Siguieron unos años dorados en los que los festejos del
barrio instauraron un indudable revulsivo en la vida de sus habitantes. Los
festivales significaron un importantísimo hito en el devenir histórico de esta
zona costera del municipio y adquirieron un renombre de gran trascendencia.
Hacer notar que, quizás, algunas comisiones se volcaron en demasía en este
aspecto olvidando que también la variedad del programa requería que se incidiera
en otros actos para que la oferta se diversificara. Pero es innegable el realce
que las fiestas adquirieron en aquellos años ochenta y noventa del siglo
veinte. Con una etapa de la vuelta ciclista a la isla que constituyó, y a
reseñas periodísticas del entonces me remito, un hecho de suma importancia.
Hasta hubo una demostración de aeromodelismo en la incipiente urbanización La
Gorvorana, donde se llevó la palma aquel platillo volante que causó admiración
entre los asistentes.
Las fotos que ilustran este comentario, extraídas de algunos
programas, son meras pinceladas de una época de esplendor. A buen seguro que en
más de una casa del barrio estarán a buen recaudo.
Viene todo lo anterior a cuento de que se está divulgando
que la posibilidad del renacimiento está más cerca. En estos últimos tiempos, merced
al empeño del cura Gabriel –un güimarero más implicado en el desarrollo comunitario
de Toscal-Longuera que la inmensa mayoría de habitantes de aquellos contornos–
se han venido desarrollando actividades que mantenían viva la llama por si
algún día prendía con mayor intensidad.
Aunque uno se asentó en otro lugar de la villa realejera desde
hace unas dos décadas, no puede obviar raíces y trayectoria laboral durante
tantos años. Por ello me alegra de que se pueda dar este paso y las fiestas de
Toscal-Longuera vuelvan por sus fueros. Sabemos por propia experiencia de las
enormes dificultades con las que se van a encontrar los promotores. Pero
entiendo que la ilusión es capaz de superar los obstáculos y lo mismo se
contribuye a fomentar el sentimiento de barrio, de comunidad, algo de lo que se
notan ciertas carencias.
Para terminar, un llamamiento sincero. En el próximo año confluyen
varias citas electorales. No mezclen las cosas, por favor. Quien es del barrio,
es del barrio. Cuidado, no he dicho (escrito) nacido en, que siempre hay quisquillosos. Pero ya comienzan a vislumbrarse advenedizos que vienen a
retratarse. Y las redes sociales se inundan. Tengamos la fiesta en paz. No
empecemos tan pronto a mear por fuera de la bacinilla ni a dar el cante, que ya
habrá tiempo para contratar las figuras del próximo festival. Y para numeritos
de magia, ya tenemos a Paulino. Reitero, tengamos la fiesta en paz.




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