miércoles, 23 de noviembre de 2022

Insuficiente

Creo que me vale este titular para los tres apartados de hoy. Porque si un servidor es capaz, ante cualquier duda, de consultar –que medios a nuestro alcance proliferan en Internet–, ¿cómo es posible que en las redacciones de los periódicos y en los gabinetes de prensa de los ayuntamientos parezca –dejémoslo así– no existir mayor preocupación?

Se las trae la locución latina motu proprio, que significa, literalmente, ‘con movimiento propio’ y que se usa con el sentido de ‘voluntariamente o por propia iniciativa’, se escribe con r tras la segunda p y no va precedida de las preposiciones de o por.

Escuchar “de motu propio” constituye el pan nuestro de cada día. Conozco a cierto locutor radiofónico que es un as para meter la pata. Y en esta primera ilustración del presente post pueden observar un elegante por (es mucho más corriente el uso de la otra preposición: de) que no sé si se debe al periodista que redacta la noticia de la dimisión del concejal lagunero o que desde el gabinete de prensa se remitió la nota ya con el error incluido. Y siempre me pregunto lo mismo: ¿para qué se utiliza? Si existen dudas, nuestra lengua es tan rica en variables que siempre habrá una fórmula para salir del paso sin necesidad de recurrir a latinismos, anglicismos, germanismos o la madre de todos los ismos.

Calificado este asunto con el primer insuficiente, vayamos al segundo. Se habrán percatado ustedes de que todo lo relacionado con la erupción de La Palma gira en torno al vocablo que hoy nos concita: ayudas insuficientes, casas insuficientes, compensaciones insuficientes, carreteras insuficientes, conciertos insuficientes… ¿Se acuerdan de aquella unión, del todos a una, cuando el volcán estaba escupiendo lava? Pues me pregunto si no hubiese sido mejor que continuara la erupción, aunque más atenuada, hasta después de celebradas las elecciones de mayo de 2023. Porque los disparos surgieron como por arte de magia cuando cesó la expulsión de materiales incandescentes. Y dado que no recuerdo (y ya tengo unos años) catástrofe natural en la que tan rápidamente se hayan habilitado medidas para paliar daños y contratiempos, y siendo consciente de que restituir la zona afectada a su estado original va a ser completamente imposible, proceden, entiendo, menos quejas ante las administraciones y ser capaces de pensar que ante la naturaleza desatada sucumbe cualquier esfuerzo humano. Pero en el caos estábamos, o seguimos, cuando surge Fepeco, con su ínclito jefe al frente, Óscar Izquierdo, para también demandar dinero público que pase a engrosar las cuentas de las constructoras asociadas. Eso, a río revuelto… Hace unos días, una señora bastante mayor se mostraba, en determinado informativo televisivo, muy contenta con su nueva vivienda, aunque reconociendo que como su casa anterior nada de nada. Y por la noche, en el mismo canal, era su hija la que ponía el grito en el cielo, porque no había derecho y tal y cual. ¿Habría hablado antes con la madre?

Y el último insuficiente –rozando casi el muy deficiente– para los ayuntamientos de Yaiza y Tinajo, amén del Cabildo de Lanzarote. Y en caso de que procediese –me pierdo en el ámbito competencial– también al Gobierno de Canarias. Porque si vas a la Isla de los Volcanes y no quieres entrar a las Montañas del Fuego –un servidor ha realizado tantas veces el recorrido en la guagua y contemplado los chorros de vapor de agua y las aulagas (si no se trata de esta planta, a corregirme) ardiendo, que ya no le apetece repetir– te tienes que fastidiar y hacer cola (como en la TF-5) porque se arma tremendo guirigay todos los días de la semana. Y le estamos cortando el cuello (cogote, en canario) a la gallina que vino a ponernos los huevos ¿de oro? Porque el Parque Nacional está sobrexplotado y lo mismo Timanfaya recurre a la historia y nos vuelve a mostrar el tremendo poderío que esgrimió allá por 1730. Pronto han pasado los lamentos de la pandemia de la Covid y vuelto al redil del más y más. ¿Hasta cuándo? Creo que si César pudiera levantar la cabeza, alzaría su voz para poner freno ante tanto despropósito. Y que no me digan lo de vivimos del turismo. Como me espetó uno de los operarios que se pusieron a controlar el tráfico semanas atrás cuando pasé por allí en dos ocasiones y le indiqué que yo no iba a entrar sino a seguir carretera adelante. Atribuyéndose competencias que no tiene y que le puede acarrear cualquier día más de un disgusto. Menos mal que soy un turista (sí, tanto o más como el que entra en fila india) pacífico, porque si me llegase a portar como un camello en plan arisco, igual echo chispas y me sumo a los efluvios calurosos del paraje.

Siento que haya ido este comentario en plan docente y recurrido a calificar este examen como no superado, es decir, insuficiente. Reminiscencias, qué le vamos a hacer.

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