lunes, 30 de mayo de 2022

Más armas

Hasta los dientes. Contra violencia, más fanatismo. No te gusta, toma dos tazas. Es el parecer –a los hechos me remito– de los United States of America.

Plegados los políticos –casi todos– a los poderosos dictados de los lobbies (grupos de presión: el poder en la sombra), pues sus generosas inyecciones económicas financian campañas electorales, no se recatan a la hora de abogar por armar a los profesores de los centros docentes para que se defiendan ante los ataques de los malos. Como si los virulentos fueran otros.

El siguiente paso deberá ser el que los alumnos se matriculen en la Asociación Nacional del Rifle (RNA) y se habiliten en las escuelas los campos de tiro para los obligados entrenamientos. Asignatura troncal, por supuesto. Nada de optativa. Bueno, ya se hacen prácticas familiares.

Cuánta falsedad en una sociedad tan puritana que demanda prohibir el aborto, pero que se regocija por batir el récord en el acopio de armas de todo calibre y condición. Que pueden adquirirse de manera más fácil que cualquier medicamento en la farmacia de guardia.

No conformes en que existan más que habitantes en el país, se impone el continuar en la dinámica del despropósito. Después de los maestros, tocará el turno a los alumnos. Y todos se sentirán más seguros cuando sientan el contacto del vil metal en sus carnes. Al más puro estilo del Far West. Ese que nos retratara Marcial Lafuente Estefanía con sus más de dos mil seiscientas novelas del oeste americano. Aquellas en las que los villanos mordían el polvo de las praderas y eran retados a duelo para sucumbir ante el revólver del fulano con un certero disparo ente ambas cejas con un Colt 45.

Es lo que se propone Trump y la pandilla de secuaces republicanos. Aunque los demócratas tampoco elevan demasiado la voz antes masacres como la reciente de Texas. Con un Biden a la cabeza que demuestra cada día que la edad impone su ley. No faltará mucho para que se nos quede dormido en medio de cualquier disertación. O que se nos caiga por la escalera del Air Force One.

Este mundo se nos va para el carajo. Y a perdonar el coloquialismo. Pero estos sesgos no pueden ser un buen síntoma. El sistema falla y los cimientos se resquebrajan. La nación que se dice adalid de la democracia en el mundo, se erige en protagonista de las miserias de la humanidad. Cuánta paradoja en este Primer Mundo.

Soy consciente de la dificultad para que se identifiquen con el parecer de un jubilado que no se debe. Pero me chirría la neurona ante planteamientos que rayan la esquizofrenia. Y la sociedad estadounidense se halla sumida en un proceso de locura desmedida. Cualquier atisbo de solución a los conflictos, cada cual más esperpéntica, solo viene a poner la guinda a un pastel envenenado. Es tal el estado de metástasis en el tejido social, que se antoja complicadísima la salida del sumidero. Y las propuestas de resolución, lejos de aliviar los quebraderos de cabeza, solo vienen a incrementar las migrañas.

En unos días, Uvalde será un recuerdo. Los muertos ya descansarán eternamente. El rifle AR-15 sufrirá una total metamorfosis para mejorar sus prestaciones. Cuando, dentro de bien poco, se produzca otro hecho luctuoso, añadiremos nueva muesca y se batirá el récord de afectados en el tiroteo. Pero, tranquilos, será por poco tiempo. La industria armamentística seguirá en franco desarrollo para que los camposantos tengan su razón de ser.

Hipocresía, fingimiento, falsedad… Te quedas corto. Y tanto.

A pesar de todo, feliz Día de Canarias.

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