lunes, 24 de octubre de 2022

Elecciones a la vuelta

No sé cómo lo llevan ustedes, pero yo –mucho más viejo que mis lectores– muy mal. Por consiguiente, si me tomo unos descansos, no se extrañen lo más mínimo porque aguantar hasta mayo la cantidad de estupideces que se viene escuchando, por mor de las correspondientes citas electorales, en cuanto canal hallan a su alcance los ilustres prebostes, requiere unas dosis de aguante superior a las que este humilde servidor posee en estos momentos. Aunque uno procura vacunarse, el cuerpo se resiente ante tanto embate. Y los años pesan, quiéranlo o no. Antes sonreías con disimulo cuando algún mayor tropezaba y se iba de mandoble al suelo, o le pegaba fuerte cabezazo a una farola. Y ahora eres tú el implicado, sin el presunto.

Los canarios piden a gritos un cambio, pues este Gobierno (Pacto de las Flores) no tiene plan. Eso leo y escucho ensimismado (absorto, abstraído, recogido, concentrado, atónito, introvertido, enajenado) a un venezolano que no fue capaz de sacar adelante un instrumento fundamental en el desarrollo municipal del pueblo en el que se asentó a su regreso: el Plan General de Ordenación Urbana. Y uno, aunque medio ignorantón, pero con algo de tino, se cuestiona el que si no realizó a pequeña escala cuestión de tanta transcendencia, cómo podrá acometer otra de mayor envergadura para todo un archipiélago. Cuadrará tal aseveración en el dicho popular de echarse aquello mayor que lo otro. Podría ser.

Y lo larga en foros, valga de ejemplo La Palma, en los que mientras duró la erupción se puso de manifiesto una unión entre TODOS que constituyó un modelo a seguir. Pero que dejó de salir la lava y ya se lanzan a degüello por los votos mayeros. A los panfletos coalicioneros –cuánta vergüenza– le suceden las diatribas populares. Bajemos todos los impuestos, tabla rasa, sin distinción alguna de capacidades económicas y, al mismo tiempo, sanidad gratis. Así surge la soriasis. Que puede guardar relación con Soria (no provincia), pero no. Se trata de otro Soria (masculino), más cercano al canal de Panamá. Y mira que tenía un servidor en buena estima a Hernández Zapata. Pero comete el pecado de dejarse arrastrar. Ya se arrepentirá.

Cuca Gamarra, nacida –como muy bien saben ustedes– en Gallegos (Barlovento, La Palma), pero que se halla de vacaciones en Madrid, vino este pasado fin de semana a contarnos que “Canarias tiene margen para bajar los impuestos”. No sé si se refería al IVA –lo mismo sí– o al del patrimonio. Nada alegó de llevarse con ella a cuatro negritos de las pateras para que Feijóo los alojara en Galicia. O que ella misma los invitara a unos pinchos en la calle El Laurel de su Logroño natal (lo de Gallegos era una iroría). No esos marrones –y otros más cercanos– nos corresponden.

Y ya que estamos, ¿ustedes no notan a Manolo Domínguez mucho más viejo? Parece que ha perdido mucho de aquel glamur realejero. Claro, tanto viaje desgasta. Y eso es muy malo para cuando de verdad haya que dar la cara. Y aunque el Photoshop lo disimula todo en los carteles electorales… ¡ni comparancia! (es canarismo).

Mientras los políticos –siempre los mismos– se lanzan a la aventura para ver quien la tiene más grande (piensa lo que te dé la realísima gana), unos 330 mayores se hallan regados por los hospitales de Canarias porque no deben tener familia que los atienda. No, lo que no tienen es dinero. Pues si lo tuvieran, en las disputas por la herencia surgían allegados hasta debajo de las piedras. Vaya sociedad más hipócrita, desagradecida y malvada.

Mañana más. Hasta más ver.

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