Te voy a explicar la manera de gestionar de este equipo de
(des)gobierno: Elaboran un presupuesto anual cuyas partidas económicas no
ejecutan en su mayor parte, salvo el capítulo del “sancobro”. Ello supone –de
cajón– que haya superávit. Abundante. Que podrá ser incorporado al ejercicio siguiente
e incluido en el denominado Plan de Barrios. Cuya finalidad, rayando la
obsesión, consiste en empichar. ¿O no te has percatado, simplón?
En fin, ¿tú quieres ver cómo Adolfo vuela también, dentro de
poco, en parapente? Fillo no creo, no sé si la tela aguantará. A Marrón lo
colocaba al lado del volador… a ver si tenemos suerte y explota.
Cuándo nos daremos cuenta, estimados realejeros, que no solo
de humo podemos vivir. Cuántas promesas, electorales o no, nos han llovido y
seguimos a salto de mata. ¿Continuaremos, sine
die, con improvisaciones y sin elaborar un plan (también el PGO) que marque
las directrices de la Villa de Los Realejos para los años venideros? De no dar
más de sí –quizás den más de no– ¿no hay un técnico que les indique que así,
con ocurrencias, no podemos continuar, que es preciso, y urgente, dotarnos de
mecanismos que prevean el futuro inmediato? A lo peor estoy exigiendo demasiado
y viene a resultar que solo están para pedirnos el plano acotado de la acera
cuando solicitamos un vado.
Claro, lo mismo me espetan que no soy imparcial ni objetivo.
Puede, pero bien seguro me hallo de que no soy gilipollas (adjetivo malsonante
que significa necio o estúpido). ¿Cómo? De eso nada, lo estás pensando tú. Que
yo los llamé… habrase visto. El voto es libre, claro. Y si el cerebro no
carbura por fallos en las juntas de las neuronas, ¿vale lo mismo? Sí,
rotundamente. Y la prueba del algodón… la composición fotográfica.
Tengo que ir a la capital, pero como debo volver… ¿Para qué
me habré marchado de La Longuera?
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Deja ver si mañana tengo tiempo –qué ajetreada vida llevo,
ni la de los políticos que trabajan veinticinco horas al día– y te cuento algo
de cómo nos fue el viernes pasado en las charlas del Casino de La Dehesa. Y de
paso agradezco a los buenos amigos Humberto y Rafa no solo la agradable conversa,
sino que se hayan molestado en acudir al reclamo. Que conste en acta que no
acudieron en coche oficial y se conformaron con un vaso de vino y un cacho de
tortilla.
Ya queda menos, asimismo, para que presentemos un nuevo
libro. Será el 11 de noviembre y también en el local de la Sociedad Valle de
Taoro, porque en él narramos peripecias de un siglo de historia. Pero te iré
contando y teniendo al día.

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