miércoles, 16 de noviembre de 2022

Hilillos que no dejan ver

Debe ser eso: hilos o hebras en los ojos que nos impiden ver con mediana claridad. Reconozco que en los míos abundan. Pero la oculista me dijo que debía acostumbrarme a vivir con ellos. Y así estamos, te olvidas y no los aprecias ni te dificultan la visión. Es más, en el último reconocimiento, salvo las gafas de leer, y excepción hecha de la última línea que te ponen en la pantalla –es la subir nota o la estipulada para alcanzar matrícula de honor– pasé el examen sin mayores contratiempos.

Viene lo anterior a cuento de que o el periodista no acude a las fuentes y bebe en todas ellas o la inmediatez de las redes sociales juega muy malas pasadas. Son tantos los casos en que se llevan a cabo juicios paralelos a los que la Justicia –órgano competente para tal menester– desarrolla en su ámbito de acción, que son demasiados los momentos en que las disculpas deberían hacer acto de presencia. Pero no, se lanza la piedra y se esconde la mano. Se tira barro a la pared y luego si te he visto ni me acuerdo.

Que se lo digan a Blas Acosta, viceconsejero de Economía del Gobierno de Canarias, que fue acusado, en su etapa de concejal de Pájara y administrador de la empresa pública Gesturpa, de los delitos de administración desleal e insolvencia punible, y al que el Juzgado de lo Penal (número 2) de Puerto del Rosario acaba de absolver. Aunque la deriva del fiscal ya se vio reflejada en todo el proceso pues fue rebajando las penas hasta poco menos que admitir que en el caso no había nada, como así ha quedado dictaminado.

¿Serán capaces ahora los acusadores y medios de comunicación en general de poner la marcha atrás y reconocer la metedura de pata? ¿Serán capaces de limpiar cuanta suciedad se esparció? Te contesto con un rotundo no. En lenguaje coloquial: al carajo, Diego, y a otra cosa, mariposa. Por ello no me queda más remedio que coincidir con el planteamiento de Ángel Víctor con respecto a la solicitud de una comisión de investigación en el denominado Caso Mascarillas; dejen trabajar a la justicia. Si el asunto ya se encuentra en tal instancia, ¿qué van a hacer los señores diputados? ¿Reunirse una buena tonga de sesiones para cobrar dietas, hacer el paripé y ponerse delante cámaras y micros a seguir soltando sandeces? De nuevo el sentido coloquial: váyanse al carajo. Los cuatro hilitos de Rajoy cuando el desastre del Prestige, aparte de los percances medioambientales, siguen provocando catástrofes neuronales de complicada calificación.

Y vamos a terminar con algo más distendido. Dice el Dr. Javier Romero Olero, llamado por algunos el sabio de la urología (un servidor con Sánchez Clavero va que chuta), que “conviene palparse los testículos como las mujeres las mamas”. Y como los hombres siempre somos más reacios a comentar con terceros o poner en práctica los consejos médicos recomendados, propongo que ambas acciones –las contempladas en el entrecomillado– se lleven a cabo conjuntamente. De tal suerte, él y ella no pondrán mayores pegas –en principio, salvo algún que otro efecto colateral– a la hora de realizar de manera recíproca la acción de palpar. Tú a mí y yo a ti, por si no me expliqué bien antes.

A perdonar hoy la poquedad, pero es que tuve que hacer. O tuve que salir, que era la disculpa que nos daban los alumnos al día siguiente de faltar a clase. No, yo soy aún más viejo. De cuando había que decirle el lunes por la mañana al maestro a la hora de pasar lista: servidor, fui a misa. Y era preferible arriesgarte a contarle una mentira, antes que decirle directamente que no habías cumplido con el obligado precepto dominical. Sí, señor, la letra con sangre entra. Que nos hemos vuelto unos melindrosos y olvidados lo sacrosantos principios en los que se sustenta nuestra patria. Que somos unos melifluos.

Vale (por hoy).

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