jueves, 1 de septiembre de 2022

Evocaciones

Fue Guillermo Belmonte Müller (en la foto) un intelectual cordobés (1851-1929), que, bajo la influencia del entorno familiar (madre y tío, pianista y pintor, fundamentalmente), tuvo diversas inquietudes artísticas (entre ellas, la poesía) y que por haber vivido en Puerto Rico entre 1874 y 1881, debió enamorarse de Canarias –es mera suposición, deduzco, por las posibles escalas en sus viajes al continente americano–, archipiélago al que dedicó uno de sus libros (Canarias) y del que, casualmente, he tropezado con estas Guajiras canarias (puede que de otro libro: Guajiras, cantares y pensamientos) y que he localizado publicadas en el periódico La Opinión (páginas 1 y 2) correspondiente al 1 de septiembre de 1900 (sábado).

Así que 122 años después, vaya su reproducción (ocho décimas), junto a otro poema (Canto a La Orotava: dos décimas) que insertó el blog 100x100villeros el 22 de febrero de 2019 y de cuyo administrador, Francisco García, he solicitado la consabida benevolencia para transcribirlo asimismo.

Estas son:

Guajiras canarias

I. Tenerife, es gran fortuna, / si eres Isla del Infierno, / que te den verdor eterno / la Orotava y la Laguna. / Las Cañadas son la cuna / del Teide, tu gran señor, / brindas purpúreo licor / en tus pámpanos rientes, / y das salud en las fuentes / de San Telmo y Vilaflor.

II. ¡Oh Gran Canaria!, en tu puerto / mil naves refugio tienen / y á buscar tu abrigo vienen / los hijos del polo yerto. / Tus barrancos se han cubierto, / cual tus montes, de boscajes; / velan el sol, tus celajes; / el aura plácida gira, / y Doramas y Tafira / te bordan ricos paisajes.

III. Parece, Palma hechicera, / que en tu volcánico suelo / se entra, bajando del cielo, / por una verde escalera / Y á su pie la gran Caldera, / en la que admiras y abrumas, / abre, ceñida de brumas, / su boca oscura y medrosa, / cual de un titán que reposa / bajo pinos y entre espumas.

IV. Tu puedes dar Lanzarote, / la mano á tu isla Graciosa / y hacer una rada hermosa / que la borrasca no azote. / Labrar tu suelo y que brote / riquezas, que oculta ciego, / pues, tú, sin lluvia ni riego, / fecundo calor encierras / en la escoria que en tus sierras / dejó un diluvio de fuego.

V. De África al suelo canario / vino el sol, Fuerteventura, / y transformó tu llanura / en desierto solitario. / El giboso dromedario / conduce tus secos frutos; / en tus ribazos enjutos / triste palma apenas crece, / y sólo el mármol te ofrece / por compasión sus tributos.

VI. Corren de tus peñas rudas, / Gomera, claros raudales; / las cabras entre breñales, / talan las hierbas menudas. / Los dragos de hojas agudas / sus brazos de sierpe enraman, / y á los cerros se encaraman / los isleños prevenidos, / trasmitiéndose en silbidos / lo que más temen ó aman.

VII. Isla del Hierro, tu tienes / dulce clima, campo bello / y unos hijos donde el sello / de la belleza mantienes. / Mas logran escasos bienes / y emigran á tierra extraña,  / cual los gallegos de España, / revelando en su semblante / que son de un cuadro brillante / la sombra con que se empaña.

VIII. De estas islas que brotaron / de erupciones submarinas, / son, oh Canarias divinas, / las ninfas que la poblaron. / Lava y aroma os echaron / los volcanes y las flores, / y son los signos mejores / de que os darán la ventura / la flor de vuestra hermosura / y el volcán de los amores.

Canto a La Orotava

¡Salud!, famosa Orotava, / Valle de eternos verdores / que echaste un tapiz de flores / sobre un desierto de lava. / Aunque, sin verlo, admiraba / tu suelo, ¡jardín canario!, / sentí un goce extraordinario, / cuando, al doblar el camino, / vi alzarse el telón divino / que descubrió tu escenario.

¡De tu belleza cautivo, / a mi hogar de nuevo torno, / llevando impreso el contorno / de algún álbum fugitivo! / La musa y el genio esquivo / aquí se pueden unir, / ¡qué sitio para venir / a inspirarse y a olvidar! / y ¡qué nido para amar! / y ¡qué lecho en que morir!

Cuánto nos han cantado quienes tuvieron el privilegio de pisar este territorio volcánico que, al arrullo del Atlántico, causa admiración a tanto visitante desde tiempos inmemoriales. Y cuánto mocoso nativo provoca daños irreparables en tan frágil barquichuela. Incongruencias. Sí, debe ser eso.

¡Ah!, mis saludos, a la par que mis ánimos más cordiales, a todos los docentes que hoy se incorporan al arduo quehacer de la EDUCACIÓN. Aunque las tareas sean otras, los entrañables recuerdos aún permanecen. Y lo sueños suelen ser bastante recurrentes, con los mismos agobios de cuando uno era miembro activo el gremio. Persistan en hacer grande el MAGISTERIO.

2 comentarios:

  1. Felicidades Jesús M. Hernández por este artículo que evoca las palabras de un gran literato, por desgracia cada vez más olvidado en el inexorable paso del tiempo, como fue Guillermo Belmonte Müller. Es muy importante que estos textos no se pierdan y que los residamos en el éter inmortal de la Red para que puedan difundirse a las generaciones contemporáneas y futuras.
    Durante siglos fue una contante que bastantes foráneos que nos visitara empuñara su pluma para evocar las mas bellas palabras hacia nuestra tierra y Belmonte Müller fue uno de ellos.
    Guajiras canarias no lo conocía y Canto a La Orotava fue algo inesperado que encontré y hubiera sido un pecado no publicarlo. Ambos son de muy bella factura.
    Nuevamente mis felicitaciones por este escrito en referencia a un autor que debe de estar más reivindicado de la forma justa que merece.
    Un cordial saludo.
    Francisco García. Propietario y administrador de blog 100 x 100 villeros de La Orotava.

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    1. Gracias por tus palabras, Francisco. De vez en cuando suelo introducir en el blog algunos retazos históricos, producto de la curiosidad de hurgar en periódicos viejos. Seguimos en la brecha, porque si un jubilado se anquilosa, mal síntoma. Reitero el agradecimiento.

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