lunes, 14 de noviembre de 2022

Feliz alumbramiento

En relación con la entrada del pasado viernes, les engañaría si les dijera que no estoy contento y satisfecho. La presentación de “Un siglo, que no es poco─Sociedad Valle de Taoro (1922-2022)” fue todo un éxito. Y no precisamente por los escasos méritos de este juntador de letras, sino por la masiva presencia de quienes a bien estimaron rendir homenaje a una entidad centenaria. Qué pena la falta de aparcamientos. Alguno se tuvo que volver para la casa ante la imposibilidad de encontrar un hueco para el coche. Otros –aún restan temores pandémicos– no subieron a la planta alta del local y me enviaron la foto con el libro en plena carretera de Las Dehesas.

Ya el entrañable amigo Salvador García plasmó este pasado sábado en su blog una espléndida reseña. Que, junto a las elaboradas por Gabriela Gulesserian para Diario de Avisos, constituyen verdaderos aldabonazos para nuestro querido Casino. A la espera quedamos, a la hora de redactar estas líneas, de la sorpresa que, a buen seguro, nos deparará Gregorio Dorta en El Regional.

Ahora toca –y a perdonar tanta insistencia– que la gente siga mojándose. Porque debemos cubrir, en primer lugar, gastos de edición. Y luego, si hay suerte –no tiene por qué no haberla–, que Valle de Taoro pueda disponer de unos fondos para seguir avanzando en su recuperación y continuar programando actividades en el próximo año. El autor –a quien bien conozco– me ha comunicado que renuncia a cualquier trato preferencial y también ha apoquinado el billete correspondiente por el ejemplar que ya forma parte de la biblioteca. Que cuando vienen verdes hay que predicar con el ejemplo. Digo (escribo) más: y otros dos para que el amigo Carricondo disponga de ellos en la próxima comida (26 de los corrientes) de unos viejitos maestros del Plan 1967.

En las palabras de rigor del viernes próximo pasado, unas décimas. Ay, si Vicente Yanes levantara la cabeza. Y como colofón a la actuación de la Escuela de Pulso y Púa de la Villa de Viera, un tema (Por las Bandas del Sur) que escribí hace muchos años y que el maestro Ángel Luis aderezó con una perras de buena música, lo que ha dado pie a que unas mal hilvanadas letras bien condimentadas con notas, claves y pentagramas pueden dar nacimiento a una bella criatura.

Vamos con esas espinelas:

Escuché en cierta ocasión / a un señor de protocolo, / que el autor debe hablar solo / cortito y de refilón. / Y en esta presentación / del libro que nos concita, / un servidor les invita / a adquirir un ejemplar, / pues en él quise plasmar / pasajes de aquí cerquita.

A empresas, instituciones, / y también la Sociedad, / muchas gracias, de verdad, / por esas aportaciones. / Sin dichas asignaciones / posible no hubiese sido, / por ello yo a todos pido: / miren la contraportada / donde se encuentra signada / la razón del bien nacido.

Te agradezco Noemí, / concejala del lugar, / la labor de presentar / lo que a escribir me atreví. / Hoy también te pido a ti, / y a todo el ayuntamiento, / que, aun con pasito lento, / nos brinden todo el apoyo, / porque salir de este hoyo / supuso fuerte tormento.

A Cristóbal Díaz Tena, / y ya que hablamos de partos, / por ir agenciando cuartos, / vaya difícil faena. / Pero ha valido la pena / y por eso fue premiado / –ay, qué chiste más salado– / con el libro aperturar, / teniendo que prologar / el trabajo consignado.

A veces nos olvidamos / de la labor de la imprenta, / que parece que no cuenta / cuando ya un libro ojeamos. / Por tanto a su gente damos / las gracias más expresivas / y a perdonar las masivas / visitas a La Perdoma… / ya me merezco un diploma / por prácticas abusivas.

La Escuela de Pulso y Púa / de la villa realejera / –una parte, que no entera– / para nosotros actúa. / Y al frente se sitúa / quien se chasca como millo / –lo digo en plan medio pillo– / las fusas y las corcheas, / un sabandeño, no creas: / Ángel Luis Pérez Trujillo.

Larga vida a este Casino, / estandarte de La Dehesa, / la centuria apenas pesa / si se fija buen destino. / Con este ruego culmino / señores esta misiva, / pidiendo a la Directiva / que prosiga abriendo puertas, / que se amplíen las ofertas, / en suma, que siga viva.

Y con esta sí concluyo / pidiendo benevolencia, / agradecer la asistencia / y desde ya me recluyo. / Con la misma me diluyo / y que el libro sea ahora / esa vena propulsora / del recuerdo, de la historia, / que se guarde en la memoria / el siglo que conmemora.

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