La última encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas)
sigue levantando ampollas. O, para ser más exactos, dudo de que haya existido
alguna durante toda su historia (desde 1997) que haya satisfecho, siquiera
mínimamente, las esperanzas e ilusiones de los que salen mal retratados. Y
cuando todos –absolutamente– no alcanzan el umbral exigido para el aprobado
rascado (un cinco), se consuelan con excusas peregrinas. Que lo hagan los
políticos implicados (o presuntos), vale, pero que un periódico ponga en solfa
a todos los ministros, al tiempo que pondera (elogia, alaba) al que tampoco
está para tirar voladores, pues no alcanza el cuatro y medio, me da que se le
ve algo el plumero.
Como escribir (o tirar barro a ver si pega) sale gratis,
cargamos contra un tal Tezanos al que brindamos titulares como: se empeña en
dar ventaja, retuerce al límite los datos… Pero no le hacen ascos a las que
conceden resultados, quizás más sospechosos, a través de sondeos encargados por
quienes reciben generosas inyecciones económicas y no disimulan arrimos y
sostenes. ¿Interesados? A ti te lo oigo.
Son los mismos que aluden a la ventaja con la que cuenta
Sánchez en el Senado cuando debate con Feijóo. Y si fuera al revés,
¿demandarían que se cambiara el reglamento de funcionamiento de la Cámara Baja?
¿No le ocurría tres cuartos de lo mismo a Pedro Sánchez cuando desde la
oposición debía contender con Mariano Rajoy? Bien me parece que se comporten
como chicos menudos en los planteamientos serios, pero no nos hagan pasar por
infantes a los que debemos leer, escuchar y/o ver a semejantes lumbreras. Que
no todos los españoles actuamos al dictado y muchos hasta somos capaces de
discurrir un fisco. Un poco de por favor. ¿Y quién ganó? Depende. ¿De qué depende?
Te lo explico: si preguntan en mi pueblo, claramente Feijóo, por mayoría aplastante;
si se hace en La Matanza o en Puntagorda… ¿sigo o ya lo entendiste? Aunque las maniobras
no fueron las mismas del anterior porque, parece, está en juego la renovación
del CGPJ. Aun así se pudo leer: “Sánchez cambia de estrategia y desatasca a un
Feijóo bronco en el Senado”. Qué bien se lo pasan sus señorías. Cómo aplauden.
Y se ponen en pie. Eso, torero, torero…
Y a otra cosa, mariposa.
Aquellos que ya formamos parte del amplio colectivo de
jubilados de este país vamos a ser los culpables del derrumbe económico. Ni el
Putin, ni la maldita guerra en Ucrania, ni el sueldo de José Marrón… Nada los delincuentes
somos nosotros, que tras toda una vida trabajando no tenemos derecho a que nos
suban la pensión. Ya se lo había adelantado a mi mujer hace unas semanas:
estamos comiendo demasiado. Con dos veces al día, va que chuta. Nos levantamos
un poco más tarde y soslayamos el desayuno. Almorzamos a las tres o cuatro de
la tarde y un yogur por la noche y verás que en dos meses no nos reconoce ni…
el de la funeraria.
¿Ya devolvieron los bancos todo el dinero que se les prestó
(inyectó en vena) para que no quebraran? Mero ejemplo. Pero yo me voy a sentir
como un malhechor cuando la próxima semana me ingresen la pensión. Hasta lo
mismo me castigo y no voy a Mercadona. Que somos unos despilfarradores y no
contenemos el gasto. Este país no puede resistir a tanto gandul mano sobre
mano. Hay que volver a poner obligatorios los servicios sociales. Cada uno en
una calle dirigiendo el tráfico. O cruzando a los escolares por los pasos de
peatones. Y no estando sentados en un banco a la espera de que la mujer los
llame al móvil para que vayan a comer. ¡Ah!, pienso apuntarme en la próxima
convocatoria para las visitas a La Moncloa. Lo mismo ya es Ayuso la inquilina.
Hasta la próxima. Y sean felices.

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