Es la empresa a la que Manuel Domínguez adjudicó el mantenimiento del alumbrado público en Los Realejos. De la página web de la misma rescato:
Effico es una empresa
creada en Canarias especializada en la gestión, mantenimiento y obras de
alumbrado público e instalaciones eléctricas, así como en los mantenimientos
integrales de grandes inmuebles.
La empresa nació con
el propósito de ayudar a sus clientes, tanto administraciones públicas como
empresas privadas, a mantener y modernizar sus instalaciones y recursos,
ofreciéndoles una amplia variedad de servicios que no dejan de innovar y
adaptarse a las necesidades actuales de la sociedad.
Los motivos por los que el ayuntamiento encomendó la gestión
de este servicio son desconocidos por un servidor, pero como el Partido Popular
–en particular el de mi pueblo– es acérrimo defensor de la empresa privada y
reacio a lo público (desde la educación hasta el caso que nos concita, pasando
por cualquier otra faceta), y dado que –así se comentó en todos los círculos–
los vínculos con los hermanos Soria eran más que evidentes, no me extraña lo
más mínimo tal proceder.
Las cláusulas del contrato, a buen seguro, estipularán mil
maravillas acerca de lo que íbamos a mejorar en este fundamental servicio a la
ciudadanía. La experiencia, no obstante, ha venido a demostrar todo lo
contrario. Para nosotros, los usuarios. Porque para la compañía, y a los
múltiples ejemplos me remito, le ha venido de rechupete el que sigan
fundiéndose las farolas. Que debe ser, por otra parte, buen método para ahorrar
también en casa. Aunque, como contrapartida, te esmoches contra las paredes.
Uno, después de que abandonó la zona baja del municipio para
venir a residir en lugares más fríos (ya se sabe que conserva; ahí tienes el
ejemplo de las neveras y congeladores), hace ya una veintena de años, ha podido
comprobar que las urbanizaciones –y no es culpa del gobierno actual, que
conste– no se ejecutaron con visiones de futuro. Y en la que resido –Los
Príncipes– hay menos luminarias que en un trecho de 100 metros de los túneles
que Casimiro tiene en sus carreteras gomeras.
En el tramo de la calle Benito Pérez Galdós, el comprendido
entre las de Alfonso García Ramos y Tomás de Iriarte (creo habértelo contado ya
el otro día), solo existen dos farolas. Pero una de ellas es alérgica al
trabajo. Me da que se ha contagiado. Sí, porque mi calle es especial en ese
sentido de la holgazanería. Más detalles, por privado.
Estuvo la susodicha, tiempo atrás, más de un mes, sin dar
gongo. Cuando en determinada jornada laboral pasaron los operarios
–equivocados, pero se dieron cuenta– me comentaron –me pudo la curiosidad y
hablé con ellos un rato– que no era la bombilla, sino que andaba mal cierto
mecanismo. Bueno, pero la remendaron y encendió durante una temporada.
No obstante, desde hace unas semanas ha vuelto a las
andadas. Desde que el sol se nos oculta tras las laderas de Tigaiga, se queda
todo más negro que los sobacos de un grillo. He llamado por dos veces al
ayuntamiento. Por cierto, cada vez se parece más el atendimiento a lo que
escuchas en otros ámbitos cuando oyes el majadero mensaje de que nuestras
operadoras están todas ocupadas; llame transcurridos unos minutos. Hasta en
este particular se ha contagiado el consistorio. Sigan privatizando.
Ni el más puñetero (molesto, fastidioso, cargante) caso. Lo
puse en conocimiento de un grupo de la oposición y se me señaló que harían un
ruego oral en la sesión plenaria celebrada este pasado jueves. Debieron
prestarle la misma atención que a mis dos requerimientos.
Como el alcalde sigue desaparecido total, como el resto de
concejales del grupo de gobierno tiene entretenimiento con carreras
automovilísticas y otros cuentos, amén de fiestas de buen ver, lo mismo me mudo
para el Sur, como otros muchos realejeros. Contribuiré a potenciar Arona,
Adeje, Granadilla, San Miguel o Guía de Isora en detrimento de los pueblos de
este Norte.
Felicidades, Effico, por la eficiencia en los servicios. Sigan
con ese propósito de ayudar a los clientes. Estoy muy satisfecho. Mientras, las
empresas municipales, con un concejal-delegado al frente, cazando conejos. O
jugando al dominó.
Nota aclaratoria: Cuando ya tenía redactada, y
programada para su publicación, esta entrada del blog, viene a resultar que
aparece un operario en su camión grúa y arregla la interfecta. Como ello
acaeció solo unas horas antes de que viese la luz (y nunca mejor dicho) este
escrito, pues escrito queda.
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