Harto sabido es que desde Radio Realejos y cierta emisora
local de televisión portuense se lanzaron dardos envenenados contra Fidela. Y
la pusieron a caer de un burro. Pero como en la actualidad hasta el insulto es
disimulado bajo el barniz de la libertad de expresión, cada cual es responsable
de lo que dice o escribe. Pero que un cargo público –siquiera sea por el
respeto institucional– se preste a entrar en tal sucio juego, es un hecho tan
execrable, que debe ser condenado sin paliativo alguno.
El acto, tal y como ya estaba programado, se celebró porque
al amigo creyó conveniente que todos no podían ser iguales. Y les dio fuerte
cachetada a los maleducados e impresentables. Así que echado en cara el afer
–para que más de uno despierte y entienda que no es oro todo lo que reluce en
la Villa de Viera– te preguntarás a esta altura del relato qué demonios tiene
que ver este lamentable episodio con la foto que ilustra este post, a saber, mi
nuevo libro. Va la explicación:
Más de uno de los que lo han adquirido, y observada la contraportada,
ha planteado las siguientes cuestiones: ¿Y no colaboró tu ayuntamiento? ¿No
asistió nadie a la presentación en La Dehesa? ¿Cómo es posible que, incluso, el
ayuntamiento orotavense se haya sumado al proyecto?
Empiezo por el final alegando que hablé con Linares –el
consistorio villero ha participado en casi todas mis publicaciones– y a los
cinco minutos de conversa ya había manifestado la intención de echar una mano. Entre
otras cosas porque se imprimió en Tipografía García, empresa perdomera. Y
aunque no me correspondió el capítulo de contactar con empresas e instituciones
para buscar los dineros, me sentí en la obligación de echar una mano, en
aportar con lo que estuviese a mi alcance, y no solo en la redacción de las 305
páginas de Un siglo, que no es poco.
Pero también te digo que no acudí al ayuntamiento de mi
pueblo. Hay algo que se llama dignidad que no pienso mancillarla por un par de
cientos de euros. Que suele ser la espléndida y generosa contribución de “mi”
ayuntamiento en este tipo de actividades. Si no te espetan, directamente, que
la partida está agotada. Esta, que no la de publicidad y propaganda, amén de la
manirrota de sueldos, dietas y cuchipandas varias (incluyan las sesiones
fotográficas).
Tampoco los invité al acto de la presentación. Porque si
ellos hubieran (o hubiesen) estado presentes, comprenderás que mi estado de
ánimo habría decaído muchos enteros. Y lo mismo les podría haber espetado en
sus narices el pasaje que antes te relaté.
Hombre, pero Manolo ya no está. Sí, mas nada ha cambiado,
todo sigue igual. Estos herederos del postureo, ni mejoran ni dan muestras de
otros procederes. Los realejeros –tanto o más que ellos– que abierta y
públicamente confesamos que no les votamos, estamos proscritos, somos personas
non gratas. Cuánto orgullo. Repito, todos no somos iguales, afortunadamente.
Y como no me vendo por unos cochinos doscientos euros,
prefiero apoquinarlos de mi pensión que sujetar mi vida a dictados ajenos. Por
ello, yo compré mi ejemplar. Y me siento libre como el viento. ¿Y en futuros
proyectos? Ya se verá, como le decía cierta madre a su hija cuando le pedía
permiso para ir al cine.
Concluyo: Gracias, Fidela, por tu asistencia a la Sociedad
Valle de Taoro y acompañarme en tan entrañable acto. Gracias, concejales
socialistas realejeros por acudir al reclamo de la invitación efectuada. Y
gracias miles, familiares, amigos y conocidos, por llenar el salón del Casino
este pasado viernes. Disculpados quedan quienes no hallaron aparcamiento o no
subieron a la planta alta por encontrarse llena o por temor –aún restan rescoldos–
a las cercanías en tiempos pospandémicos. Y sin aún no tienes un ejemplar,
cómpralo por menos de la mitad de un décimo de lotería y el premio lo tienes
asegurado.
Feliz fin de semana.

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