Tras el veto que impuse a determinadas emisoras del
amplísimo espectro audiovisual, cuando voy en el coche suelo sintonizar la
Cadena Ser. Creo haberlo manifestado en anteriores ocasiones. Pero, a decir
verdad, los momentos son cada vez más escasos. Ya uno cumple años, de manera
inexorable (pero afortunadamente), y los periodos de conducción son cada vez
menores.
Cuando voy a caminar –siempre por la mañana, o con la fresca,
que decíamos años atrás– y en el tramo desde mi casa al lugar de partida para
el recorrido de turno, me suele coincidir con la que se encuadra dentro del Hoy
por Hoy (La Portada), de Juan Carlos Castañeda; de ocho y media a nueve, para
ser más exactos.
Y, como me caracteriza la sinceridad, debo declarar
solemnemente –si lo desean bajo juramento– que de igual manera que oigo cada
vez menos El Tajaraste, porque Puchi Méndez se ha empeñado en hacerse la
graciosa y ya da de cara, por estrictas razones de salud mental me tendré que
habituar a escuchar música solamente, que ofertas hay a punta de pala.
Debaten los mañaneros oradores de economía, de transición
ecológica, de política territorial, del sexo de los ángeles, de los embarazos de
las pájaras canarias o de la mismísima madre del cordero. Y como uno no entiende
gran cosa (osado de mí, nada de nada) de tales cuestiones, se traga las peroratas
pensando a pie juntillas que aquello es palabra de Dios.
Pero hete aquí que ayer hablaban de educación. Y mira tú que
un fisco sí que domino el particular. El haber ejercido algunas décadas de maestro
de escuela, quiéranlo o no, te da cierta perspectiva para enfocar el asunto con
mejor criterio que los esgrimidos por los que escuchaba.
El anuncio de la consejera de Educación, Manuela de Armas,
con el compromiso de incrementar el número de docentes para el próximo curso,
provocó tal suerte de sandeces y disparates en los que emitían, urbi et orbi,
sus doctas proclamas, que a punto estuve de estallarme bajando el Callejón de
Los Cuartos. Eso no sirve para nada mientras no se incremente el número de
aulas en los centros, sostenía uno de los intervinientes. Mientras, otro
disertaba acerca de la precariedad de instalaciones y medios en determinados
lugares.
No conformes con seguir nadando en una piscina sin agua,
arremetieron contra la jubilación a los 60 años, cuando este gremio no está, a
esa edad, desgastado por el esfuerzo físico. Como el de un tertuliano, pensé yo
de inmediato. También se adentraron en disquisiciones de ratios y superficies.
Y de leyes y normas. Y poco les faltó para meterse en un aula e indicarnos cómo…
Chacho, chacho.
Y cuando aparqué para comenzar el pateo, los pitidos de las
señales horarias funcionaron como la campana en el boxeo, porque ya estaba
medio grogui. O entero, ante tanta eminencia. Van a lograr que me sume a la pléyade de la desafección. Y que aquellos (tertulianos) que se preparan los temas para sus intervenciones, acaben por mandarlo todo para cierto sitio. A lo peor ese con el que ustedes...
Algo parecido está sucediendo con el borrador del Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional del
Teide. Madre mía. Cuánto enterado. Y como las elecciones están a un año vista,
¿quién no se sube al carro del populismo?
Vamos a ver, lumbreras, si soy capaz de poner algo de
cordura. Para elaborar un documento habrá que empezar con algo. Que se
discutirá cuanto menester fuere para alcanzar los consensos pertinentes. Porque
el Parque deberá ser protegido, ¿o no? ¿Están todos de acuerdo que no podrá
haber barra libre? Vale. Las restricciones son necesarias. Que son excesivas
las que recoge este borrador, pues
mire usted, hablando se entiende la gente. Pero convocando comparecencias,
ruedas de prensa, armando mucho ruido en radio y televisión, corriendo detrás
de los periodistas para que te den chance en las páginas de los periódicos y
perdiendo el culo –con perdón– para que el volumen de la bulla alcance el tope
máximo, solo nos abocará a que el deterioro continúe. ¿Hasta cuándo? ¡Ah!,
hasta que los tertulianos den con la clave. País. O nacionalidad.

Está exacto profe. Muy pero que muy bueno.
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