Más tarde, en 2012, cuando es nombrado presidente del PP en
esta isla, se vuelve mucho más patente la dejadez de sus labores municipales.
Vamos, que nos dejaba plantados cada tres por dos. Por lo que se podría afirmar
con total rotundidad que de los once años que ha ostentado la máxima
responsabilidad en el organigrama municipal (mayo de 2011 a mayo de 2022), no
creo se haya ocupado con dedicación absoluta a tan prestigioso cargo ni la
cuarta parte de ese periodo de tiempo.
Le ha podido su (legítima) aspiración a seguir escalando
peldaños. De nada han valido sus cansinas declaraciones con respecto a que se
debía a los realejeros. Porque, sencillamente, la tozuda realidad le pesa como
una losa. Y de los grandes proyectos que nos vendía en cada campaña electoral,
nunca más se supo. Todo un fiasco. Pasará a la historia –si esta es contada con
total objetividad y no por los correveidiles– como un gestor mediocre. Con su
visión mercantilista y empresarial, solo se preocupó porque el ayuntamiento
tuviese superávit en cada ejercicio económico. La (supuesta) formación
académica marcó los derroteros de su administración, se guio por los santos
principios de la empresa privada, y tal menester es el menos adecuado para la
buena marcha de los servicios públicos.
Se dice que la avaricia rompe el saco. O que más alto subió
la palma (y al suelo bajó a barrer). Pero cuando uno se lanza a la aventura
basándose en premisas falsas (cómo es posible el recurrir al municipalismo
cuando ha sido tu asignatura pendiente), el estampido puede ser de órdago. No,
yo mal no le deseo a nadie. Aunque va para un mes bien largo que solicité un
vado permanente para mi garaje. Con estas fiestas las he pasado canutas. Y sigo
esperando. Pensaba este optimista redomado que era un trámite fácil y sencillo.
¿Es, acaso, otra muestra de que la máquina administrativa no funciona adecuadamente?
Y mira que me pidieron papeles. Espero tener más suerte con el siguiente. Lo
malo es que todo se pega con los abrazos.
Pues sí, Manolo, maldita falta que hacía tu despedida. ¿Tan
ciego estás como para no darte cuenta de que ya habías desaparecido desde ha la
tira? Lo siento enormemente por tu red clientelar. Ve buscando acomodo en otras
instancias por si los pequeños movimientos sísmicos se tornan terremotos de
mayor calado. Y tú sabes que esos ascensos trampeados son como castillos de
naipes o de fichas de dominó. O explosiones por simpatía. ¡Ah!, que tú no
hiciste la mili, por mucho que hayas jurado la bandera del postureo.
Termino reprochándote lo del hipódromo. Que yo haya tenido
que vender el caballo… Eso no se le hace a nadie. Por mucho que digas estar
enamorado de Los Realejos –cómo te
podemos creer con tan errática trayectoria– ¿te imaginas esa foto para la
posteridad inaugurando el recinto caballar? Al menos te hubieses ido con la
satisfacción de haber cumplido con al menos una de tus infraestructuras
prometidas.
Y ahora, de verdad, concluyo con un ruego: no sé quién lleva
lo del protocolo en la actualidad tras la jubilación de Francis. Pero sería cuestión
de que le indicara al concejal de Fiestas que guarde la debida compostura en
las procesiones. Porque la boca se le va a desvarar. Eso se deja para un
ignorante como yo, pero para un católico, apostólico y romano, va a ser que no.
Bueno, lo dicho: adiós.

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