El camino original unía la Villa con el Puerto (su puerto) y
aún se conserva un tramo de unos 800 metros, entre La Boruga y El Durazno, que
ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por tratarse de un magnífico
ejemplo de ingeniería rural. Y como por el mismo paseo de vez en cuando,
siempre me sorprendió el trabajo de aquellos ‘albañiles’ de antaño,
probablemente analfabetos, pero con unas enormes dosis de inteligencia natural y
que fueron capaces de construir maravillas que han soportado el paso de los
siglos sin mayores contratiempos. Hoy, los avances tecnológicos han
posibilitado que los edificios se caigan, las presan cedan ante la presión del
agua embalsada y los túneles se agrieten porque el cemento viene enfermo de
fábrica.
De los experimentos con simios en la Hacienda del mismo
nombre (foto), llevados cabo por el
científico alemán Wolfgang Köhler, tras su paso por la Casa Amarilla, te
recomiendo la lectura del artículo.
Y, tras pensarlo unos quince segundos (milésima arriba,
milésima abajo), se me ocurrieron unas décimas:
Ayer escribió Agustín / del camino de El Ciprés, / ese que
en la foto ves / y que me resulta afín. / Al no ser muy hablantín, / te lo
cuento por escrito, / pues por él algo transito / cuando voy a patear / por su
piedra singular, / sin tráfico y tranquilito.
En sentido descendente / es normal el recorrido, / porque me
es más sufrido / subir aquella pendiente. / Que no se piense la gente / que la pata accidentada / no juega mala pasada;
/ a veces se pone boba / y no me da mucha coba: / ni que estuviera mimada.
Una tajea central,
/ perfectamente signada, / se diseña en la calzada / como elemento especial. /
Y la hilera diagonal, / que cual espiga confluye, / un dibujo constituye / de
singular armonía, / que le otorga a aquella vía / un embeleso que instruye.
Una calzada romana, / como Miki la mentó, / fue la excusa
que sirvió / para empezar la semana. / Esta labor artesana, / de cuando prisa
no había, / en el Valle nos servía / desde tiempo inmemorial, / para llevar
material / que por el Puerto salía.
Ahora mismo me imagino / cómo los carros bajaban / lo que
los barcos cargaban: / por ejemplo, el buen vino. / Aquel que Shakespeare
convino, / en sus obras renombradas, / las cualidades probadas / de los caldos
exquisitos, / malvasías favoritos / de gentes privilegiadas.
Con regusto de buqué / hasta más ver yo lo dejo, / dando a
todos el consejo / ─no como
dogma de fe─ / que allá
cuando a usted le dé / lo recorra con sosiego / ─imagina que es un juego─
/ y admire aquel empedrado: / cuán plausible es el legado, / salvo que estés
medio ciego.
Vale por hoy. Más corto el artículo porque el calor hace
mella. Y las fiestas también. Salvo a los políticos. Cómo se privan. Las
galerías de los móviles, repletas. En fin, hasta el miércoles.

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