Estuve unos días en El Hierro. Con la familia. No tropezamos con Candela Peña, pero flotan en el tranquilo ambiente los recuerdos de la nombrada serie. Los carteles informativos de lugares de rodaje, amén de los diálogos en determinadas escenas –con abundante ilustración gráfica– nos traen a la memoria los episodios en los que Díaz –el platanero de Tacorón– se vio envuelto en varios asuntos turbios.
¿Que dónde me alojé? Mira que eres confianzudo y entremetido
(también entrometido). Pues vale, te lo confieso. En Los Verodes, en La
Frontera. Te los recomiendo nuevamente, porque ya lo hice en ocasión anterior. Y
si el apartamento no es lo tuyo, entra en su web donde encontrarás otras
ofertas. No cobro comisión ni obtengo descuentos ni privilegios por la
publicidad. No seas mal pensado.
Fui en Los Gofiones y regresé en Isla del Meridiano. Da
gusto en la actualidad trasladarte de una isla a otra. Tanto por aire como por
mar. Comodidad y rapidez son características de los medios de transporte
disfrutados en Canarias. Nada comparable con aquellas aventuras en pasadas décadas. Como cuando recalamos en el Puerto de
la Estaca, allá por 1967, en el Santa María de las Nieves, al regreso de un
viaje a La Palma. O en 1970, cuando había que pasar previamente por La Gomera y
aún se encontraba en activo el Viera y Clavijo (uno de los llamados negros),
del que debo conservar en alguna gaveta el billete de 4ª (en cubierta) por un
valor en pesetas con el que ahora no te tomas ni un cortado.
Y si del aeropuerto hablamos, fue en 1980 cuando aquel
Fokker (F-27, creo) de Iberia tomó tierra en aquella pista corta, inaugurada en
diciembre de 1972, y casi revienta los dos turbohélices en su frenada para no
caer por El Tamaduste. Y cómo se movía el caballero en la aproximación. Tanto
que el pasajero que venía a mi lado no hacía sino implorar al piloto que diera
la vuelta y regresara a Tenerife. No, no es que posea memoria prodigiosa, pero
sí la manía de tenerlo todo anotado. ¿Para las memorias? Déjalo estar.
Nada más llegar a casa, la bienvenida de la farola fundida
por enésima vez. Effico, esa empresa a la que Manolo (¿aún sigue Adolfo esperando?)
encomendó el mantenimiento del alumbrado público, sigue empeñada en incrementar
la cuenta de beneficios. En el tramo (calculo que unos 60 metros) de la calle
Benito Pérez Galdós, comprendido entre Alfonso García Ramos y Tomás de Iriarte
(en la urbanización somos todos escritores), solo existen dos luminarias.
Cuando una se apaga –siempre la misma– podemos afirmar con rotundidad que el
50% no funciona. Llamadas a Realserv, la tira. Pero ni los quince liberados
tienen tiempo para nimiedades de tal porte.
Es misma noche, la del 14 de abril –Viva la República–,
parece que el Barça tuvo un tropiezo. El segundo europeo en esta temporada, me
entero al día siguiente leyendo la prensa. Que además me informa, con todo lujo
de detalles, que se debió al exceso de espectadores germanos. Algo que no
comprendo exactamente, porque no veo yo a que en el campo, corriendo detrás –o delante–
del balón, se haya congregado esa multitud. A no ser que el árbitro haya hecho
la vista gorda, que se dice, y hubiese permitido ese desequilibrio flagrante
contra el club catalán.
La prensa, ya se sabe. Y en la deportiva, las hipérboles
(exageración de una circunstancia, relato o noticia) constituyen el pan nuestro
de cada día. Pero lo peor son los comentarios de los aficionados (culés, en
este caso). Aunque me daría tres cuartos de lo mismo si fuesen merengues. O
colchoneros. O periquitos. Porque cuando uno vislumbra lo que alegan ciertos personajes
que se las dan de enterados (oh, fíjate tú que alguno fue concejal), le entran
tremendas ganas de darles una parranda de cachetones y rogarles encarecidamente
que cojan fundamento.
Por último, agradecer al amigo Salvador García que hay
tenido a bien el dedicarme unas palabras con motivo del acto conmemorativo del
Centenario del Casino de Las Dehesas celebrado el pasado 8 del corriente. Y al
estimado Agustín González, director de Diario de Avisos (así como a Gabriela Gulesserian,
corresponsal de la zona norte) el que se haya hecho eco, en amplio reportaje,
de dicho acontecer.
Y dentro de unos meses, un grupo de jubilados celebrará las
Bodas de Oro de la promoción. Lo contaremos, pues pensamos reunirnos en Los Garrafones
para darle fuerte estampido al virus que nos paralizó la comida anual durante
dos años. El muy bergante.
Hasta más ver.
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