lunes, 28 de noviembre de 2022

Saltimbanquis

Como soy enemigo del lenguaje inclusivo, utilizo el vocablo para referirme a todos los que brincan de una formación política a otra sin el menor atisbo de arrepentimiento. Sin recato, sin vergüenza, sin una pizca de decencia (política). En lo personal, allá cada cual con sus procederes. Y como no sé si el uso acabará por imponer a la RAE el que dicte nuevas normas del particular, y como dudo, con firme convicción, de que la puesta en práctica de tales artificios lingüísticos venga a resolver la penosa lacra de la denominada violencia de género –ojalá–, vamos con un breve comentario de otra muesca.

Doña Coromoto Yanes, a quien no tengo el gusto de conocer, ni haber cruzado una sola palabra con ella durante el ejercicio de sus cargos públicos, alegó, hace un mes escaso, motivos personales para dar un portazo a su relación con Coalición Canaria (según leo, desde 1999) y ahí tienen el resultado: será la aspirante a la alcaldía icodense en el seno del Partido Popular. Es decir, se desgañitó durante 23 años sosteniendo las insalvables diferencias con los partidos de corte nacional por aquello del maltrato a las ínsulas, y ahora cae rendida a los pies de los azules.

Si han tenido a bien seguir la trayectoria de mis artículos a lo largo del tiempo, se percatarán de mis críticas a los procedimientos de Román Rodríguez en campañas anteriores cuando se dedicó a ir por Canarias en plan recolector de residuos o desechos. Aclaro: fichando a cuanto escindido, molesto, enfadado, incomodado, ofendido y etc. encontró a su paso.

Ahora, parece, le tocó el turno a Domínguez y a su pupilo Navarro. “Yo también nací en Venezuela”, debió señalarle Manolo a Cory, y, precisamente, siguió pensando –un suponer–, por la debacle realejera de CC, cuyos militantes se dieron navajazos –hemerotecas y redes sociales al canto–, llegué a ser alcalde del municipio. Así que tú tranquila, primero te incluimos como independiente y con el paso del tiempo, pelillos en San Marcos, o a la sombra del drago.

En algún lugar atisbé un pasaje de los saltimbanquis charlatanes y embaucadores de la plaza del mercado, amén de saltos mortales de trapecistas circenses. Muy buena definición para quienes medran en la cosa pública sin importarles un pimiento convicciones ideológicas. Y cómo les va a incumbir si, llana y simplemente, no las tienen. Son –deben ser– los principios de Groucho Marx.

El pasado 25 de octubre, Cory dejó el cargo de consejera del Cabildo –qué fríos son los sillones reservados a la oposición– y un mes después es alabada “por la valentía de dar el paso poniendo por delante de las siglas a los vecinos de Icod”. Eso ha largado el presidente insular popular, y también alcalde Santiago del Teide, hace escasos días. Que también sabe de pregones en mi pueblo.

¿Valentía? Disiento, pues entiendo que es todo lo contrario. Cobardes y arrastrados. O cuando menos muestran una caradura  impresionante. Y si los electores fuéramos más consecuentes que ellos, el castigo debería ser de órdago. Máxime cuando aún no han aterrizado en el nuevo aeropuerto y ya están proclamando que quieren “poner las personas en el centro de las políticas”. Cuánta generosidad. Lo malo es que el capítulo de los propósitos choca frontalmente con sus propias actitudes.

Que no, no malinterpretes mis renglones. Nada que objetar en el ámbito personal de cada cual. Puede, incluso, ser calificada como muy buena gente quien en su faceta política comete tales deslices. Pero, entiendo, ese mismo hecho hace poner en duda ciertos matices. Vamos, que se queda uno patinando, porque cuando eres capaz de llevar a cabo estos vaivenes en lo público, la reputación en lo privado se merma considerablemente. Me parece que es de cajón, aunque allá cada uno con sus interpretaciones.

De los dobletes escribiremos otro día. Porque ya son moneda corriente hasta en Podemos. Ver para creer. Cómo cambian los tiempos y del dicho al hecho hay muy fuerte cacho. Y también les ha dado por resaltar méritos académicos, supuestos o no, como fórmula de medrar en la política. Desde Pablo al último de la fila. Debe ser eso que ahora llaman currículum.

Ánimo, que mañana corremos el cacharro y pasado saludamos a diciembre. Hasta más ver.

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