viernes, 22 de abril de 2022

El heredero

Llegará con la lección muy bien aprendida. Serán necesarios, no obstante, unos pequeños retoques para corregir ciertas posturas en sus poses fotográficas. Algo que deberá corresponder a los responsables de prensa, protocolo y puede que algún otro de la extensa nómina de enchufados en la cosa pública realejera. Y es que esa manía de retratarse con su mano izquierda cogiendo a la derecha –y hay para dar y tomar– ya cansa.

Como el ausente ha pasado a ocupar la categoría de desaparecido total –dentro de poco deberá circular el cartel en el que se reclame la colaboración ciudadana para dar con su paradero– y dado que el nuevo jefe nacional parece no tener a bien –deberá estar entretenido con el pacto de Castilla y León y con las mascarillas de Almeida– señalarle el momento oportuno para invitarle a que tome el camino a seguir en las próximas elecciones de 2023, ahí tiene al sucesor –eso sí lo comunicó ya oficialmente– en un permanente sinvivir.

Como los momentos de expectativa le desesperan sobremanera, se halla nuestro hombre del tingo al tango llevando a cabo un rally fotográfico de tal calibre, que ya no sabe ni cómo ponerse ni con quién debe acompañarse en la instantánea. Nada importa ya que sea la nimiedad más absoluta, ni que el importe de la obra a realizar no sobrepase los cincuenta euros. Como diría aquel alcalde ramblero, esto es un descándalo. Menos mal que está bien preparado, según palabras del incógnito.

Pero tranquilos, estos despilfarros del dinero público poco importan al ciudadano, más preocupado en la hojarasca que en la raíz. Y eso lo saben muy bien los dirigentes. Máxime en un pueblo muy dado a las fiestas. Diera la impresión de que lo superfluo constituye el único motivo de preocupación. Nos roban ante nuestros ojos, pero se les perdona. Si lo hicieran a escondidas sería mucho más grave. El que cada partida presupuestaria conlleve una generosa suma para publicidad y propaganda es lo de menos. ¿Que no llegas a fin de mes? Pues dile a tu estómago que se entretenga dando un paseo por las redes sociales. Y aprovecha para observar cómo medran los ineptos. Basta con saber arrimarse al calorcito. ¿Te pongo ejemplos o corres detrás de los aviones, simplón?

Que vamos a reformar el entorno de la Casa de la Parra porque el dinero primigenio se enterró en una porquería… Aplausos a mansalva.

Que se incrementa la plantilla de la policía local con dos agentes (concurso de traslado: menudo negocio vestir un santo para desnudar a otro), foto con el bien pagado y una purriada de concejales.

Que recaudamos dos mil euros en el Carnaval, parafernalia al canto. Cantidad que llegará a familias –en plural– con dificultades económicas. Ni una pizca de vergüenza con lo que no alcanza el sueldo mensual de un edil. Y otra tonga de concejales en la foto, como si hubiesen sido ellos los donantes.

En fin, ejemplos: todos los que quieras. Y en el de vacunación e identificación de mascotas, te quedas con la duda de si lo serán los dos retratados sosteniendo un cartel con dos perros y un gato. O sus femeninos, que no vislumbré bien las partes pudendas. Como se alude a los animales de compañía, me asaltaron muchas interrogantes.

Y no nos queda nada hasta mayo del año próximo. Chiquita novelería se avecina. Los desfiles de ganado van a ser de órdago. Menos mal que las tarjetas de las cámaras digitales disponen de una sustanciosa capacidad para almacenar. Ocurre esto en los tiempos del gran Juan Dumas y se forra.

Por último: una súplica a los gabinetes de prensa. Estudien bien el perfil de los cargos públicos en los que ponen párrafos (entrecomillados) con supuestas declaraciones, porque chirrían que da pena, penita, pena. Ni jartos de papas bonitas son capaces de manifestar –qué digo, siquiera leer– ese texto. Puesto que como de fotos tratamos, ni aunque la mona se vista de seda… ¿Duro? No, realista.

Sean felices.

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