Llevo unos días escuchándola en el coche. Y cuando lo hago,
me dan ganas de sumar. Verbo que tiene diversas acepciones. Como casi cada
vocablo en español, tan rico en matices, incluso en sus variedades dialectales:
añadir, agregar, reunir en una sola varias cantidades homogéneas; pero también otra
en franco desuso: resumir, compendiar, abreviar una materia que estaba extensa
y difusa.
Y eso, estoy mucho más que difuso, a saber, ambiguo. Entre
Pablo Milanés y tú, estimada Yolanda (Díaz), me van a volver majareta. Porque a
ese maremágnum (muchedumbre confusa de personas o cosas) que se halla,
supuestamente, a la izquierda del PSOE, pretendes tú solita, menuda aventura,
abreviarlo. Y al único que observo con ciertas simpatías es a Íñigo. Los demás,
desde los de Podemos hasta los de IU, pasando por mareas, tormentas y eclipses,
no se recatan en lanzarte dardos envenenados. Hasta de mi pueblo. Con lo que al
licenciado se lo seguimos poniendo a tortilla, más que a huevo. Tanto que no
necesita hacer acto de presencia en los actos festivos para seguir ejerciendo
de sumando. Aunque lo mismo estuviese en Madrid aplaudiendo a rabiar a la
singular Ayuso.
Es que no se pueden sumar ─eso me decía ya el maestro en la escuela de La Longuera en mis
primeros años por las sendas del saber─
peras con manzanas. O no mezclar, como escuché más tarde, churras con merinas.
Y es que en esa panoplia (conjunto amplio y variado de elementos del mismo
carácter) situada à gauche (al menos
de boquilla), me da que existe tal dispersión ideológica como elementos a
componer en esa hipotética adición. Cada cual es un mundo, que se menta.
Cierto es que al PP le salió un divieso (furúnculo, que voy
en plan pedagógico) por la derecha (y ya es difícil), pero como a este pueblo
nuestro (me refiero a la generalidad nacional) se le convence con armas más sutiles
que las del magín (ahí tienes el esperpento de la vuelta del Borbón), cada paso
que se da en el espectro por el otro lado, notable incremento en el voto por la
diestra. Independientemente de corrupciones y desmanes, que se castigan en quienes
deben predicar con el ejemplo y se premia en los que llevan en sus genes portes
y modales de tal guisa. Y no le des más vueltas. A la derecha se le premia y a
la izquierda se le castiga por idénticos motivos, verbigracia, meter la mano en
la talega. ¿O no aplaudieron a rabiar en Sanxenxo?
Ello supone un doble –o triple– esfuerzo, apreciada Yolanda.
Y el convencimiento de la tropa debe ser total. Algo impensable por ahora. Porque
cada cual va por libre. Pregúntaselo a Pablo. Milanés no, el otro. Añade (o
suma) el inconveniente de haber llegado al gobierno sin apenas rodaje previo, y
viene a resultar que en la mayoría de las ocasiones actúan a dos bandas sin
ruborizarse lo más mínimo. O mejor, parecen estar más en la oposición que en el
equipo dirigente. Y en misa y repicando, pues no.
Oye, ya sabes, a mandar. Que una mano todavía se puede echar.
Pero para fiestas, va ser que no. Con las de mi Realejos norteño voy servido.
Oh, fíjate tú que ya solicité un vado porque todos vienen en coche y bastantes
no llegan al recinto del bailoteo, sino que hacen el botellón por fuera de la
casa de inocentes ciudadanos, como es mi caso. Y nos dejan los recuerdos para
que nosotros los llevemos al contenedor. Y eso que por mi zona hay concejales y
asesores. Pero ellos no ven sino… el ingreso de la nómina. Aunque llevo un mes
esperando (por el vado). No pensaba yo que un trámite tan simple requiriese
tanto tiempo. ¿Lo llevará directamente el alcalde?

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