miércoles, 31 de agosto de 2022

Echo en falta

Un concurso de pesca de altura en las fiestas de Icod el Alto. O en la Cruz del Castaño. O en Aguamansa.

Que no se extiendan las alertas por riesgo de incendio forestal a las islas de Lanzarote y Fuerteventura.

Una prueba de acceso para toda persona que aspire a un cargo público (bien) remunerado.

Que los informativos televisivos no sean algo más que una mera crónica de sucesos.

Unos concursos de  arrastre en los que sean otros ganados lo que tiren de una corsa cargada hasta los topes.

Que no se muestren diligentes con las subvenciones de las bandas de ciertos pueblos, a las que parecen invitar a que se vayan con la música a otra parte.

Planificaciones territoriales, a medio y largo plazo, de unos espacios que no son chicles.

Que no cumplan con promesas y juramentos quienes se jactan continuamente de trabajar por el pueblo las veinticuatro horas del día.

Una decidida política de control en el número de visitantes a parques nacionales y parajes naturales.

Que los Planes Rectores de Uso y Gestión no sean herramientas fundamentales para evitar, verbigracia, los desmanes de Lobos y La Graciosa.

Mucha mayor coherencia de quienes se emperran en seguir en misa, pero repicando con badajos altisonantes y zumbando cual moscas cojoneras.

Que las mentiras e inobservancias de los políticos no sean losas en los procesos electorales subsiguientes, sino ligeros deslices a perdonar, incluso defendibles.

Una verdadera formación profesional que ponga en valor empleos para un mercado laboral necesitado de técnicos de crédito.

Que no se exijan responsabilidades, también pecuniarias, a los políticos que despilfarran dineros públicos en obras que duermen el sueño de los justos.

Las fiestas de mi barrio como antaño (nostalgias al ver a José Vélez en Candelaria: él me llama canarito), hecho que pone de manifiesto el inmenso desarraigo vecinal.

Que se nos tilde como medianeros a quienes no adolecemos de ombliguismos del tres al cuarto: cuánto cortoplacismo…

A perdonar, pero es que me acordaba de Thomas More (Tomás Moro) y su Utopía: Libellus vere aureus, nec minus salutaris quam festivus, de optimo rei publicae statu, deque nova insula Vtopi (en español, Librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía).

Por ello, y no es poco, echo en falta arrestos políticos, visión de futuro. ¿Utópico? Siempre. Con amor y apego a lo canario (manifiesta la RAE que eso es canarismo). Pero también universal, porque el mundo es un pañuelo. Y esas pintitas de ahí, que no sean cagadas de moscas (Pepe Monagas).

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