Asimismo, leí anteayer en el Boletín Oficial que determinado
ayuntamiento había iniciado un “procedimiento de funcionarización”. Y la palabra, que me he permitido poner en
cursiva, me dejó patinando. Debe tratarse de un experimento de laboratorio en
el que se introduce en una probeta un individuo (cualquiera se atreve a poner
individua) y tras unas buenas reacciones químicas sale ya el producto
elaborado. Si es con catalizador, más solvente.
Pero una triste noticia me hizo cambiar de opinión. Un
exalumno de aquel excelente grupo que me atreví a denominar como la “quinta del 74” (ese fue su
año de nacimiento) se nos ha ido. Y uno, que estuvo cuatro décadas lidiando en
ese complejo mundo de la docencia, poco dado a exteriorizar sentimientos, acusa
el golpe. Porque 48 parece un número muy alejado de lo que se entiende por normal
en estos trances. Y aunque Pedro no fue uno de los más cercanos en los años
siguientes a los de su vida escolar, no por ello dejo de pensar, en el momento
de la partida, aquellos agradables ratos en los que era aún la Agrupación
Escolar Mixta Longuera-Toscal, con aulas disgregadas por un barrio que crecía a
pasos agigantados. Pero en el que fuimos felices e inventamos muchísimas
actividades extraescolares que en la actualidad se siguen destacando por
novedosas. Incluso dan premios a los docentes en una especie de concurso (como
los de la tele) con mucho juego de las
redes sociales. Echo de menos la moviola.
Y es que son muchas las casuísticas en torno a esta tropa
con la que compartí varios cursos. Fue el primero que me tocó cuando llegué a
La Longuera (venía de San Antonio, en La Orotava) cuando corría 1980. Y cinco
años después, el 31 de enero de 1985, debí abandonarlos porque otras
obligaciones reclamaron mi presencia. Durante ese amplio intervalo, mil
recuerdos que ellos mismos sintetizaron en esa carta de despedida que aún
conservo como oro en paño.
Cuando me llegó la reseña del afligido desenlace, con el
recuerdo de unos tiempos, vividos a tope, machacando el tejido neuronal, no me
resistí y acudí a la carpeta donde guardo mis pequeños –pero, a la vez, tan
grandes– tesoros. No solo la misiva, anteriormente aludida, redactada el día
anterior de mi arribada al ayuntamiento para ocuparme –y preocuparme– de la alcaldía,
sino de otros trabajos, de los que me he tomado la santa paciencia de escanear
alguno para que valgan de soporte a estas pobres palabras que en la presente
ocasión se niegan a fluir como en otras ocasiones. Quehaceres, como el dedicado
al núcleo poblacional de la zona costera de Los Realejos, conservados con los
utensilios del entonces. ¿Se acuerdan de los fásteners? Que la RAE define como
un broche, generalmente metálico, de forma alargada, provisto de dos lengüetas en
las que se introducen papeles perforados para sujetarlos unidos. Pues eso, así están
aún en la susodicha carpeta.
Pedro Cámara expresaba en aquel entonces:
Querido D. Jesús. En
estos años que he estado con usted me lo he pasado muy bien. Aunque no he estado,
como la mayoría de los chicos de clase desde primero, conmigo ha sido muy
bueno. Me gustaría que se quedara dándonos clase hasta el final de este curso
de 5º. También me gustaría que me diera en 6º, 7º y 8º, aunque no es posible.
No me gustaría que se fuera.
D. Jesús, quiero felicitarle y espero que lo pase bien siendo Alcalde. Aunque a
veces se cabrea, dura poco con el enfado, o si está enfadado, cuenta dándonos
clase algún chiste y se le pasa.
D. Jesús ha sido muy
divertido y con él hemos ido a muchos sitios. Me gustaría ir un día de camping
para el monte y quedarnos algunos días allí. Pero con D. Jesús lo hemos pasado
muy bien corriendo el cacharro con todos los chicos, viniendo vestidos de carnaval
a la escuela y caminando por las calles vestidos de disfraces, echando las
cometas y muchas cosas más.
Aunque no hemos hecho
gimnasia, no nos ha importado mucho, aunque en un tiempo estuvimos haciendo y
lo pasábamos muy bien, jugamos a fútbol y a brilé.
En el viaje de fin de
curso espero que lo pasemos lo mejor posible. Hemos ido a La Corona y a muchos
sitios más.
Esta carta no es una
despedida, sino un hasta luego.
El viaje de fin de curso, al que alude Pedro, tuvo lugar al
finalizar ese curso en junio de 1985. Y nos fuimos –sí, yo también– tres días a
La Gomera con el dinero que estuvimos reuniendo desde años atrás proyectando
películas en La Puntilla. En las prefabricadas que nos llegaron, parece ser, de
África.
Creo que procede un encuentro para rememorar andanzas. Así
que si estás leyendo estos párrafos y echando una visual a las ilustraciones y
eres uno de los presuntos implicados, ponte manos a la obra.
Y a ti, Pedro, como hoy hemos intercambiado los papeles,
tampoco puedo decirte adiós, sino hasta luego. Exactamente igual a lo que tu
expresaste en 1985. Y si nos reunimos –espero que sí– allí tendrás tu silla.
Porque tú solo estás de camping o haciendo la gimnasia que echaste en falta.
Nota:
En la foto (La Corona, 5 de marzo de 1982) no se encuentra Pedro. Estábamos en 2º y él debió llegar al barrio en 3º o 4º, no lo recuerdo bien.
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¡Que bonito,maestro! hay que hacer ese reencuentro pronto, antes de que alguien más se nos vaya.
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