Como estaba en El Hierro, no me fue posible asistir al acto de conmemoración del Primer Centenario de la Sociedad Valle de Taoro. O el Casino de Las Dehesas, en Puerto de la Cruz. Que tuvo lugar el pasado 8 de abril. Sin embargo, puse a trabajar el magín y surgieron unas décimas. Lo que me hace recordar el enorme legado que dejó Vicente Yanes y que bien merecería la pena de que fuera recogido en una publicación.
Me alegré sobremanera de que Diario de Avisos se hiciera
eco, en amplio reportaje (a dos páginas), del acontecimiento. Demos, pues, las
más sentidas gracias a su director, Agustín González, y a la corresponsal en la
zona Norte, Gabriela Gulesserian, por el detalle para con el barrio y sus
gentes. Reconocimiento que debemos hacer
extensivo a la actual Junta Directiva, que ha sido capaz de sacar adelante un
proyecto que languidecía peligrosamente. El aspecto remozado de las instalaciones
del Casino dan fe de lo que dejamos constancia. Y a los miembros de la comisión
encargada de organizar los actos de este centenario, a desarrollar en próximas fechas
por el dichoso virus, que no cejen en el empeño. No puedo, asimismo, olvidarme
de Salvador García, maestro de ceremonias en el precitado acto, como tampoco de
los inmerecidos elogios hacia quien esto suscribe. Sus palabras constituyeron
otro buen aldabonazo al devenir social de la entidad.
Vamos con esas décimas:
No le cabe mayor gloria / a mi barrio de La Dehesa, / que el
contar con la grandeza / de un Casino que es historia. / Me vienen a la memoria
/ mil recuerdos de años idos, / varios de ellos recogidos / en vieja
publicación, / que merece revisión / para nuevos añadidos.
Ahora en el Centenario, / es buen momento, quizás, / para ir
juntando más / activos en el muestrario. / En un hecho bien palmario / que un
siglo da bien de sí; / me parece, pues, a mí / que buena labor sería / –mucho
más en este día– / contarles lo que sentí.
Relatarles hoy quisiera / algunos a vuelapluma / e ir
ampliando la suma / “más que sea” a la ligera. / Y vamos con la primera: / Hay
constancia fehaciente / de diversión en la gente, / con danza de madrugada, /
en la fiesta programada / por su primer presidente.
Un cuatro de marzo era / de aquel año veintidós, / cuando
arrancó un barrio en pos / de una fecunda carrera. / En la fiesta que allí
hubiera / –que temprano principió– / toda La Dehesa vibró / con una inmensa
alegría; / algún vítor que se oía / y el baile que entusiasmó.
Pero plasma el documento, / en acta fundacional, / que fue
el pitido inicial, / es decir, su nacimiento, / el celebrado momento / del 8 de
abril cercano, / cuando fueron de la mano / los entusiastas deheseros / que
desbrozaron senderos:/ su trabajo no fue en vano.
La Sociedad se prestó, / desde aquel primer momento, / a
servir de fiel cimiento / a cuanto allí acaeció. / El local siempre brindó /
para números festivos, / amén de a los colectivos / que, con actos culturales,
/ presentaban sus avales, / sugerentes, atractivos.
Las veladas literarias, / un gran realce tuvieron, / porque
cita aquí se dieron / figuras extraordinarias. / Permítanme citar varias: /
Florencio Sosa Acevedo, / su gran valía intercedo; / don Sabas Pérez Correa, /
cuya prosa aún plantea / envidias para el remedo.
Interesante velada / es crónica de Gaceta, / que Ni Pío con
su jeta / nos da cuenta detallada. / Excepcional la jornada / habida aquel seis
de mayo / –del veintiocho, subrayo– / que el Petromax ilumina / aquel acto que
culmina / un largo tiempo de ensayo.
El cronista nos relata / con detalle minucioso / ese
quehacer laborioso / de una juventud sensata. / Según Florencio, se trata / de
progreso, de cultura, / ese valor que nos cura / de la ignorancia supina, / que
es la mejor medicina, / una apuesta bien segura.
Perdonad la poquedad, / pues el Casino merece/ no este vate
que adolece / de excesiva cortedad. / Es normal que ya a mi edad, / este
viejito canario / no se gane ni el salario / con rimas de poca monta; / no
obstante ya el verso afronta / del segundo centenario.
Como habrá más a lo largo del año, seguiremos informando.
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