miércoles, 1 de junio de 2022

Adiós

¿Para qué tanta parafernalia? ¿Era preciso convocar una rueda de prensa para anunciar lo que sabíamos desde hace años? ¿Constituía un secreto para los realejeros que no teníamos alcalde desde mucho antes de su primera mayoría absoluta en 2011? Sí, en 2008 ya fue nombrado secretario general del partido popular en Tenerife. Y aunque este es un cargo sin mayor relevancia en la formación política de derechas, ya se atisbaba en el andar de la perrita ciertas desviaciones hacia esferas superiores y abandono más que evidente de sus responsabilidades para con los habitantes de la Villa de Viera.

Más tarde, en 2012, cuando es nombrado presidente del PP en esta isla, se vuelve mucho más patente la dejadez de sus labores municipales. Vamos, que nos dejaba plantados cada tres por dos. Por lo que se podría afirmar con total rotundidad que de los once años que ha ostentado la máxima responsabilidad en el organigrama municipal (mayo de 2011 a mayo de 2022), no creo se haya ocupado con dedicación absoluta a tan prestigioso cargo ni la cuarta parte de ese periodo de tiempo.

Le ha podido su (legítima) aspiración a seguir escalando peldaños. De nada han valido sus cansinas declaraciones con respecto a que se debía a los realejeros. Porque, sencillamente, la tozuda realidad le pesa como una losa. Y de los grandes proyectos que nos vendía en cada campaña electoral, nunca más se supo. Todo un fiasco. Pasará a la historia –si esta es contada con total objetividad y no por los correveidiles– como un gestor mediocre. Con su visión mercantilista y empresarial, solo se preocupó porque el ayuntamiento tuviese superávit en cada ejercicio económico. La (supuesta) formación académica marcó los derroteros de su administración, se guio por los santos principios de la empresa privada, y tal menester es el menos adecuado para la buena marcha de los servicios públicos.

Se dice que la avaricia rompe el saco. O que más alto subió la palma (y al suelo bajó a barrer). Pero cuando uno se lanza a la aventura basándose en premisas falsas (cómo es posible el recurrir al municipalismo cuando ha sido tu asignatura pendiente), el estampido puede ser de órdago. No, yo mal no le deseo a nadie. Aunque va para un mes bien largo que solicité un vado permanente para mi garaje. Con estas fiestas las he pasado canutas. Y sigo esperando. Pensaba este optimista redomado que era un trámite fácil y sencillo. ¿Es, acaso, otra muestra de que la máquina administrativa no funciona adecuadamente? Y mira que me pidieron papeles. Espero tener más suerte con el siguiente. Lo malo es que todo se pega con los abrazos.

Pues sí, Manolo, maldita falta que hacía tu despedida. ¿Tan ciego estás como para no darte cuenta de que ya habías desaparecido desde ha la tira? Lo siento enormemente por tu red clientelar. Ve buscando acomodo en otras instancias por si los pequeños movimientos sísmicos se tornan terremotos de mayor calado. Y tú sabes que esos ascensos trampeados son como castillos de naipes o de fichas de dominó. O explosiones por simpatía. ¡Ah!, que tú no hiciste la mili, por mucho que hayas jurado la bandera del postureo.

Termino reprochándote lo del hipódromo. Que yo haya tenido que vender el caballo… Eso no se le hace a nadie. Por mucho que digas estar enamorado de Los Realejos  –cómo te podemos creer con tan errática trayectoria– ¿te imaginas esa foto para la posteridad inaugurando el recinto caballar? Al menos te hubieses ido con la satisfacción de haber cumplido con al menos una de tus infraestructuras prometidas.

Y ahora, de verdad, concluyo con un ruego: no sé quién lleva lo del protocolo en la actualidad tras la jubilación de Francis. Pero sería cuestión de que le indicara al concejal de Fiestas que guarde la debida compostura en las procesiones. Porque la boca se le va a desvarar. Eso se deja para un ignorante como yo, pero para un católico, apostólico y romano, va a ser que no.

Bueno, lo dicho: adiós. 

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