No contento con superar, y con creces, los maratones
fotográficos de Manolo, nos llega Adolfo y todavía no se ha sentado, sino
cuando fue a visitar a Linares en La Villa. Dicen que van a coordinarse. Pues
les doy ideas: cementerio comarcal con crematorio, recogida de residuos
sólidos, abasto de agua a domicilio, seguridad ciudadana (Guardia Civil,
Policía Nacional, Bomberos, Servicios del Voluntariado…) un recinto ferial con
auditorio… y transcurridos dos años de su implantación, consulta popular para
decidir la creación de un solo municipio: Valle de Taoro.
A lo que iba. Qué listos son (creen ellos), pero qué dados
al plagio, amén de rateros (comprobamos nosotros). Raro es la sesión plenaria
en la que no rechacen propuestas ajenas. Siempre con idénticos argumentos: o
estamos en ello, o no procede o mutis por el foro (y por el forro).
Indefectiblemente, pasados unos meses –tiempo prudencial– surge la magia
popular y se inicia un periplo fotográfico por el pueblo, en el que se ven plasmadas
–oh, casualidades del destino– aquellas ideas ajenas –qué digo, osado de mí,
propias, muy suyas– muchas de ellas llevadas a cabo por ‘cuatro perras’. Pero a
menor importe, más número de concejales en la instantánea.
Tocó ahora, en este último año de mandato, el consabido
piche y adecuación de solares privados para reconvertirlos en flamantes –aunque
de juguete– párquines públicos. Ahí pueden ver ustedes retratados al señor
alcalde con la concejala de los vados. A la que debo entregarle un plano
acotado del estado final de la acera… y un churro. Que vaya la solicitud al
carajo. Si no hubiese tanto enchufado, quizás se podría contratar un técnico
(aparejador, verbigracia) para que viniera personalmente a ver cómo está la
susodicha –al menos en idénticas condiciones a la de los felices vecinos de mi
calle que ya tienen la placa– sacarle una foto –que tanto les gusta– y licencia
al canto. O denegación, si no procediese por incordio. Porque si yo soy el que
debe encargar a profesional competente para que me signe las cuatro rayas
pertinentes y le sumo el valor de la placa más la consabida derrama anual,
jolines, ni que yo fuera un edil liberado. Soy un simple pensionista y no un
cargo público privilegiado.
Tenemos un enorme listado de posibles ubicaciones para estos
estacionamientos improvisados. Tantos que cuando se llenen de coches, el atasco
en Los Barros o Los Cuartos no va a ser ni normal cuando todos salgan del
pueblo (como Manolo) para ir de compras al Polígono de San Jerónimo. Y otra
cuestión: es vergonzoso que aún se ejecuten obras para que muchos vecinos se
conecten a la red de saneamiento. Lo que demuestra cuáles son las prioridades
en este municipio, donde se adolece de equipos de gobierno incapaces de llevar
a cabo planificaciones de ningún tipo. Se improvisa, se acometen acciones que
den rentabilidad electoral, pero la visión de futuro brilla por su ausencia.
Es tal el hastío y cansancio de la población por las derivas
políticas en este país, que ahí tienen a Feijóo, a quien todas las encuestas
elevan a los altares con el único mérito reconocido de esperar sentado a
comprobar cómo se navajea el resto. Debido a que determinados elementos –más de
izquierda que nadie– se arrogan tres méritos indubitables: haberse fagocitado,
hacer tambalear al centenario del otro Pablo y cargar de laureles al que no ha
movido una paja. Mientras, al gallego ni le salpican casos de corrupción o
componendas de dudoso proceder. Y aunque las iniciativas encaminadas a las
mejoras sociales hayan marcado la agenda gubernamental…
Empecé en el pueblo y mira hasta donde llegué. Viva el vino.

Veo complicado lo de valle de Taoro, pero bueno... los retos son los retos. El texto responde a los mejores tiempos del vecino inquieto y sensible que no se conforma.
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