Dicho (escrito) lo cual, y algo más desahogado, vamos con un
comunicado de un vecino realejero, quien, 185 años atrás, se quejaba del estado
del cementerio municipal. ¿El ubicado donde hoy se halla la Plaza de la Unión,
frente a la actual biblioteca, donde en la foto se aprecian unos cipreses? Lo
mismo tengo suerte y Jerónimo David, Germán, Javier o Miguel Ángel me indican algo del
particular. ¿Y por qué estos y no otros? ¡Ah!, vuelve al párrafo anterior. ¿Lo
cogiste?
Pues sí, en El
Atlante (Santa Cruz de Tenerife), 25 de abril de 1837, páginas 2 y 3,
podemos leer:
Comunicado.
Sres. Editores del
Atlante: si Vds. consideran de alguna utilidad el siguiente comunicado espero
le den cabida en su apreciable periódico.
Los establecimientos
que tienen intima relación con la salud pública, con los sentimientos de la
piedad cristiana, y con el honor y decoro de los Pueblos, son tan sagrados, que
sería un crimen afrentoso mirarlos con indiferencia; así como sería vano y
temerario empeño sostener, sin extrema necesidad, lo que se opone á estos
sagrados respetos.
Sobre estas bases se
afirman los imperios, y si se atropellan y confunden hasta los cimientos de la
tierra se conmueven. A vista de estos principios no me admiro de ver la
resistencia, el odio implacable y horror con que algunas personas deI Realejo
de arriba miran su Cementerio provisional, ó mas bien diré; corral inmundo: me
admiraría si, de que lo mirasen con indiferencia y de que fuesen insensatos é
insensibles.
Los efectos de la
corrupción dentro y fuera de poblado son perniciosos, inficionan el aire, y
pueden exponer se conseguiría con echar los muertos al campo, si no se asegura
por todos los medios posibles la vida, la salud, y el bienestar de los vivos;
con este motivo está mandado retirar de la población los Cementerios, y sería
tan vana, como infructuosa y superflua la observancia del reglamento, en una de
sus partes, y no en el todo; y habiendo marcado la autoridad local y párrocos
un sitio, sin dictamen de médicos doctos, á diez varas de distancia de la
Iglesia en el centro de la población, por que hayan apartado los muertos de los
vivos, porque hayan privado á los hijos de los sepulcros de sus padres, y á los
fieles del lugar santo en que yacían jusgarán que han llenado su deber.
La erección de
Cementerios no es proyecto solamente civil, ni tampoco solo eclesiástico, pertenece
á ambas autoridades; y obrando de consuno, sobran los medios para erigirlos, y
el poder para remover los obstáculos; de aquí el que el Ayuntamiento y Párrocos
del Realejo de arriba podían promover la formación de su Cementerio, mas no debían
separarse de las ritualidades prevenidas en los estatutos y reglamentos
conforme á lo dispuesto en el Pontifical romano, y Reales órdenes de S. M.
porque si se manda por estos haya Cementerios, también se prohiben sin aquellos
requisitos. Valga la verdad, el corral de paredes secas y rasas á la tierra
construido en el Realejo de arriba sin extrema necesidad; en medio de poblado,
y al aire de un barranco, que encanutado corre a la población inmediata no
sirve sino para infestarnos; y como con el propósito de preservar los pueblos
señalaron los físicos los requisitos ordenados para los Cementerios y con
consulta y presencia de estos han expedido los Reyes sus decretos, los Obispos
sus exortaciones, los Médicos sus resoluciones, informes, y consejos para
prestar a los vivos y muertos seguridad y consuelo, juzgo que las autoridades
principales de la Provincia tomarán conocimiento de su localidad y estado, y
dictarán las providencias que estimen conformes.
Los que mueren, SS.
Curas Párrocos, es cierto, no necesitan domicilio en la tierra, sino habitar en
los Cielos, pero los vivos necesitamos consuelo, honor, y conservación, y los
fieles mostrar la piedad que la Religión les enseña, y los nobles y piadosos
sentimientos, que les han dejado sus padres. Los Cementerios deben tener un
lugar distinguido, por que son monumentos que respiran virtudes cristianas. La
morada que para los muertos se edifica, para los vivos se prepara, y el honor
que les demos, será muy agradable. No hay Nación ni Religión que no mire el
respeto de los cadáveres como un deber sagrado y religioso, porque han sido domicilios
de una alma racional, templos vivos de Dios, que esperan la venida del supremo
Juez, la resurrección, la vida y gloria de los Santos y como en los Cementerios
yacen los que han vivido practicando las virtudes que no se diga que se les
prepara un lugar de ignominia sino un ornamento de honor y de gloria.
Queda de Vds. afectísimo
Servidor Q.B.S.M. Un realejero.
Y ahora, 2022, se impone, entiendo, una instalación
supramunicipal (Valle de la Orotava, verbigracia), crematorio incluido. Pero,
me da, seguimos mirándonos el ombligo y dispersión de chiringuitos. Y eso que
llegaron a estar regidos los tres municipios bajo unas mismas siglas políticas.
Lo de un único pueblo llamado Valle de Taoro seguirá siendo una utopía (in
sécula seculórum).

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