Recuerden ustedes que en la última reforma electoral, no
conformes con los 60 iniciales previstos, se estimó conveniente, por aquello de
los equilibrios interinsulares (lo que se llamaba la triple paridad ya no valía),
aumentar el cupo hasta 70. En esos momentos, doña Carolina Darias, presidenta que
era del Parlamento, declaró a los vientos alisios, bien alto y potente, desde
su ya desvencijado sillón, que el incremento no iba a suponer mayor gasto en el
presupuesto. Diputados (y diputadas) aplaudieron a rabiar la buena nueva. Se
imponía la sensatez y al pueblo canario no se le podía cargar con un euro más.
¿Se habrán bajado el sueldo? ¿Suprimieron dietas y
prebendas? ¿Cogieron la guagua en vez del taxi? ¿No permitieron duplicidades en
los cargos? ¿Se dedicaron exclusivamente a las tareas legislativas? ¿Trabajaron
de lunes a viernes, 8 horas diarias, como todo hijo de vecino?
Déjate de preguntas imbéciles, aterriza y… claro que nos ha
costado el enjuague unos buenos cuantos céntimos. Y ahora la guinda. Debemos
renovar los escaños porque con el
transcurso del tiempo y su uso continuado los sillones se encuentran
deteriorados, y además es necesario que reúnan condiciones de comodidad y salud
adecuadas para un uso prolongado de horas. Manda aquello y lo otro. Los han
desgastado con tanto movimiento en busca del móvil. Y contentos que debemos
estar los canarios por la rebaja habida. Te explico:
El presupuesto base de la licitación era de 2.000 euros por
sillón, hasta 170.000 euros o 181.900 sumado el IGIC, pero finalmente la adjudicación
ha sido por 105.283,72. La contratación incluye un sillón para la presidencia
de Mesa del Parlamento, once sillones para los miembros del Gobierno de
Canarias, 69 sillones para los diputados, dos sillones para el secretario
general y el adjunto a secretario general y dos sillones de repuesto para los
diputados.
Normal. Si tu en el coche llevas rueda de repuesto ante un
posible pinchazo, ¿cómo no íbamos a tener unos sillones en el almacén por si
algún culo inquieto (tipo Román Rodríguez o Australia Navarro) hiciera saltar
un muelle? Que todos no son tranquilos y relajados como el de Juan Manuel
García Ramos, al que podría durarle unas cuatrocientas legislaturas. O más.
Sí, señor, 1238 euros por cada uno de los culos
parlamentarios. Con sus remates y acabados de primera calidad y acordes con el
entorno. Lo de sostenibles, ecológicos y preparados para el cambio climático,
se les presupone. Vamos, a prueba de bombas. Fétidas o no, a la consideración de
cada cual.
Viven en otro mundo y no le des más vueltas. Se encierran en
una burbuja y allí, al calorcito, piensan que el resto de mortales es imbécil
de solemnidad. ¿Cómo íbamos a permitir que el diputado Domínguez, verbigracia,
se fuera a sentar a partir de hoy, 8 de junio, en una cuasi silla de tijera?
Tan prodigioso trasero requiere la dignidad que se merece. Y no puede, bajo
ningún concepto, ser depositado en cualquier sitio.
El que yo compré (que no me regalaron, como a ellos) hace un
tiempo no llegó a cien euros. Tampoco había para más. Y tuve que abandonarlo
por una silla normal porque me dolía la espalda. ¿Podré solicitar que me
regalen uno de los que van a tirar a la basura? Sería todo un honor para mi
culo. Lo mismo se arregosta.
1238 euros, ahí es nada. Lo que muchos no ganan en un mes.
Pero tengo que dejarlo, porque lo mío es pura demagogia. No obstante, ¿conoces
si alguno de los 70, más los consejeros gubernamentales no parlamentarios,
elevó su voz para protestar por el despilfarro, al considerar que lo mismo ese
dinero le venía mejor a cualquier colegio u hospital para su equipamiento?
Calladitos como un tuso. No hubo oposición. Igualito que cuando se fijan sus
emolumentos.

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