Me puse en el lugar de cualquier ciudadano que pretende
llevar a cabo unas reformas en su casa y se dirige a la Avenida de Canarias
para que le expidan el adecuado permiso. Si lo que pretendía es hacer una
habitación en la azotea para dejársela a un hijo que se va a casar, me imagino
que se lo concederán cuando su nieto (hijo del pretendiente al cuarto de
marras) supere la prueba de la EBAU. Si de una obra mayor se tratase, supongo
que se deberá esperar a que entre la corporación del mandato siguiente. O la
posterior, vaya usted a saber.
Yo no creo que los retrasos sean debidos, única y
exclusivamente, a que los funcionarios no cumplen con el trabajo encomendado.
Recurso fácil, y demagógico, para buscar culpables de manera cómoda. El problema,
a mi modo de entender la cuestión, radica en que existen dos ayuntamientos: el
de toda la vida y el paralelo de los políticos. Como cada grupo de gobierno
libera a toda la tropa, y a cada uno de ellos debemos adherirle uno o dos
asesores, es tal el conglomerado que deambula por pasillos y despachos que allí
no se aclara ni Dios.
El funcionario se las ve y se las desea porque no sabe a qué
atenerse. Y como cada concejalito le va con su particular rollo, se le
amontonan los expedientes sobre la mesa. Después le vienen los tenientes de
alcalde e instan a que dejen lo que están haciendo, puesto que lo suyo es más
urgente. Y menos mal que el anterior alcalde no estaba nunca, que si no –por
pura y elemental lógica– más cacao aún. O, a lo peor, debían esperar todos, los
unos y los otros, a que diera el visto bueno en sus esporádicos retornos.
Esos son los mismos que después ven cada hora pajas en ojos
ajenos, verbigracia entidades de rango superior. Cuando el sufrido
contribuyente exige que le informen del punto en el que se halle el trámite,
que si poco personal, que si no dan abasto, que si el de más arriba no permite
más contrataciones, pero jamás un examen de conciencia en profundidad. La culpa
siempre es del otro. Y tú, a joderte sin remisión.
Cuando escuché a Noelia –que pasará a ser, me imagino, la
segunda de a bordo– cantar las excelencias de la gestión del grupo popular con
esta aseveración: Todos y cada uno de los realejeros piensan que has sido el
mejor alcalde (cuando Manolo se fue; ay, qué risa, si nunca estuvo), me dije
que la ignorancia es muy atrevida. ¿Desde el año 1979 o desde 2011? Porque la
perspectiva cambia radicalmente. Si se refería al cómo se lo han montado con
sus campañas publicitarias permanentes, no me queda más remedio que darle la
razón. Si hacía alusión a besos, arrumacos y paseos, también. En realizaciones
y hechos constatables, me da que no.
Como el Portal de Transparencia solo mide boberías, los
primeros en cada ítem. Pero si la gestión debo calcularla por la rapidez de la
más simple diligencia –un vado, por ejemplo– guárdenme un par de curieles
machos.
Esto me ocurre porque soy un impaciente. Y como he sido
siempre exigente en cualquier labor emprendida, pienso que van a actuar conmigo
de igual manera. Como no me presto, además, a que me pasen la mano, me
acaricien el lomo o me den un abrazo, así me va.
¿Tú crees que alguien me leerá y se podrá desatascar el
expediente? Si así fuera, y un servidor se enterara, el cabreo sería monumental
y lo mismo le estallaría la placa en la cocorota del primer político con el que
me tropezara.
Mientras, bien prestos (apenas 15 segundos) han estado para
llenar el Boletín Oficial de la Provincia (número 73, del 17 de junio de 2022)
de anuncios con resoluciones de la alcaldía para nombramiento (ratificación) de
asesores, secretarios, administrativos, auxiliares, jefe de prensa, director de
seguridad y emergencias (el bien pagado)… Si es que ya no caben, con lo que los
funcionarios no podrán teclear porque tropiezan…
Bueno, esperaré otros dos meses –julio y agosto– y en
septiembre… Optimista, que eres un optimista.

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