Ya el entrañable
amigo Salvador García plasmó este pasado sábado en su blog una espléndida reseña.
Que, junto a las elaboradas por Gabriela Gulesserian para Diario de Avisos,
constituyen verdaderos aldabonazos para nuestro querido Casino. A la espera
quedamos, a la hora de redactar estas líneas, de la sorpresa que, a buen seguro,
nos deparará Gregorio Dorta en El Regional.
Ahora toca –y a
perdonar tanta insistencia– que la gente siga mojándose. Porque debemos cubrir,
en primer lugar, gastos de edición. Y luego, si hay suerte –no tiene por qué no
haberla–, que Valle de Taoro pueda disponer de unos fondos para seguir
avanzando en su recuperación y continuar programando actividades en el próximo
año. El autor –a quien bien conozco– me ha comunicado que renuncia a cualquier
trato preferencial y también ha apoquinado el billete correspondiente por el
ejemplar que ya forma parte de la biblioteca. Que cuando vienen verdes hay que predicar
con el ejemplo. Digo (escribo) más: y otros dos para que el amigo Carricondo
disponga de ellos en la próxima comida (26 de los corrientes) de unos viejitos
maestros del Plan 1967.
Vamos con esas
espinelas:
Escuché en cierta ocasión / a un
señor de protocolo, / que el autor debe hablar solo / cortito y de refilón. / Y
en esta presentación / del libro que nos concita, / un servidor les invita / a
adquirir un ejemplar, / pues en él quise plasmar / pasajes de aquí cerquita.
A empresas, instituciones, / y
también la Sociedad, / muchas gracias, de verdad, / por esas aportaciones. / Sin
dichas asignaciones / posible no hubiese sido, / por ello yo a todos pido: / miren
la contraportada / donde se encuentra signada / la razón del bien nacido.
Te agradezco Noemí, / concejala
del lugar, / la labor de presentar / lo que a escribir me atreví. / Hoy también
te pido a ti, / y a todo el ayuntamiento, / que, aun con pasito lento, / nos
brinden todo el apoyo, / porque salir de este hoyo / supuso fuerte tormento.
A Cristóbal Díaz Tena, / y ya
que hablamos de partos, / por ir agenciando cuartos, / vaya difícil faena. / Pero
ha valido la pena / y por eso fue premiado / –ay, qué chiste más salado– / con
el libro aperturar, / teniendo que prologar / el trabajo consignado.
A veces nos olvidamos / de la
labor de la imprenta, / que parece que no cuenta / cuando ya un libro ojeamos. /
Por tanto a su gente damos / las gracias más expresivas / y a perdonar las
masivas / visitas a La Perdoma… / ya me merezco un diploma / por prácticas
abusivas.
Larga vida a este Casino, / estandarte
de La Dehesa, / la centuria apenas pesa / si se fija buen destino. / Con este
ruego culmino / señores esta misiva, / pidiendo a la Directiva / que prosiga
abriendo puertas, / que se amplíen las ofertas, / en suma, que siga viva.
Y con esta sí concluyo / pidiendo
benevolencia, / agradecer la asistencia / y desde ya me recluyo. / Con la misma
me diluyo / y que el libro sea ahora / esa vena propulsora / del recuerdo, de
la historia, / que se guarde en la memoria / el siglo que conmemora.



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