lunes, 29 de agosto de 2022

El piche como baza electoral

Creíamos haberlo visto todo con Manuel Domínguez. Pero desde que el alcalde más novelero de la etapa democrática desapareció definitivamente –estuvo unos años a tiempo parcial pues no era lo suyo la dedicación exclusiva, aunque me soplan que las mañas no ha perdido para darse a conocer en instancias elitistas– quien lo sustituyó, irrumpió con la lección bien aprendida. Y por si acaso alguien le reprochara que épocas pasadas fueron mejores, agarró nuestro hombre la costumbre de irse a retratar varias veces al día y ahí lo tienen en la muestra seleccionada.

Como, además, el dinero aparece por arte de magia justo un año antes de la cita electoral, las fábricas de piche no dan abasto. A ser posible, todas las obras al mismo tiempo. Bien poco importan las incomodidades que se ocasionan en el pueblo. Se concede nula atención a que debas dar más vueltas que un trompo para encontrar resquicios de salida o entrada. Y si se producen encontronazos con el Cabildo por el cierre del camino de El Patronato –porque el ayuntamiento no ha tenido tiempo, en tantos años de revisión del Plan General, de hallar una solución al cada vez más problemático caos de tráfico– nueva polémica servida en el convencimiento de que siempre la culpa recaerá en la administración más lejana. Oh, no, el bobo.

Por consiguiente, medio pueblo virado de patas. Incluso los que solemos caminar –privilegios de jubilado– parece que vamos en permanente carrera de obstáculos, o salto de vallas. Y como hoy llego cansado después de un agosto casi completo de vacaciones, te dejo con la composición fotográfica y el primer ruego de la temporada otoño-invierno:

Eso de sacar gente del paro para ponerla a limpiar por las calles del pueblo, o se planifica concienzudamente el programa a llevar a cabo o despilfarramos el dinero sin ton ni son. Y cada vez que paso –qué casualidad– me las (muy pocos son los) encuentro fumando, entretenidas con el móvil o echándose el bocadillo. Bien caben de cosas en la mochilita. Mientras, los aledaños a los montes públicos, de pena. Para que los pirómanos (de Los Campeches o de la madre del cordero) persistan en sus prácticas incendiarias. ¿Mearán la cama por la noche por jugar con fuego? ¡Ah!, los ediles liberados (todos y todas) están más pendientes de fin de mes que de ¿mover el culo?

Y, nuevamente, el cincuenta por ciento del alumbrado público de la calle Benito Pérez Galdós (tramo comprendido entre las de Alfonso García Ramos y Tomás de Iriarte), como los sobacos de un grillo. Pasando un teniente de alcalde a diario por el lugar. Ojos que no ven… Cállate ignorante, entremetido, simplón, arretranco, tolete… Mejor hubieses seguido con los asuetos caniculares.



No hay comentarios:

Publicar un comentario