En las notas del Registro Civil (página 1) se daba cuenta
del fallecimiento de una niña de 2 años, Concepción Plasencia Pérez, a causa de
unas diarreas.
En su página 2: La
escuela gratuita establecida hace poco en el barrio de la Ranilla del Puerto de
la Cruz, de cuya inauguración nos ocupamos oportunamente, cuenta ya con 72
alumnos y está provista de mapas y otros muchos enseres indispensables para la
enseñanza, donados por varios socios.
Y como estamos inmersos en la compra de los décimos
navideños, este recordatorio:
El Director General
del Tesoro público, telegrafía al Sr. Delegado de Hacienda, advirtiéndole que
se han agotado los billetes de Lotería del sorteo de Navidad, para que los
administradores del Ramo se abstengan de hacer pedidos.
Aquí, pues, se han
quedado sin jugar este año muchos de los aficionados, pues ó vinieron menos
billetes que de costumbre ó ha aumentado el número de los jugadores.
Dicen que martes y trece es sinónimo de mala suerte. Es lo
que le ocurrió a un tal Benito en Burgos. O, quizás, algo más grave aún, porque
en la página 3 del periódico que venimos ojeando, y bajo el titular de Parricidio
horrible, esta macabra crónica:
Hace tres días se
descubrió, gracias á las activas pesquisas practicadas por el cabo de la
Guardia civil de Cueva de San Clemente Francisco Arbaizar, un crimen espantoso
cometido en agosto de 1891 , y que ha causado, al saberse, una impresión
horrible.
Antecedentes. En
Revilla del Campo, pueblo cercano á esta capital, vivía el labrador Benito.
Vivían en dicho pueblo
el labrador Benito Garrido, su mujer Felisa Gil y la madre de ésta Juliana
Canez.
En agosto de 1891
desapareció Benito; pero el padre de éste, que es vecino de Urones, llegó á
sospechar que la desaparición de su hijo era debida á algún crimen y comunicó
sus sospechas á la Guardia civil, que empezó á practicar diligencias en
averiguación de lo sucedido.
El resultado de las
pesquisas de la benemérita ha confirmado las sospechas del padre de Benito
Garrido. En la cuadra de la casa donde éste vivía se descubrió el 22 del actual
una fosa que contenía restos humanos.
Declaración de la
suegra. Interrogada acerca del particular la suegra de Benito Garrido,
respondió primero con evasivas, pero después lo confesó todo, dando espantosos
detalles del crimen.
Ha dicho que, á
consecuencia de una disputa, ella fué quien mató á su yerno dándole en la
cabeza un palo que le causó instantánea muerte.
Inmediatamente después
ella y su hija condujeron el cadáver á la cuadra, abrieron la fosa y le dieron
sepultura.
En la declaración de
Juliana hay un detalle que da horror. Ha manifestado que no cabiendo en la fosa
el cadáver del infeliz Benito Garrido, le cortaron las piernas con un hacha.
Como fué el crimen.
Declaración de Felisa.
En contradicción con
lo manifestado á la Guardia civil por la suegra del interfecto Benito Garrido ,
ha declarado la viuda de éste, Felisa Gil, diciendo que la muerte de su esposo
fué producida por un hachazo que le dio en la cabeza su madre (la suegra de
Benito).
El crimen se cometió á
las doce y media del día 9 de agosto de 1891, y Benito Gil recibió el hachazo
cuando estaba descuidado y tranquilamente sentado en la cocina. Ha añadido
Felisa en su declaración que ella salió de la cocina antes de que su marido
recibiera el golpe, por no tener valor para presenciar el acto que su madre se
disponía á ejecutar cuando Benito estuviera descuidado.
Según la declaración
de Felisa, ella y su madre habían preparado el crimen ocho días antes de aquel
en que fué cometido.
Respecto á los móviles
que la impulsaron á cometer el criminal atentado, ha dicho que les era
insoportable la presencia de Benito Garrido, porque éste les daba malos
tratamientos.
El cadáver en ocho
pedazos. Luego de muerto Benito, Felisa y su madre condujeron el cadáver á
la cuadra, donde le enterraron después de haberle cortado á hachazos las
piernas por no caber en la fosa que habían abierto, y en la que permaneció
parte del mutilado cadáver hasta los primeros días del corriente mes, que lo
trasladaron al monte Berzel, situado en las inmediaciones del pueblo, donde
depositaron los restos en varios sitios.
Personados en el monte
la Guardia civil, algunos vecinos de Revilla y la mujer del desventurado Benito
Garrido, indicó Felisa los ocho puntos en que estaban enterrados los restos de
su marido.
Los restos fueron
hallados, en efecto, en los sitios marcados por Felisa y puestos á disposición
del juzgado.
La Guardia civil.
El fiscal de esta Audiencia ha dado personalmente las gracias al cabo de la
Guardia civil del puesto de Cuevas por la actividad y el acierto con que él y
la fuerza que manda han llevado á cabo el descubrimiento de tan repugnante
crimen.
Y para concluir, una estrofilla, también inserta en la
citada página 3, que ponía colofón al relato de las desgracias sufridas por
grandes figuras del saber (literatos, pintores, filósofos…):
Antigua la moda es: / á
los sabios y á los justos / los matamos á disgustos / para ensalzarlos después.

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