Teloneros fueron Los
Cebolleros de Gáldar, acompañados por un cuerpo de baile de otro grupo de la ciudad
de Telde. No es la primera vez que me manifiesto en contra de estos arreglos o
componendas y me temo que esta tampoco vaya a ser la última. En el festival de
las islas de mi pueblo estamos también acostumbrados a estos enjuagues. Y lo
digo con toda rotundidad: Eso es un insulto a los grupos, con cuerpo de baile,
que se lo curran durante todo el año y que se ven discriminados con estos
hechos. Si este tipo de espectáculos va dirigido a parrandas con unas
características determinadas, no están abiertos a los que no cumplan con esos
requisitos. No parece serio y riguroso observar cómo grupos compuestos solo por
hombres acudan a estos festivales haciéndose acompañar por cuerpos de baile que
se desgajan de sus formaciones originales. Vamos, que vienen de prestados. No,
no y no. Cada uno en lo suyo.
Junto a lo expresado párrafos atrás con respecto al Festival
Arautápala, ha sido una constante en mis escritos: los chanchullos no me
gustan. Destaco, asimismo, que en esa edición se hizo entrega de la Cachimba de
Plata a Isidro Pérez Brito, quien desde
su atalaya de Radio Realejos ha llevado a cabo una labor encomiable en pro de
la difusión de las tradiciones canarias. Con sentida emoción subió al escenario
a recibir de manos del presidente, Benito Rodríguez, la placa que certifica el
acuerdo adoptado. Y en sus palabras, con voz entrecortada por el recuerdo de su
hermano Damián, la defensa de lo que ha venido haciendo en estos veintitantos
largos años y la promesa de continuar en la brecha para que nuestro acervo no
quede relegado a la memoria de los viejos. De ahí, asimismo, esa
interesantísima fonoteca en la que personajes entrañables dejaron archivados
sus pareceres. Una fuente de conocimiento inigualable, fruto de centenares de
programas y que las nuevas tecnologías, junto a una labor de recopilación sin
parangón, han hecho posible que muchos actores de lo cotidiano, y que yo me
permito personalizar en la figura de Manolo, el marqués, permanezcan con todos
nosotros.
Eso dijimos y eso mantenemos. A pesar de sesgadas
interpretaciones, equívocos o mesturas (acción y efecto de mesturar: la mestura
de gofio de millo y trigo es la que más se consume). Allá cada cual con su
conciencia. Terminábamos esa crónica de esta guisa:
Siempre tiene uno la
oportunidad de saludar a la gente con la que compartió alegrías y sinsabores
durante una larga época. Y aunque vaya a cumplirse una década –cómo pasa el
tiempo– de que colgué el instrumento –por qué te ríes–, es motivo de alegría
estos encuentros. Porque el cariño permanece por arriba de cualquier otra
circunstancia adversa. Mi apoyo incondicional a esa maravillosa labor que
realizan y la sentida lástima de que la maldita crisis haya cercenado tantos
proyectos y cerrado demasiadas puertas. Cuánta pena siento de aquel Arautápala.
Y qué feliz sería de que se estudie la posibilidad de recuperar un gran
espectáculo, con la inestimable colaboración de Teatruva, que llevaba por
título Navidad viajera.
A Higa, mi eterno reconocimiento. A pesar de los tropiezos y
las incomprensiones, adelante. A seguir margullando. Del libro de los 25 años
furrunguiando:
Nacimos de tradición /
en las noches perdomeras, / cantando con ilusión / para dar la buena nueva.
Y desde aquellas navidades de 1979 (aunque se toma como
punto de arranque el 14 de febrero de 1980, primera actuación ante el público
del barrio orotavense de Cañeño, hasta el día de hoy, aquel grupo de Lo Divino,
bautizado inmediatamente como San Jerónimo, y rebautizado años después como
Higa, continúa en la brega. Bastante que me alegro.
¡Ah!, también estuvo Teatruva, a cuyos componentes conozco
desde ha la tira. Y son buenos, coño. Ya está, no vayamos ahora a ponernos “sementales”,
que bastantes hebras pululan por ambos ojos.
Felicidades a todos. Y que las ediciones venideras no me
cojan con más virus. Hasta más ver.
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