lunes, 17 de octubre de 2022

Prémienlos con otra mayoría (1)

Comentó mi nieto (7 años) tiempo atrás que si le hablaban con iroría. Algo no le convenció y como había oído alguna reseña de esa capacidad de burla fina y disimulada para dar a entender algo diferente o contrario de lo que se dice, creyó conveniente soltar su parrafada y se quedó tan ancho. Con el paso de los meses ya aprendió algo más, incluso hasta expresarlo adecuadamente: ironía. Tómense el título del presente como una prueba más de ese recurso estilístico. Porque si el PP realejero vuelve a obtener la confianza mayoritaria de los votantes en mayo del año próximo, empezaré a creer firmemente que no tenemos remedio, que vamos abocados a la extinción por masoquistas. ¿Cómo puedes hacerlo por alguien que te vende un conjunto vacío, aunque envuelto en elegante papel de regalo, y aflojas una buena pasta (voto) poniendo la otra mejilla para que te vuelvan a dar un fuerte cogotazo? Zorullo no, lo siguiente.

El lunes de la pasada semana no fueron Adolfo, Fillo y Marrón a sacarse la foto en la entrada del pueblo. Una verdadera lástima. Sobre todo el último citado. Porque pudo demostrar todas sus habilidades en asuntos de seguridad el expolicía local de Santa Cruz, ahora el bien pagado por mor de componendas populares. Puesto que plantilla policial para cubrir estas emergencias, llana y simplemente, no existe. ¿Cómo va a ser posible si aquel al que han comenzado a llamar el canelo, se lleva el presupuesto bien fresquito? Con pasear por Realejo Alto, móvil en ristre, va que chuta. Qué desastre. Te cuento:

Pude aparcar –suerte que tiene uno– en Los Barros, a la altura del puente sobre el barranco de Palo Blanco (por el Bar Paradero, para entendernos; o por donde se coloca la guagua de la sangre, ¿te sitúas?) y me eché a caminar rumbo a La Vera. Como hago cada vez que me toca por esa zona. La cola para acceder a la Villa Histórica de Viera estaba a la altura de la gasolinera de La Gorvorana, de un lado, y en la propia autovía (TF-5) no muy lejos del puente de La Higuerita, del otro. Como no bajé por El Castillo a La Longuera, ignoro dónde se encontraría nombrando familiares –seguro que ni míos ni tuyos– el último de la fila.

Creía este iluso redomado que con la marcha del licenciado de Wyoming y la toma de posesión del licenciado en Bellas Artes, Los Realejos iba a progresar en todos los sentidos. Falsa alarma. Más de lo mismo. El manual de instrucciones causa estragos de manera inmisericorde. Si con méritos académicos más que dudosos, el ido (léase, fugado) no fue capaz de PLANIFICAR, el nuevo, con menos sospechas curriculares, una vulgar fotocopia. Clonado, tú.

La improvisación raya el despropósito. Y como el dinero surge por arte de magia el último año de mandato para comprar piche por toneladas, ármate de paciencia y quema combustible. ¿A quién demonios se le ocurre el simultanear todas las obras, sabiendo, además, que todas se reducen a lo mismo? ¿Cómo se puede tener cerrado el acceso por Los Cuartos –por cierto, sólo red de saneamiento, que las pluviales corran libremente y arrastren cuanto menester fuere– y bloqueemos, igualmente, San Agustín? Ah, el agua de Los Cuartos, mucho mejor, así disfrutaremos de cinco piscinas: la de toda la vida (de la época de José Vicente), la que ocupa los terrenos anexos, la de La Gañanía, la de La Longuera y esta otra para que se bañen los que esperan la guagua en los alrededores del Alteza y maten el aburrimiento.

Viven por y para las fotos. Con menos imaginación y sentido de la responsabilidad que un mosquito sin alas. Doce años dentro de bien poco, con tres mayorías absolutas y una falta de proyecto para el pueblo más que evidente. Salvo el mantenimiento de los servicios del municipio, piche, piche y más piche. Qué triste balance para quien se define como un especialista en expresión artística que posee gran capacidad estética y de creación. Cuánta diferencia entre la teoría y la práctica. Cuánta pena tanto dinero despilfarrado en un numeroso grupo de cargos faltos de todo, incluso de sentido común. Porque si lo tuvieran, como mínimo pensarían. Reflexionarían sobre situaciones como la presente, se darían cuatro golpes bien fuertes en el pecho y pedirían perdón por los problemas causados. Mejoras, sí; pero con cabeza y no actuando como si fuera otra parte de su anatomía la que les dictara el camino a seguir.

(finalizamos mañana)

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