Ignoro si la Ordenanza Municipal Reguladora de Vados para la
Entrada y Salida de Vehículos y Reserva de Estacionamiento del Municipio de Los
Realejos (he respetado las mayúsculas, aunque no esté de acuerdo con tanta
profusión), aprobada por acuerdo plenario del 29 de abril de 2021 y publicada
en el BOP número 99, de miércoles 18 de agosto del mismo año, obtuvo el
dictamen unánime de todos los concejales que asistieron a dicha sesión o hubo algún
reparo en forma de abstención o voto negativo.
Sea como fuere, modestamente entiendo que la norma requiere
una urgente revisión. Si nos jactamos de que las administraciones están para
facilitar la labor a la ciudadanía, en este particular caso se han pasado cinco
o seis pueblos. Paso a explicarte mi calvario:
No es que tenga un servidor grandes problemas para acceder
al garaje, pero cuando hay determinadas celebraciones festivas (baile de magos,
romería, fuegos de mayo, algunas procesiones…) o lo guardo bien temprano o a
dormir donde encuentre sitio. Y a pesar de que el fotingo tiene ya unos cuantos
años, uno le guarda cierto cariño y desea tratarlo con todo el mimo posible.
Dicho lo cual, te cuento que cuando decido dar el paso para
solicitar la oportuna licencia, y tras ponerme en contacto telefónico con un
funcionario de la Gerencia Municipal de Urbanismo, se me remite, vía e-mail, el
modelo de instancia correspondiente. Rellenarla es de nota. No es que sea uno
más listo que nadie, pero más tonto… parece ser que sí. Por lo tanto, nueva
llamada al ayuntamiento y se me concede cita para que, in situ, alguien me
ayude en la complicada labor.
Se me atiende muy amablemente y aporto cuantos datos y
documentos se me demandan. Incluyo, incluso, fotografías de la acera, fachada
de la casa, rampa de acceso e interior del precitado garaje o salón. Hago
constar a la persona que me atendió la extrañeza al serme requerida la licencia
de primera ocupación, documento que al ser expedido por la institución local,
presupongo debe constar en los archivos pertinentes.
Bien. Pasan dos meses y al considerar que de un trámite,
aparentemente sencillo, no se me daban señales de vida, nuevo contacto y al par
de días se me comunica que acuda en búsqueda de un requerimiento. En el mismo
se me señala que falta por aportar (y transcribo):
Plano acotado del estado final de la acera con justificación
de:
a)
Los requisitos de vados recogidos en la Norma
U.1.2.4 del anexo 1 del reglamento de la Ley 8/1995, de accesibilidad y
supresión de barreras físicas y de la comunicación.
b)
Los requisitos de la Ordenanza municipal de
urbanización (artículo 122 Vado para acceso de vehículos).
c)
Declaración responsable, suscrita por el
solicitante, donde se señale expresamente el número de vehículos a estacionar
dentro del inmueble o parcela, con señalamiento de que el espacio destinado a
ello no tiene otro destino.
Te juro, palabrita del Niño Jesús, que este documento del
apartado c) ya lo había entregado (manuscrito) anteriormente. Deduzco que por
estar hecho a bolígrafo, haya desaparecido. Debe ser que eso ya no se estila.
Tengo constancia de que al menos a otro vecino de los alrededores
le ha ocurrido tres cuartos de lo mismo. Y ambos hemos decidido quedarnos como
estamos: sin vado, pero con unos cuantos euros más en el bolsillo. No olvidemos
que junto a la tasa anual a pagar, también debemos comprar la placa. Pero, claro, más coches en la calle.
Pasadas unas semanas de haber recibido el escrito precitado,
tropiezo con un amigo de profesión arquitecto técnico (aparejador). Y le
pregunto qué significa eso del plano acotado. Me contesta que es un documento a
elaborar por técnico competente, cuyo precio oscila entre 250 y 300 euros, y
que viene a consistir, grosso modo, en una visita al domicilio para sacar fotos
(como las que ya había entregado) y dibujar las cuatro rayas de rigor (a
perdonar el sentido coloquial). Pero antes de esta explicación con más rigor, me
había soltado que era “una petición sin mayor trascendencia, debido a que el
que llevaba eso era un pijo de mucho cuidado”.
Pero como quiero ser bien pensado, me limito a creer que el
funcionario se ciñe a lo que la ordenanza recoge y que no hace las cosas por
incordiar. Aunque vaya que sí fastidia el hecho de que se quiera complicar el
trámite.
Y aquí viene el ruego a los concejales de la oposición para
que eleven una propuesta de modificación. ¿No es más fácil, y menos gravoso
para el ciudadano, el que un técnico municipal gire visita a la casa del solicitante
y sobre la marcha compruebe si está o no en condiciones de que le concedan el
vado? Y de paso nos liberan el tener que pagar a un aparejador o arquitecto la
minuta correspondiente por el dichoso plano. Que es una pasta y la economía… ya
se sabe cómo está.
Lo mismo se me alega que no hay personal suficiente para tal
menester. O que el presupuesto no contempla la contratación. ¿Y sí la hay,
pregunto, para liberar a todos los concejales, enchufar personal de confianza
sin limitación alguna (otro desde el 1 de septiembre próximo pasado; este
malpensado ya había barruntado que desde que el de prácticas aterrizara en Palo
Blanco, carta libre para otra regleta), tener un director de seguridad que ha
eclipsado los paseos, móvil en ristre, de cierto personaje de años idos, y que
disfruta de un sueldo escandaloso?
A perdonar la extensión, pero es que estoy de un contento
subido. De haber dispuesto de un caballo –estoy en ello– me hubiese ido al hipódromo
a dar unas vueltas. O unos saltos. O a remojarme en la nueva piscina… Algo, en
suma, que me baje la calentura.
¡Ah!, lo mismo me dicen, a modo de justificación, que la
culpa es del Cabildo o del Gobierno de Canarias.

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