Me da que en este aspecto de que el territorio no aguanta
avalancha tras avalancha y que la superficie insular no es un chicle que pueda
estirarse, estamos todos de acuerdo. A no ser aquel que piense en que el que
venga detrás de los que ahora habitamos estos peñascos que se busque la vida.
Que los hay, desgraciadamente. Son los que el futuro de nuestros hijos y nietos
bien poco le importa.
Por ello no entiendo el porqué de tanta reticencia ante un
borrador (el Plan Rector de Uso y
Gestión del Parque Nacional del Teide), que deberá debatirse con sosiego –sin
prisa pero sin pausa–, con declaraciones que rayan la temeridad. Como las del
actual alcalde villero, Francisco Linares (póngase de acuerdo con algún
concejal de su propio grupo, que dijo estar conforme con anterioridad y le
dio el visto bueno al avance del PRUG), que considera aquellos altos como coto
privado de caza. Bueno, quizás exagere yo un fisco, pero el que el pico más
alto de España figure como parte de la superficie de La Orotava es la
consecuencia de un robo histórico. Y basta observar los linderos de los pueblos
tinerfeños para percatarse de que la extensión de su municipio no concuerda con
el concepto tradicional de mar a cumbre del resto. De las fincas desamortizadas
y las secuelas posteriores, que hablen los historiadores.
Viene el párrafo anterior a cuento de que algo habrá que
hacer y regular en aquel entorno. No solo con los foráneos, porque cada vez que
caen cuatro copos no constituimos los oriundos un ejemplo a seguir. Y como
somos muy dados a dejar el plástico, con el que nos arrullamos, en cualquier
sitio o disimulado debajo de una retama, únanle las piedras que por un
imperdonable descuido metemos en los bolsillos, una zahorra para que niño la
destine a pintar un machango en la trasera de la casa, una florita para el jarrón de la sala…
En esto surge la posibilidad de un Circuito del Motor –con
el que sí estoy de acuerdo– y comienzan las pegas por parte de quienes se
oponen a todo con demagogias difícilmente sostenibles. ¿No sería esta una
instalación encaminada a atraer otro turismo de más alto poder adquisitivo?
Oye, que la declaración de impacto ambiental está caducada, que la
contaminación durante las carreras sería insoportable, que lo mismo rescatamos
la necesidad del Puerto de Fonsalía –con el que también estoy de acuerdo– y…
todo para el Sur.
Hay personajes a los que se les podría aplicar el dicho de
lo que piensa un gallego o de si se encuentra en un peldaño de la escalera. Ponen
el grito en el cielo –incluso los ateos confesos– ante todo lo que, según su
óptica, supone un despilfarro. Pero en el caso de formar parte de gobiernos de
pactos, no renuncian a ningún privilegio de los que su puesto les otorga. No
conozco a uno que haya sido capaz de predicar con el ejemplo solicitando que le
supriman asesores, ayudantes, coche oficial, que le rebajen el sueldo, o que no
necesita dietas porque se mueve en guagua (para la que hemos pedido la
gratuidad). Lo mismo me espetan que lo mío sí es demagogia y lo de ellos profundas
convicciones ideológicas con ramificaciones metafísicas del subconsciente. Ya
puestos, carguémonos el Loro Parque por maltrato animal y por no apartarse un
poco para que la carretera desde el Castillo de San Felipe (Avenida Francisco
Afonso Carrillo) siguiera derecha hasta el Maritim.
Normal que nos encontremos en periodo de nerviosismo
preelectoral. Pero ello no debe ser óbice para que la mente se nos obnubile.
Y, sintiéndolo mucho, las incongruencias se pagan en las urnas. Porque los
electores hemos mejorado. Poco, pero nos percatamos de engaños y componendas.
Como las de quienes un día gobiernan y al otro intentan desmarcarse con sesgos
opositores difícilmente justificables.
Mientras, y será tema para un próximo artículo (de opinión,
tan respetable como la tuya), los terrenos siguen abandonados porque la
agricultura no vende. Es más rentable traerlo todo de fuera, como los turistas.

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