viernes, 18 de noviembre de 2022

Si ellos están presentes

Mejor, si ellos hubiesen estado presentes. ¿Y a santo de qué viene? Recordemos cierto pasaje de tiempo atrás que difícilmente se me podrá borrar de la mente. Con toda la ilusión del mundo, un buen amigo se hallaba en puertas de parir su segunda criatura literaria: El legado. Y cometió la tremenda osadía de solicitar a Fidela Velázquez que le escribiera el prólogo. Y como el grupo de gobierno del ayuntamiento de mi pueblo había colaborado con las cuatro perras del quedar bien, al señor alcalde del entonces, el ínclito Manuel Domínguez, no le gustó que fuera la exalcaldesa de San Juan de la Rambla quien tuviera el honor de presentar dicha publicación en la Casa Municipal de la Cultura. Que, dicho sea de paso, es más mía que del actual diputado regional y mandamás pepero en las ínsulas. Pero que, como es tan cobarde, no fue capaz de llamar al autor y decirle en su cara tal canallada. Y le transmitió a su concejala de ¿cultura? que fuese ella la que obrara en consecuencia. Pero la susodicha –todo se pega– actuó de manera idéntica al jefe y le ordenó a la funcionaria de turno que llamase a Juan José González para que le indicase que “si ella (Fidela) iba a estar presente, ellos (equipo de gobierno) no acudirían al acto”. Tal cual.

Harto sabido es que desde Radio Realejos y cierta emisora local de televisión portuense se lanzaron dardos envenenados contra Fidela. Y la pusieron a caer de un burro. Pero como en la actualidad hasta el insulto es disimulado bajo el barniz de la libertad de expresión, cada cual es responsable de lo que dice o escribe. Pero que un cargo público –siquiera sea por el respeto institucional– se preste a entrar en tal sucio juego, es un hecho tan execrable, que debe ser condenado sin paliativo alguno.

El acto, tal y como ya estaba programado, se celebró porque al amigo creyó conveniente que todos no podían ser iguales. Y les dio fuerte cachetada a los maleducados e impresentables. Así que echado en cara el afer –para que más de uno despierte y entienda que no es oro todo lo que reluce en la Villa de Viera– te preguntarás a esta altura del relato qué demonios tiene que ver este lamentable episodio con la foto que ilustra este post, a saber, mi nuevo libro. Va la explicación:

Más de uno de los que lo han adquirido, y observada la contraportada, ha planteado las siguientes cuestiones: ¿Y no colaboró tu ayuntamiento? ¿No asistió nadie a la presentación en La Dehesa? ¿Cómo es posible que, incluso, el ayuntamiento orotavense se haya sumado al proyecto?

Empiezo por el final alegando que hablé con Linares –el consistorio villero ha participado en casi todas mis publicaciones– y a los cinco minutos de conversa ya había manifestado la intención de echar una mano. Entre otras cosas porque se imprimió en Tipografía García, empresa perdomera. Y aunque no me correspondió el capítulo de contactar con empresas e instituciones para buscar los dineros, me sentí en la obligación de echar una mano, en aportar con lo que estuviese a mi alcance, y no solo en la redacción de las 305 páginas de Un siglo, que no es poco.

Pero también te digo que no acudí al ayuntamiento de mi pueblo. Hay algo que se llama dignidad que no pienso mancillarla por un par de cientos de euros. Que suele ser la espléndida y generosa contribución de “mi” ayuntamiento en este tipo de actividades. Si no te espetan, directamente, que la partida está agotada. Esta, que no la de publicidad y propaganda, amén de la manirrota de sueldos, dietas y cuchipandas varias (incluyan las sesiones fotográficas).

Tampoco los invité al acto de la presentación. Porque si ellos hubieran (o hubiesen) estado presentes, comprenderás que mi estado de ánimo habría decaído muchos enteros. Y lo mismo les podría haber espetado en sus narices el pasaje que antes te relaté.

Hombre, pero Manolo ya no está. Sí, mas nada ha cambiado, todo sigue igual. Estos herederos del postureo, ni mejoran ni dan muestras de otros procederes. Los realejeros –tanto o más que ellos– que abierta y públicamente confesamos que no les votamos, estamos proscritos, somos personas non gratas. Cuánto orgullo. Repito, todos no somos iguales, afortunadamente.

Y como no me vendo por unos cochinos doscientos euros, prefiero apoquinarlos de mi pensión que sujetar mi vida a dictados ajenos. Por ello, yo compré mi ejemplar. Y me siento libre como el viento. ¿Y en futuros proyectos? Ya se verá, como le decía cierta madre a su hija cuando le pedía permiso para ir al cine.

Concluyo: Gracias, Fidela, por tu asistencia a la Sociedad Valle de Taoro y acompañarme en tan entrañable acto. Gracias, concejales socialistas realejeros por acudir al reclamo de la invitación efectuada. Y gracias miles, familiares, amigos y conocidos, por llenar el salón del Casino este pasado viernes. Disculpados quedan quienes no hallaron aparcamiento o no subieron a la planta alta por encontrarse llena o por temor –aún restan rescoldos– a las cercanías en tiempos pospandémicos. Y sin aún no tienes un ejemplar, cómpralo por menos de la mitad de un décimo de lotería y el premio lo tienes asegurado.

Feliz fin de semana.

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