
esploraciones.
Sin hacer grandes desembolsos, con solo la esperanza, la
confianza y la voluntad y una módica cuota mensual de parte de los asociados, veriamos
dentro de algunos años rehacer al pueblo del Realejo alto hoy tan decaido; pero
renacer lleno de vida para no morir nunca. Desechando todo egoismo, toda
pequeñez, toda miseria, seria facil alcanzar el objeto apetecido: asociandose
al pensamiento feliz el pensamiento de todos, lo que ahora, no es mas que una
idea echada á volar en alas de la prensa, podrá ser dentro de poco, una
halagüeña realidad y esta realidad, ser fuente de riqueza para los hijos del
Realejo y para muchos de los que en aquella jurisdicción posean buenas raices”.
El Guanche, 30 de
agosto de 1862, página 2:
“Hemos sabido que en uno de estos dias se vio perseguido un
joven naturalista en las inmediaciones del Realejo alto, por unos cuantos
campesinos. Parece que el estrangero se hallaba en medio de un bosque embebido
en los estudios de su profesión, cuando hete ahí que se aparecen nuestros
palurdos con estacas en mano, creyendo al amante de la ciencia de Linneo un
loco ó un malhechor.
El naturalista, que se hallaba á la sazón de cuclillas con
una navaja en su diestra investigando al parecer cierta planta, al ver el
aspecto poco agradable de tales huéspedes, se puso inmediatamente en pié y
empezó amistosamente á hablarles. Las palabras del estrangero eran cariñosas,
pero nuestros paisanos no entendían su lenguaje.
—Este es un loco, decían unos.
—No, es un desertor que se hace loco, ¿no le vés la navaja?,
decían otros.
—Si, es verdad.
—Pues asegurémosle, esclamaron algunos.
Y los hombres adelantaron un paso hacia el desconocido
enristrando sus amenazantes palos. El estrangero al ver tan de cerca el peligro
arrojó al suelo la navaja y un libro que tenia bajo el brazo y les indicó por
señas que él no hacia mal á nadie, que él era un hombre inofensivo.
Mas en esto tocó la casualidad de llegar allí un caballero,
hijo de la Villa de la Orotava, que auxilió con su presencia al sabio
estrangero. El estrangero se vio tan sofocado con los palurdos, que hasta llegó
á sacar de su bolsillo algún dinero, para provarles que su intención era buena.
Este caso dá una idea muy triste del estado de nuestras
localidades, no parece sino que nos hallamos en el fondo del Asia, en medio de
las bárbaras tribus. ¿Cuando se pondrá remedio á esto?”.
Nota aclaratoria:
*[paja de agua: medida antigua de aforo, que equivalía a la
decimosexta parte del real de agua, o poco más de dos centímetros cúbicos por
segundo. Real de agua: Medida antigua de aforo, correspondiente al
líquido que corría por un caño cuya boca era del diámetro de un real de plata.
En Madrid se fijó el gasto en 3 pulgadas cúbicas por segundo, o en 100 cubas al
día, que se considera en el canal del Lozoya equivalente a 32 hl.]

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