lunes, 12 de diciembre de 2022

Cementerio de Realejo Alto

Un servidor, maestro de escuela jubilado, se limita a transcribir aquellos retazos periodísticos que cree interesantes. Dejo en manos de los historiadores del pueblo cuantas aclaraciones sean menester al respecto. Y aprovecho para recordarles –porque sé que me leen– que solo cuatro de ellos me han comprado un libro que también es historia. No esperen a que se los regale el ayuntamiento de la Villa Histórica (por el capítulo dedicado a don Sabas Pérez Correa y su estrecha relación con el núcleo de Icod el Alto) porque no lo va a hacer. Le pueden poner el cuño. Aunque no estén proscritos, como algunos que aún elevamos la voz para expresar un derecho constitucional (artículo 20).

Dicho (escrito) lo cual, y algo más desahogado, vamos con un comunicado de un vecino realejero, quien, 185 años atrás, se quejaba del estado del cementerio municipal. ¿El ubicado donde hoy se halla la Plaza de la Unión, frente a la actual biblioteca, donde en la foto se aprecian unos cipreses? Lo mismo tengo suerte y Jerónimo David, Germán, Javier o Miguel Ángel me indican algo del particular. ¿Y por qué estos y no otros? ¡Ah!, vuelve al párrafo anterior. ¿Lo cogiste?

Pues sí, en El Atlante (Santa Cruz de Tenerife), 25 de abril de 1837, páginas 2 y 3, podemos leer:

Comunicado.

Sres. Editores del Atlante: si Vds. consideran de alguna utilidad el siguiente comunicado espero le den cabida en su apreciable periódico.

Los establecimientos que tienen intima relación con la salud pública, con los sentimientos de la piedad cristiana, y con el honor y decoro de los Pueblos, son tan sagrados, que sería un crimen afrentoso mirarlos con indiferencia; así como sería vano y temerario empeño sostener, sin extrema necesidad, lo que se opone á estos sagrados respetos.

Sobre estas bases se afirman los imperios, y si se atropellan y confunden hasta los cimientos de la tierra se conmueven. A vista de estos principios no me admiro de ver la resistencia, el odio implacable y horror con que algunas personas deI Realejo de arriba miran su Cementerio provisional, ó mas bien diré; corral inmundo: me admiraría si, de que lo mirasen con indiferencia y de que fuesen insensatos é insensibles.

Los efectos de la corrupción dentro y fuera de poblado son perniciosos, inficionan el aire, y pueden exponer se conseguiría con echar los muertos al campo, si no se asegura por todos los medios posibles la vida, la salud, y el bienestar de los vivos; con este motivo está mandado retirar de la población los Cementerios, y sería tan vana, como infructuosa y superflua la observancia del reglamento, en una de sus partes, y no en el todo; y habiendo marcado la autoridad local y párrocos un sitio, sin dictamen de médicos doctos, á diez varas de distancia de la Iglesia en el centro de la población, por que hayan apartado los muertos de los vivos, porque hayan privado á los hijos de los sepulcros de sus padres, y á los fieles del lugar santo en que yacían jusgarán que han llenado su deber.

La erección de Cementerios no es proyecto solamente civil, ni tampoco solo eclesiástico, pertenece á ambas autoridades; y obrando de consuno, sobran los medios para erigirlos, y el poder para remover los obstáculos; de aquí el que el Ayuntamiento y Párrocos del Realejo de arriba podían promover la formación de su Cementerio, mas no debían separarse de las ritualidades prevenidas en los estatutos y reglamentos conforme á lo dispuesto en el Pontifical romano, y Reales órdenes de S. M. porque si se manda por estos haya Cementerios, también se prohiben sin aquellos requisitos. Valga la verdad, el corral de paredes secas y rasas á la tierra construido en el Realejo de arriba sin extrema necesidad; en medio de poblado, y al aire de un barranco, que encanutado corre a la población inmediata no sirve sino para infestarnos; y como con el propósito de preservar los pueblos señalaron los físicos los requisitos ordenados para los Cementerios y con consulta y presencia de estos han expedido los Reyes sus decretos, los Obispos sus exortaciones, los Médicos sus resoluciones, informes, y consejos para prestar a los vivos y muertos seguridad y consuelo, juzgo que las autoridades principales de la Provincia tomarán conocimiento de su localidad y estado, y dictarán las providencias que estimen conformes.

Los que mueren, SS. Curas Párrocos, es cierto, no necesitan domicilio en la tierra, sino habitar en los Cielos, pero los vivos necesitamos consuelo, honor, y conservación, y los fieles mostrar la piedad que la Religión les enseña, y los nobles y piadosos sentimientos, que les han dejado sus padres. Los Cementerios deben tener un lugar distinguido, por que son monumentos que respiran virtudes cristianas. La morada que para los muertos se edifica, para los vivos se prepara, y el honor que les demos, será muy agradable. No hay Nación ni Religión que no mire el respeto de los cadáveres como un deber sagrado y religioso, porque han sido domicilios de una alma racional, templos vivos de Dios, que esperan la venida del supremo Juez, la resurrección, la vida y gloria de los Santos y como en los Cementerios yacen los que han vivido practicando las virtudes que no se diga que se les prepara un lugar de ignominia sino un ornamento de honor y de gloria.

Queda de Vds. afectísimo Servidor Q.B.S.M. Un realejero.

Y ahora, 2022, se impone, entiendo, una instalación supramunicipal (Valle de la Orotava, verbigracia), crematorio incluido. Pero, me da, seguimos mirándonos el ombligo y dispersión de chiringuitos. Y eso que llegaron a estar regidos los tres municipios bajo unas mismas siglas políticas. Lo de un único pueblo llamado Valle de Taoro seguirá siendo una utopía (in sécula seculórum).

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