miércoles, 20 de julio de 2022

Yo sí estoy de acuerdo

Yaiza Castilla, consejera de Turismo (creo que es también de Industria y Comercio, aunque se le suelen olvidar estos dos apéndices) del Gobierno de Canarias, viene proclamando a los cuatro vientos que es factible el que este año batamos récords de visitantes. Quién nos lo iba a decir unos meses atrás cuando la Covid nos atacó de improviso. Al mismo tiempo, y probablemente en el mismo discurso, aboga por diversificar la oferta. Siempre bajo la premisa de que este motor no se puede gripar, porque es el principal sostén económico de estas ínsulas. Lo que debemos traducir por poner un límite a la entrada de turistas, pero que ello no vaya en detrimento de los euros ingresados.

Me da que en este aspecto de que el territorio no aguanta avalancha tras avalancha y que la superficie insular no es un chicle que pueda estirarse, estamos todos de acuerdo. A no ser aquel que piense en que el que venga detrás de los que ahora habitamos estos peñascos que se busque la vida. Que los hay, desgraciadamente. Son los que el futuro de nuestros hijos y nietos bien poco le importa.

Por ello no entiendo el porqué de tanta reticencia ante un borrador (el Plan  Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional del Teide), que deberá debatirse con sosiego –sin prisa pero sin pausa–, con declaraciones que rayan la temeridad. Como las del actual alcalde villero, Francisco Linares (póngase de acuerdo con algún concejal de su propio grupo, que dijo estar conforme con anterioridad y le dio el visto bueno al avance del PRUG), que considera aquellos altos como coto privado de caza. Bueno, quizás exagere yo un fisco, pero el que el pico más alto de España figure como parte de la superficie de La Orotava es la consecuencia de un robo histórico. Y basta observar los linderos de los pueblos tinerfeños para percatarse de que la extensión de su municipio no concuerda con el concepto tradicional de mar a cumbre del resto. De las fincas desamortizadas y las secuelas posteriores, que hablen los historiadores.

Viene el párrafo anterior a cuento de que algo habrá que hacer y regular en aquel entorno. No solo con los foráneos, porque cada vez que caen cuatro copos no constituimos los oriundos un ejemplo a seguir. Y como somos muy dados a dejar el plástico, con el que nos arrullamos, en cualquier sitio o disimulado debajo de una retama, únanle las piedras que por un imperdonable descuido metemos en los bolsillos, una zahorra para que niño la destine a pintar un machango en la trasera de la casa, una florita para el jarrón de la sala…

En esto surge la posibilidad de un Circuito del Motor –con el que sí estoy de acuerdo– y comienzan las pegas por parte de quienes se oponen a todo con demagogias difícilmente sostenibles. ¿No sería esta una instalación encaminada a atraer otro turismo de más alto poder adquisitivo? Oye, que la declaración de impacto ambiental está caducada, que la contaminación durante las carreras sería insoportable, que lo mismo rescatamos la necesidad del Puerto de Fonsalía –con el que también estoy de acuerdo– y… todo para el Sur.

Hay personajes a los que se les podría aplicar el dicho de lo que piensa un gallego o de si se encuentra en un peldaño de la escalera. Ponen el grito en el cielo –incluso los ateos confesos– ante todo lo que, según su óptica, supone un despilfarro. Pero en el caso de formar parte de gobiernos de pactos, no renuncian a ningún privilegio de los que su puesto les otorga. No conozco a uno que haya sido capaz de predicar con el ejemplo solicitando que le supriman asesores, ayudantes, coche oficial, que le rebajen el sueldo, o que no necesita dietas porque se mueve en guagua (para la que hemos pedido la gratuidad). Lo mismo me espetan que lo mío sí es demagogia y lo de ellos profundas convicciones ideológicas con ramificaciones metafísicas del subconsciente. Ya puestos, carguémonos el Loro Parque por maltrato animal y por no apartarse un poco para que la carretera desde el Castillo de San Felipe (Avenida Francisco Afonso Carrillo) siguiera derecha hasta el Maritim.

Normal que nos encontremos en periodo de nerviosismo preelectoral. Pero ello no debe ser óbice para que la mente se nos obnubile. Y, sintiéndolo mucho, las incongruencias se pagan en las urnas. Porque los electores hemos mejorado. Poco, pero nos percatamos de engaños y componendas. Como las de quienes un día gobiernan y al otro intentan desmarcarse con sesgos opositores difícilmente justificables.

Mientras, y será tema para un próximo artículo (de opinión, tan respetable como la tuya), los terrenos siguen abandonados porque la agricultura no vende. Es más rentable traerlo todo de fuera, como los turistas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario