viernes, 10 de junio de 2022

De obediencia canaria

Después de su tropiezo con la justicia, y me imagino que tras haberlo reflexionado durante todo este tiempo, Alberto Rodríguez  piensa presentarse de nuevo a las elecciones. Lo hará, según manifiesta, por un partido de obediencia canaria. Deduzco que sus relaciones con Podemos han saltado definitivamente por los aires y de ahí que haya decidido dar este paso. Nada que objetar. Mayorcitos somos y allá cada cual con sus emprendimientos. Pero este hecho me hizo recordar a José Carlos Mauricio, quien iniciara su andadura en el Partido Comunista (se le llegó a calificar como delfín de Carrillo) para desembocar en Coalición Canaria con aquel invento llamado ICAN. Por cierto, también fue condenado al menos en dos ocasiones por conducir sin el correspondiente permiso.

Eso de la obediencia canaria creo haberlo escuchado con anterioridad. Así que muy original no es la idea del exdiputado. Al que le deseo, sin embargo, toda la suerte del mundo. Lo cortés no quita lo valiente, y aunque no piense darle mi voto, siga usted en el noble empeño. Pero no aluda constantemente a los sesenta mil obtenidos en las anteriores elecciones generales, al menos hasta que pase la siguiente cita, no sea que se percate de que el apoyo o sostén de una formación política es fundamental. Y si los repitiese o llegase a incrementar, no dudaré jamás de su enorme valía personal.

Vamos otra vez con los sillones de sus señorías. Los de los dos mil euros que se quedaron en mil doscientos y algo. Porque sigue el asunto dando juego. Tanto que ya algunos intentan poner la marcha atrás. O jalar (está en el diccionario), como mínimo, por el freno de mano. No creo que lo hayan hecho por lo que escribí hace dos días, porque a un servidor no lo lee ni el tato. Pero como entiendo que la idea de la licitación debió partir de la Mesa del Parlamento (¿o fuiste tú solo, Gustavo?) y ahí se hallan representados varios grupos parlamentarios (socialista, nacionalista canario, popular y el de Román), no sé a qué viene ahora la llorona de Clavijo o la perorata de Vidina –cómo siga saltando se va a pegar muy fuerte talegazo– aludiendo a lo mal que lo pasamos los canarios y tal y cual. Falsos e hipócritas. Pero el demagogo soy yo.

Chiquitos patinazos va dando el nuevo líder popular. Feijóo creyó que era aterrizar y miel sobre hojuelas. Pero la cruda realidad se impone. Y nuestro hombre no sale de una para meterse en otra. Acostumbrado a su mayoría absoluta en Galicia (a Manuel Domínguez le va a ocurrir tres cuartos de lo mismo, ya lo verán) tendrá que aconsejar a quienes escriban sus discursos que procuren escuchar antes las noticias. Porque poner en solfa algo conseguido minutos antes (la excepción ibérica limitar el precio del gas en el mercado mayorista de la electricidad mero ejemplo) no juega muy a favor de su valía. Y como los ciudadanos estamos hartos de tanta mediocridad, ¿para qué seguir poniendo guindas en el pastel? ¡Ah!, por cierto, cada componenda para ocupar asiento en el Senado, solo viene a confirmar su completa inutilidad. Cuánto dinero despilfarrado.

Mañana nos iremos a Los Garrafones. ¿Quiénes? Los componentes de una promoción de Magisterio. Vamos a mojar el gaznate con la celebración de las Bodas de Oro. Ya te contaré. Somos así de sencillos. Nada de Casinos y/o Clubes de alto copete (nobles o linajudos). Nuestras humildes posaderas no requieren los sillones arriba mencionados. Donde haya una buena silla victoriera…

Y acabo con un consejo: A ti, anónimo, que pretendes aprovechar mi blog para arremeter con tus comentarios contra la A.F. de Higa, ten valor y pon sobre la mesa tus ocultos intereses. Pero con nombre y apellidos. No te escondas tras máscara alguna. Si tan importante te crees, da la cara. Las diferencias, de haberlas, se dirimen de frente y no aprovechando coyunturas de medios ajenos. Y menos pretendiendo utilizarme como coartada. Cobarde.

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