martes, 13 de diciembre de 2022

Martes y trece

Es hoy, claro. Pero también lo fue en el año 1892 (130 años atrás). Y Diario de Tenerife (periódico de intereses generales, noticias y anuncios), editado en Santa Cruz, en el ejemplar de aquel 13 de diciembre del año reseñado (año VII, número 1829), nos recordaba que veía la luz todos los días, excepto domingos y fiestas de gran solemnidad. La suscripción mensual se elevaba a la nada despreciable cantidad de 2 pesetas y si se adquiría un ejemplar suelto, 10 céntimos, es decir, una perra.

En las notas del Registro Civil (página 1) se daba cuenta del fallecimiento de una niña de 2 años, Concepción Plasencia Pérez, a causa de unas diarreas.

En su página 2: La escuela gratuita establecida hace poco en el barrio de la Ranilla del Puerto de la Cruz, de cuya inauguración nos ocupamos oportunamente, cuenta ya con 72 alumnos y está provista de mapas y otros muchos enseres indispensables para la enseñanza, donados por varios socios.

Y como estamos inmersos en la compra de los décimos navideños, este recordatorio:

El Director General del Tesoro público, telegrafía al Sr. Delegado de Hacienda, advirtiéndole que se han agotado los billetes de Lotería del sorteo de Navidad, para que los administradores del Ramo se abstengan de hacer pedidos.

Aquí, pues, se han quedado sin jugar este año muchos de los aficionados, pues ó vinieron menos billetes que de costumbre ó ha aumentado el número de los jugadores.

Dicen que martes y trece es sinónimo de mala suerte. Es lo que le ocurrió a un tal Benito en Burgos. O, quizás, algo más grave aún, porque en la página 3 del periódico que venimos ojeando, y bajo el titular de Parricidio horrible, esta macabra crónica:

Hace tres días se descubrió, gracias á las activas pesquisas practicadas por el cabo de la Guardia civil de Cueva de San Clemente Francisco Arbaizar, un crimen espantoso cometido en agosto de 1891 , y que ha causado, al saberse, una impresión horrible.

Antecedentes. En Revilla del Campo, pueblo cercano á esta capital, vivía el labrador Benito.

Vivían en dicho pueblo el labrador Benito Garrido, su mujer Felisa Gil y la madre de ésta Juliana Canez.

En agosto de 1891 desapareció Benito; pero el padre de éste, que es vecino de Urones, llegó á sospechar que la desaparición de su hijo era debida á algún crimen y comunicó sus sospechas á la Guardia civil, que empezó á practicar diligencias en averiguación de lo sucedido.

El resultado de las pesquisas de la benemérita ha confirmado las sospechas del padre de Benito Garrido. En la cuadra de la casa donde éste vivía se descubrió el 22 del actual una fosa que contenía restos humanos.

Declaración de la suegra. Interrogada acerca del particular la suegra de Benito Garrido, respondió primero con evasivas, pero después lo confesó todo, dando espantosos detalles del crimen.

Ha dicho que, á consecuencia de una disputa, ella fué quien mató á su yerno dándole en la cabeza un palo que le causó instantánea muerte.

Inmediatamente después ella y su hija condujeron el cadáver á la cuadra, abrieron la fosa y le dieron sepultura.

En la declaración de Juliana hay un detalle que da horror. Ha manifestado que no cabiendo en la fosa el cadáver del infeliz Benito Garrido, le cortaron las piernas con un hacha.

Como fué el crimen. Declaración de Felisa.

En contradicción con lo manifestado á la Guardia civil por la suegra del interfecto Benito Garrido , ha declarado la viuda de éste, Felisa Gil, diciendo que la muerte de su esposo fué producida por un hachazo que le dio en la cabeza su madre (la suegra de Benito).

El crimen se cometió á las doce y media del día 9 de agosto de 1891, y Benito Gil recibió el hachazo cuando estaba descuidado y tranquilamente sentado en la cocina. Ha añadido Felisa en su declaración que ella salió de la cocina antes de que su marido recibiera el golpe, por no tener valor para presenciar el acto que su madre se disponía á ejecutar cuando Benito estuviera descuidado.

Según la declaración de Felisa, ella y su madre habían preparado el crimen ocho días antes de aquel en que fué cometido.

Respecto á los móviles que la impulsaron á cometer el criminal atentado, ha dicho que les era insoportable la presencia de Benito Garrido, porque éste les daba malos tratamientos.

El cadáver en ocho pedazos. Luego de muerto Benito, Felisa y su madre condujeron el cadáver á la cuadra, donde le enterraron después de haberle cortado á hachazos las piernas por no caber en la fosa que habían abierto, y en la que permaneció parte del mutilado cadáver hasta los primeros días del corriente mes, que lo trasladaron al monte Berzel, situado en las inmediaciones del pueblo, donde depositaron los restos en varios sitios.

Personados en el monte la Guardia civil, algunos vecinos de Revilla y la mujer del desventurado Benito Garrido, indicó Felisa los ocho puntos en que estaban enterrados los restos de su marido.

Los restos fueron hallados, en efecto, en los sitios marcados por Felisa y puestos á disposición del juzgado.

La Guardia civil. El fiscal de esta Audiencia ha dado personalmente las gracias al cabo de la Guardia civil del puesto de Cuevas por la actividad y el acierto con que él y la fuerza que manda han llevado á cabo el descubrimiento de tan repugnante crimen.

Y para concluir, una estrofilla, también inserta en la citada página 3, que ponía colofón al relato de las desgracias sufridas por grandes figuras del saber (literatos, pintores, filósofos…):

Antigua la moda es: / á los sabios y á los justos / los matamos á disgustos / para ensalzarlos después.

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