jueves, 10 de noviembre de 2022

¿Y yo no soy turista?

Tras unos días de ¿bien merecido? descanso por tierras conejeras, volvemos al tajo en vísperas de la presentación en sociedad de una nueva criatura con motivo del Centenario del Casino de La Dehesa. Mañana te daré más información al respecto, aunque ya Diario de Avisos, de la mano de Gabriela Gulesserian, ha tenido a bien publicar una amplia reseña, que puedes leer si pinchas en el siguiente enlace: https://diariodeavisos.elespanol.com/2022/11/sociedad-valle-taoro/.

Saben de mi inveterada manía de viajar por estas islas nuestras tan afortunadas. En las que siempre encuentro algo diferente cada vez que las visito. Y en las denominadas Grietas de Tías –un ejemplo en la foto– no había estado, aunque la de veces que circulé por allí, ni te cuento. Y que no se hallan a mucha distancia del lugar donde suelo alojarme (ver la otra foto). Tampoco visité en esta ocasión aquellos lugares que son de obligada presencia para los que ocasionalmente llegan a la Isla de los Volcanes. El hecho queda reflejado en las décimas de rigor que a buen recaudo se encuentran en el disco duro por si en un futuro… Párate, iluso, optimista, quimérico, soñador y más.

Soy consciente de que nadie va a leer la siguiente denuncia que elevo a quienes puedan tener algún tipo de responsabilidad en el hecho que paso a comentar. Pero si cualquier individuo que se alongue a este blog, o al enlace correspondiente en Facebook, tuviera (o tuviese) la posibilidad de hacérselo saber a la presidenta del Cabildo, a los alcaldes de las poblaciones implicadas, a la guardia civil de tráfico, al delegado del Gobierno, al ministro del Interior o al sursuncorda, le quedaría eternamente agradecido.

Pasé en dos días consecutivos por la carretera que desde Yaiza nos lleva a Tinajo por Timanfaya. En la entrada a las Montañas del Fuego… ¡madre mía! No es que la cola, una vez superada la caseta de acceso, constituya un espectáculo digno de echarse las manos a la cabeza, sino que en la propia vía, la LZ-67, las retenciones desesperan a los que van de un pueblo a otro a resolver cualquier asunto o a, simplemente, dar un paseo. Y tan turista puede ser el uno como el otro. Tanto lo será quien vaya al Islote de Hilario por primera vez, como un servidor, sin ir más lejos, que solamente va en busca de alguna fotografía. Mero ejemplo. Sería algo parecido el que tú cruces Las Cañadas para ir a Vilaflor y debas verte sumergido en una cola desde El Portillo hasta la entrada al teleférico.

Turismo sí, faltaría más. Y bienvenidas las perras que dejan. Pero dentro de un orden. Sin paralizar el resto de actividades. Porque los repartidores de las mercancías necesarias e indispensables para la subsistencia, no tienen por qué verse implicados en el caos. Busquen la manera de habilitar un carril para evitar estos inconvenientes. Y un consejo a los operarios que controlan la entrada al Parque Nacional: no se atribuyan responsabilidades de tráfico, porque no les corresponde. Y se pueden crear muy fuerte problema.

Y ya que estoy, lo suelto: ¿No creen los ecologistas y los acérrimos protectores del medio ambiente que las avalanchas pueden acarrear gravísimas consecuencias en un futuro no tan lejano? He visto y escuchado quejas por otros asuntos que lo mismo no implican derivas tan peligrosas. Yo vuelvo a Tenerife asustado. Lanzarote estaba petado por todas partes por donde quiera que te viraras: Órzola, Jameos, Los Verdes, Playa Blanca, Cicar, Fred Olsen, Romero, Armas, Mercadona, Lidl, Chacón… ¿Sigo? Claro que es bueno el que circulen los dineros. Pero no me vengan con la cantinela de que no dejan (dejamos) nada. Porque yo también fui turista por unos días. Y da un gustito.

Bueno, mañana te contaré algo más del libro. Y te espero a las 19 horas (siete de la tarde-noche; pongo noche porque las tardes no dan para nada).

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