Que no se extiendan las alertas por riesgo de incendio
forestal a las islas de Lanzarote y Fuerteventura.
Una prueba de acceso para toda persona que aspire a un cargo
público (bien) remunerado.
Que los informativos televisivos no sean algo más que una
mera crónica de sucesos.
Unos concursos de
arrastre en los que sean otros ganados lo que tiren de una corsa cargada
hasta los topes.
Que no se muestren diligentes con las subvenciones de las bandas
de ciertos pueblos, a las que parecen invitar a que se vayan con la música a
otra parte.
Planificaciones territoriales, a medio y largo plazo, de unos
espacios que no son chicles.
Que no cumplan con promesas y juramentos quienes se jactan continuamente
de trabajar por el pueblo las veinticuatro horas del día.
Una decidida política de control en el número de visitantes
a parques nacionales y parajes naturales.
Que los Planes Rectores de Uso y Gestión no sean herramientas
fundamentales para evitar, verbigracia, los desmanes de Lobos y La Graciosa.
Mucha mayor coherencia de quienes se emperran en seguir en
misa, pero repicando con badajos altisonantes y zumbando cual moscas cojoneras.
Que las mentiras e inobservancias de los políticos no sean
losas en los procesos electorales subsiguientes, sino ligeros deslices a
perdonar, incluso defendibles.
Una verdadera formación profesional que ponga en valor
empleos para un mercado laboral necesitado de técnicos de crédito.
Que no se exijan responsabilidades, también pecuniarias, a
los políticos que despilfarran dineros públicos en obras que duermen el sueño de
los justos.
Las fiestas de mi barrio como antaño (nostalgias al ver a
José Vélez en Candelaria: él me llama canarito), hecho que pone de manifiesto
el inmenso desarraigo vecinal.
Que se nos tilde como medianeros a quienes no adolecemos de ombliguismos
del tres al cuarto: cuánto cortoplacismo…
A perdonar, pero es que me acordaba de Thomas More (Tomás
Moro) y su Utopía: Libellus vere aureus,
nec minus salutaris quam festivus, de optimo rei publicae statu, deque nova
insula Vtopi (en español, Librillo verdaderamente dorado, no menos
beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la
nueva isla de Utopía).
Por ello, y no es poco, echo en falta arrestos políticos,
visión de futuro. ¿Utópico? Siempre. Con amor y apego a lo canario (manifiesta
la RAE que eso es canarismo). Pero también universal, porque el mundo es un
pañuelo. Y esas pintitas de ahí, que no sean cagadas de moscas (Pepe Monagas).

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