viernes, 2 de septiembre de 2022

Del otro día

Vaya manía la de perder el tiempo husmeando en periódicos viejos. Pero cada jubilado se entretiene como mejor cree conveniente. Y un servidor, encantando con su consistorio por lo del ahorro energético (pongo de ejemplo mi calle: funciona el 50% del alumbrado público; así Effico siempre gana), se sienta ante el ordenador y se pasa las horas escribiendo boberías. Son tantas las ya plasmadas, que, de tener dinero, lo mismo cambiaba de hábitos y a) las publicaba en formato libro o b) se dedicaba a viajar.

Y ahora que me acuerdo, vayan preparando diez euros para dentro de un par de meses. Verá la luz un libro del centenario del Casino de La Dehesa (Sociedad Valle de Taoro) y tendremos que recuperar los euros invertidos. A cambio del billete gracias de antemano te haremos entrega de una compilación de algo más de 300 páginas con… A esperar y ya te avisaré del acto de la presentación. Hasta la gente de Icod el Alto –toma nota Juan Manuel– lo va a tener que adquirir por las páginas dedicadas a la figura de don Sabas Pérez Correa y su labor  en aquella zona realejera, por la que fue distinguido hace un tiempo por nuestro ayuntamiento. Y menos mal que ya le pusieron la placa.

Hace hoy justo treinta años, Diario de Avisos (2 de septiembre de 1992), en su página 16, nos daba norte de las fiestas en Toscal-Longuera. En la actualidad, y merced al buen hacer de Gabriel Benítez, cura-párroco del lugar, se mantiene viva una pequeña llama festiva, porque aquellas entusiastas comisiones, que pergeñaron programas de gran calado en el contexto del gran despliegue de estos eventos en el municipio realejero, han pasado a mejor vida. Nadie quiere molestarse y ese sentimiento de vecindad se ahogó en la playa de Los Roques con los desprendimientos del acantilado. Una pena. Ahí les dejo la nota informativa de aquel entonces.

La otra, del amigo Juan. Veinte años más joven, pero igual de reivindicativo. También en Diario de Avisos (2 de septiembre de 2002), página 8. Si en aquella época la Mancomunidad se hallaba moribunda, hoy debe tener ya sus huesos descompuestos. Los que abogamos por un único municipio en este Valle de Taoro, al menos nos quedaba el consuelo de ir aglutinando servicios, siquiera paulatinamente. Nos quedaría el consuelo (y a perdonar el reiterativo lamento) de que, como mal menor, hubiese recibido sepultura en un cementerio mancomunado. Pero ni eso. Demasiados ombliguismos.

Hasta el lunes. Sean felices.

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