Fue el pasado 8 de abril cuando la entidad se convirtió en
centenaria. Aunque alguna reseña periodística –base documental primordial en la
que nos hemos apoyado para esta publicación– ya nos daba norte de que al menos
un mes antes existió actividad para celebrar el nacimiento del Casino. Bien
pueden imaginarse la importancia de tal hecho en un barrio eminentemente agrícola y donde el
analfabetismo debía campar a sus anchas.
Ya tuvimos la oportunidad de narrar, hace algo más de dos
décadas, las peripecias habidas en sus primeros 75 años de andadura. En aquel
entonces, los aconteceres sociales estaban aún reflejados en los libros de
actas. Tanto los de las Juntas Directivas como los de las Asambleas (o Junta
General, como se le denominaba antiguamente en base a su Reglamento, hoy
Estatutos). Y fue digno de admirar cómo los sucesivos secretarios fueron
capaces de retratar el devenir no solo de nuestro Casino, sino también del
entorno en el que desarrollaba su labor, pues no fueron pocas veces las que la
Sociedad se erigió en interlocutor válido ante el ayuntamiento en pro de las
mejoras del barrio.
En esta nueva aventura hemos tenido más dificultades, hemos
tropezado con varios inconvenientes. Y no solo los económicos, que también.
Porque –y en el libro queda reflejado tal circunstancia– hubo unos años en los
que la desidia y el pasotismo causó grave mella en la historia reciente. ¿Cómo
desapareció toda la documentación? Ya no me quedan pelos de los que tirarme. Aunque,
afortunadamente, la situación se revirtió y el buque salió de nuevo a flote
para continuar con la navegación. Digamos que fue una avería que se subsanó a
tiempo.
Hemos querido incluir en el libro (Un siglo, que no es poco
– Sociedad Valle de Taoro, 1922-2022) los Estatutos –adaptados a la legislación
vigente– para que en esta nueva singladura cada cual tenga bien claro sus
derechos, pero, asimismo, sus obligaciones, porque la implicación de todos para
el navío llegue a buen puerto se antoja fundamental.
Y entre las numerosas pinceladas que los periódicos
insertaban en sus páginas, dos figuras del barrio ocupan lugar destacado:
Florencio Sosa Acevedo y Sabas Pérez Correa. Ambos son dignos acreedores de
sendos capítulos. Del primero, quien fuera secretario de aquella Directiva que
principió la aventura, junto a su hermano Marcelino, habría que señalar su
amplia y fecunda labor de colaboraciones periodísticas en sus múltiples facetas
de maestro, dinamizador social, político, sindicalista… Del segundo, su
innegable implicación en los eventos culturales y festivos del barrio de Las
Dehesas, sus crónicas desde Cuba, a donde emigró en busca de un mejor porvenir,
y, por último, su incansable trabajo en pro de las mejoras del núcleo
poblacional de Icod el Alto en un pasado, no tan lejano, en el que las
carencias eran más que evidentes.
Y de Vicente Yanes Rodríguez, nuestro poeta local, se estimó
conveniente incluir aquellos poemas que guardaban relación directa con el Casino
y con las gentes del barrio que tan bien retratara en sus mejor logradas
espinelas. Vicente supo dibujar con sus rimas los acontecimientos sociales
(fiestas, veladas, bodas bautizos, defunciones…) con una plasticidad digna de
elogio. Por ello, el más que merecido capítulo que le hemos dedicado.
Entendemos que el libro, amén de su abundante despliegue de
ilustraciones gráficas y su apéndice fotográfico, nos va a servir de referencia
para trasladarnos a una época en que las dificultades y privaciones fueron
suplidas con imaginación y perseverancia, de entrega a causas que redundarían
en beneficio de una sociedad marginada, aislada en medio de plataneras, de los
focos culturales del Puerto.
En honor a todos esos héroes va esta publicación. Falta,
claro, tu inestimable colaboración con la módica aportación de 10 euros. Y para
que ello sea factible, ¿nos vemos esta tarde-noche? Te esperamos.
Quede aquí, igualmente, hecha la salvedad que ya comuniqué a
la Comisión encargada de planificar los actos del primer centenario. Y es la de
que no cuenten conmigo para los del segundo porque voy a estar de viaje.
Previsor que es uno.

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