Se las trae la locución latina motu proprio, que significa, literalmente, ‘con movimiento propio’ y
que se usa con el sentido de ‘voluntariamente o por propia iniciativa’, se
escribe con r tras la segunda p y no va
precedida de las preposiciones de o por.
Escuchar “de motu propio” constituye el pan nuestro de cada
día. Conozco a cierto locutor radiofónico que es un as para meter la pata. Y en
esta primera ilustración del presente post pueden observar un elegante por (es
mucho más corriente el uso de la otra preposición: de) que no sé si se debe al
periodista que redacta la noticia de la dimisión del concejal lagunero o que
desde el gabinete de prensa se remitió la nota ya con el error incluido. Y siempre
me pregunto lo mismo: ¿para qué se utiliza? Si existen dudas, nuestra lengua es
tan rica en variables que siempre habrá una fórmula para salir del paso sin
necesidad de recurrir a latinismos, anglicismos, germanismos o la madre de
todos los ismos.
Calificado este asunto con el primer insuficiente, vayamos
al segundo. Se habrán percatado ustedes de que todo lo relacionado con la
erupción de La Palma gira en torno al vocablo que hoy nos concita: ayudas
insuficientes, casas insuficientes, compensaciones insuficientes, carreteras
insuficientes, conciertos insuficientes… ¿Se acuerdan de aquella unión, del
todos a una, cuando el volcán estaba escupiendo lava? Pues me pregunto si no
hubiese sido mejor que continuara la erupción, aunque más atenuada, hasta
después de celebradas las elecciones de mayo de 2023. Porque los disparos surgieron
como por arte de magia cuando cesó la expulsión de materiales incandescentes. Y
dado que no recuerdo (y ya tengo unos años) catástrofe natural en la que tan
rápidamente se hayan habilitado medidas para paliar daños y contratiempos, y
siendo consciente de que restituir la zona afectada a su estado original va a
ser completamente imposible, proceden, entiendo, menos quejas ante las administraciones
y ser capaces de pensar que ante la naturaleza desatada sucumbe cualquier esfuerzo
humano. Pero en el caos estábamos, o seguimos, cuando surge Fepeco, con su
ínclito jefe al frente, Óscar Izquierdo, para también demandar dinero público
que pase a engrosar las cuentas de las constructoras asociadas. Eso, a río
revuelto… Hace unos días, una señora bastante mayor se mostraba, en determinado
informativo televisivo, muy contenta con su nueva vivienda, aunque reconociendo
que como su casa anterior nada de nada. Y por la noche, en el mismo canal, era
su hija la que ponía el grito en el cielo, porque no había derecho y tal y
cual. ¿Habría hablado antes con la madre?
Siento que haya ido este comentario en plan docente y
recurrido a calificar este examen como no superado, es decir, insuficiente.
Reminiscencias, qué le vamos a hacer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario