Algo parecido me ocurrió ayer domingo. Día señalado para
escribir la entrada bloguera del lunes, la que tienes ante tus narices. Pasé
olímpicamente de la pelea gubernamental entre PSOE y Podemos a cuenta de los
gastos militares y las demagogias subsiguientes. Y la ración diaria de prensa
tampoco coadyuvó a la tarea de dar con la tecla conveniente. Fue debido,
seguramente, a que el sábado estuve todo el santo día (lo mento así porque como
empecé con el Papa) dando los penúltimos toques a una publicación que llevará
por título el que tomo prestado para encabezar el presente post.
Pues sí, en el Casino de Las Dehesas –Sociedad Valle de Taoro–
estamos de cumpleaños: un siglo, que se dice pronto. Y tras la vuelta a la
normalidad, después de una oscura etapa en la que estuvo a punto de
desaparecer, luego de remodeladas sus instalaciones pues los deterioros eran
más que evidentes, una comisión, nombrada al efecto, y encabezada por Cristóbal
Díaz Tena, se encargó de intentar dar realce a la efeméride.
Así, el 8 de abril próximo pasado, tarta incluida, se
celebró un acto en el que, contando con la presencia del alcalde portuense,
Marco Antonio González Mesa, e introducido por la salutación del presidente de
la Entidad, Domingo García Díaz, artífice del reinicio de la marcha social, el
periodista Salvador García Llanos nos deleitó con una conferencia que, bajo el
título de Cien años de querencias y nuevos horizontes, repasó aconteceres de
años idos e invitó a seguir en la brecha.
Lo malo es que la pandemia ha trastocado muchos planes. Y lo
que pretendía ser una amplia programación, se ha quedado en unas pinceladas que
nos recuerden la importancia del acontecimiento. Entre ese abanico, y esperando
que se concreten las ayudas prometidas, la edición del libro que se deja
mencionado. Que, desgraciadamente, no seguirá la línea del que vio la luz con
motivo del 75º aniversario. Porque aquel pudo rescatar de los libros de actas
interesante información del devenir del Casino en ese lapso de tiempo
(expresión correcta al parecer de la RAE). Pero ahora las gavetas se
encontraron vacías y los estantes de los muebles con… deudas contraídas por
unos ¿gestores? a los que les cabe el honor… Hasta aquí puedo escribir.
Menos mal que las hemerotecas suplen carencias. Las reseñas
de al menos las primeras décadas de funcionamiento de la Sociedad, vienen a demostrar
el dinamismo que imprimió el Casino en la vida cotidiana de un barrio agrícola
y, por ende, retirado de los focos culturales del casco. Pero ahí estaban,
entre otros, Florencio Sosa y Sabas Pérez Correa. Quienes merecen, y con crees,
que se saquen a la luz sus innumerables participaciones en veladas y festivales,
amén de su prolífica colaboración periodística.
Un reconocimiento, asimismo, a la figura de Vicente Yanes,
un poeta local que supo plasmar, en logradas décimas, pasajes de la vida de La
Dehesa y sus personajes más entrañables. Un apartado del libro se lo tiene más
que merecido. No podrá abarcar su ingente producción, pero sí, al menos, una
significada representación.
Como adelanto, suficiente. Solo nos resta demandar tu
inestimable ayuda. Cuando lo presentemos en sociedad, y en la Sociedad (antes
de finalizar el año, seguro), procura llevar en el bolsillo unos euros. Lo
mismo te solicitamos una derrama (un empréstito, que decían los socios de
antaño) de unos diez –céntimo arriba, céntimo abajo– para sufragar gastos de imprenta
y, a ser posible, si nos sobra algo, lo mismo lo invertimos en mejoras en el
edificio. ¡Ah!, si conoces, por un casual, a cualquier empresa que se quiera subir
al carro –pondremos su logo en la contraportada– no te vamos a decir que no. Y
te invitamos a un cortado.
Cien años y las puertas siguen abiertas. No es poco, no.

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