lunes, 13 de junio de 2022

Más de 1200 kilos

¿Son libres las opiniones, no? Vale. Es que en la sesión plenaria en la que se despidió Manuel Domínguez, a alguien del público asistente no le gustó la intervención de una concejala de la oposición y se lo reprochó a voz en grito. Pues mire usted, gracias a esta democracia –todo lo imperfecta que quiera– puede ella manifestar lo que entienda pertinente y algún otro interrumpirla con tintes maleducados evidentes. Entenderá que lo contrario, el decir todos que sí, bwana, sería servilismo en estado puro. Y cuando, además, se aprovecha la ocasión para seguir con la cantinela de que ha sido lo mejor de lo mejor y que nunca jamás saldrá otro como él, pues arráyese un millo. O dos. Cuánto historiador desperdiciado. Pero vaya un consejo. De viejo, por supuesto. De lo otro, más bien nada. Antes de lanzarse a la aventura de proclamar aseveraciones de tanto calado, procure pasar antes por el archivo y no quedarse con lo inmediato, so pena de hacer el más espantoso de los ridículos. Dar fe del hoy sin conocer el ayer, hasta un parvulito de cuatro años.

Me alegro de que a partir de ahora el BOP vaya a descansar una temporada. Y al ausente definitivo, mis deseos más fervientes de que comience su nueva andadura con idénticos mimbres a los del gallego, es decir, metiendo la pata en asuntos de índole económica de manera tan evidente que pareciera que el cargo le viene demasiado ancho. Y de preámbulo, vale por hoy.

El carnaval de verano –bien criticaron el portuense– ya tiene reina. Y yo sigo sin entender nada. Porque no sé qué se premia en estos concursos. Si a una joven alegre, cantarina y simpática o a una carreta que debe ser arrastrada por el escenario no sin grandes esfuerzos, tras muchas horas de gimnasio y con el auxilio de varias ruedas que faciliten la tarea.

Establezco la oportuna asociación de ideas y me voy a cualquier evento de arrastre de ganado. Y me acuerdo de la corsa y de los sacos. Y del guayero (o boyero). Al igual que se clasifican las vacas en tres categorías (3ª, 2ª y 1ª, porque arrastran, respectivamente, 6, 7 u 8 sacos), se debería en nuestro caso hacer algo parecido, en función de los kilos del armatoste.

Escribíamos hace unos días de los más de mil doscientos euros que nos iban a salir los nuevos sillones del Parlamento. Y ahora resulta que me entero de que una de las carretas, perdón, trajes, superaba, asimismo, los mil doscientos kilos. Tanta presión ejercía esa masa ingente, que el pobre piso del escenario no aguantó y se desfondó. Claro, cuando la rueda se metió en el bache, poco faltó para ponerle un motor al susodicho y tracción 4x4. ¿Te imaginas los esfuerzos de la pobre chica para salir del atolladero?

O ponen un límite a estos excesos o el invento puede acabar muy mal. Ya propuse años atrás que colocaran esos artefactos como si estuviesen en una exposición y cada candidata al lado. Que se tomen los miembros del jurado todo el tiempo necesario para las inspecciones adecuadas. Y que emitan un veredicto sin necesidad de someter a las aspirantes a semejante sacrificio. No hay derecho. Eso es maltrato. Animal, sí, pues mucha racionalidad no le veo yo a este acto carnavalero.

Y menos mal que el ingenio de marras fue aligerado entre 100 y 150 kilos. Vamos, sometido a un régimen intensivo de adelgazamiento. Que si no, ni un toro de primera.

Como el ayuntamiento de mi pueblo realizó al día siguiente un despliegue informativo sin  precedentes por el éxito de candidatas y diseñadores de nuestra villa, qué puedo añadir yo: bastante que me alegro.

Uno debe adaptarse a los tiempos. Pero en este particular nos estamos quedando desfasados. No me llamen traje a estas carrozas engalanadas. Máxime cuando las candidatas salen al escenario bastantes ligeritas de ropa. Ya que de fantasías hablamos, rómpanse los cascos pensando. Y ya que tanto se lucha por la igualdad, ¿favorecen estos concursos? Ahí lo dejo. Eso, disparen al mensajero. Pero una tonelada y cuarto se me antoja mucho peso. Miré la ficha técnica de mi fotingo y me indica unos dos mil kilos. Y me pregunté si sería capaz de arrastrarlo. Ni en bajada, tú.

Del desarrollo de la gala y de los presentadores: no entiendo. ¿Y de lo que escribiste?: tampoco. Conclusión: progreso adecuadamente.

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