lunes, 6 de junio de 2022

Continúan margullando (1)

No pude asistir al festival anunciado en el cartel adjunto. El bicho me encerró en casa. Y como me quedé con la magua, recurrí a entregas anteriores. Algunas en Pepillo y Juanillo (tres: 6 de mayo de 2013, 12 de mayo de 2014 y 31 de julio de 2015) y una cuarta en Desde La Corona: 5 de junio de 2017. Que esta manía bloguera viene de lejos. Y lo de escribir, ni te cuento. Me da que sin ir a la escuela de don Andrés, en La Longuera, ya me rondaba la idea por la cabeza. Así se me cayó el pelo pronto. Lo mismo se chamuscó y no me di cuenta. Menos mal que ahora suelo usar sombrero.

A pesar de mis ausencias y retiros, presumo de seguir teniendo grandes amigos por esos Pagos de Higa. Incluidos los que recibieron el “cachimbazo”. Ellos me entienden, y yo también. Por ello, y no es poco, me apetece volver a margullir. O margullar. Así es que recuerdo el primer encuentro de Margullando tierra adentro. Tuvo lugar el 4 de mayo de 2013 en la Sala Teobaldo Power, en la Villa de la Orotava. Dijimos –escribimos– en aquel entonces:

Este pasado sábado tuvo lugar el citado encuentro en un ambiente cargado de emotividad, y en él pudieron escucharse versiones –de aquí y de allá, de allá y de aquí– de los aires más tradicionales de nuestro acervo cultural. En una sala con una considerable asistencia de público, tuvimos la oportunidad de pasar ameno rato y de platicar un fisco con muchos que nos honran con su aprecio y simpatía.

Margullando tierra adentro nació como un proyecto a realizar en Puerto de la Cruz. Pero no pudo ser. Y el colectivo que preside Benito quiso rescatarlo para esta ocasión. Ojalá se perpetúe y podamos seguir siendo partícipes del acontecimiento…

Aquella idea original –de la que fuimos cómplices, pues uno también formó parte de “la rondalla” durante varios años– sigue en pie. Y a pesar de los lógicos avatares que todo colectivo sufre en su devenir histórico, nos satisface que aún perdure y que ahora en la Sala Francisco Álvarez Abrante, del barrio de La Perdoma (¿se le pegará algo a nuestro Cine Viera?), contando con la presencia de grupos invitados (en aquella primera ocasión los conejeros de la A.F. Guanapay, y ahora los vecinos de Maxorata), permanezcan en el recuerdo, mezclados con los aires típicos de nuestra tierra, estas mal hilvanadas líneas:

Margullar. Margullir. Son canarismos procedentes, como otros muchos, del portugués. No olvidemos que Canarias, encrucijada de caminos en medio de la mar océana, punto de encuentro de tres continentes, ha sido receptora, y al tiempo difusora, de costumbres, tradiciones, en suma, de cultura.  Aquí, en Puerto de la Cruz, lo entendemos como “nadar por debajo del agua”. Y cuando éramos más jóvenes, competíamos para comprobar a quien le aguantaba más la caja del pecho, como dijera el gran Pepe Monagas, ese personaje entrañable de las obras del escritor grancanario Pancho Guerra.

La Agrupación Folclórica de Higa procede de tierras de buenos vinos. En las que también se margulla la viña. Porque ese extraño vocablo de margullar o margullir que ha hecho posible el título de este espectáculo, también significa acodar, término que sí recogen los diccionarios al uso en el sentido de meter debajo de tierra el vástago o tallo doblado de una planta sin separarlo del tronco o tallo principal, dejando fuera la extremidad o cogollo de aquel para que eche raíces la parte enterrada y forme otra nueva planta.

Dos años después, en 2015, y con un grupo de lujo invitado (el granadino Coros y Danzas de Baza), teníamos la oportunidad de plasmar estas líneas:

Allá por mayo de 2013 utilicé este mismo titular para comentar el arranque de este acontecer (esta es su tercera edición) con el que Higa pretende paliar en parte la pérdida de aquel excelente festival internacional de folclore que bajo el paraguas de Arautápala nos concitó en el mes de julio hasta que algo llamado crisis fue tabla de salvación para que muchos ayuntamientos, también el villero, se bajaran del carro y dieran al traste con un proyecto preñado de ilusión, ganas y sacrificio.

Un servidor piensa que este Norte tinerfeño, y no solo La Villa, se merece que ese desaparecido Festival Internacional de Folclore vuelva a ser retomado. Y que don Francisco Linares, quien sigue siendo alcalde, se erija en su valedor. Pero con una condición: siguiendo al pie de la letra el espíritu recogido en la exposición de motivos del proyecto que Higa le presentó en solitario. Era, y debe ser, un encuentro para grupos con cuerpo de baile. El intento de contentar a los que posteriormente subieron a la guagua incumpliendo los requisitos, solo sirvió para desvirtuarlo. Ni lo potenció ni lo perfeccionó, más bien todo lo contrario. Y si alguien se siente aludido, que me invite a un buen almuerzo –no me gusta la carne de cabra– para desfacer entuertos, o aclarar dudas. Las vueltas de la vida, que se dice, me han demostrado que años tengo bastantes, pero obsoleto… me da que no. Y como dice Calero: que yo tengo mi tino.

(finalizamos mañana)

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