lunes, 19 de diciembre de 2022

La chapuza de Los Cuartos

Hace unos años, cuando se llevaron a cabo las obras para la zona comercial abierta de La Longuera, no se aprovechó la completa remodelación de la vía –en aquel entonces de competencia insular; hoy ya forma parte del viario municipal– para que los vecinos se conectaran con la red de saneamiento. Ello significa que aún la mayoría de viviendas vierte sus aguas fecales a un pozo absorbente. Como toda esa porquería queda fuera de nuestro campo de visión, la galería de Los Beltranes y los nacientes costeros –ahí está la elevación del Callao de Méndez, por donde estuvo el Charco de las Lisas y que en la actualidad continúa constituyendo una pocilga debajo de la Romántica II–, entre ellos uno en la propia playa de Los Roques que seguirá sirviendo de ducha, imagínense ustedes lo bien abonadas que quedarán las aguas. Eso sí, el ayuntamiento cobra religiosamente la tasa de alcantarillado. Ojos que no ven…

Y uno se pregunta si entre la plantilla de funcionarios no habrá alguno que levante la voz para señalar la conveniencia de que cuando se ejecute una obra, se lleve a cabo una planificación tal que acometa de una vez por todas las necesidades y no se estén poniendo parches cada equis tiempo. Porque si los técnicos solo están para pedir planos al vecino que desea solicitar una licencia para un vado permanente, y no para echar una mano al político en sus decisiones, aviados vamos.

La semana pasada se abrió de nuevo al tráfico el Callejón de los Cuartos tras cinco meses de vueltas por el pueblo y colapsos en cada esquina. Por el que pasé caminando varias veces mientras se realizaba la instalación del colector de aguas residuales, obra enmarcada en el proyecto global de remodelación y ejecución del saneamiento en el Valle de la Orotava.

Y vuelvo al planteamiento inicial. Uno piensa que el Ministerio de Transición Ecológica, aunque en convenio con el Cabildo y Consejo Insular de Aguas, y financiación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, como responsable de este gran, y muy necesario, proyecto, lo habrá puesto en conocimiento de las instituciones locales implicadas con antelación más que suficiente. Es más, lo creo con total convencimiento. Y que esos comunicados se hallaban en la Avenida de Canarias desde muchísimo antes. Por lo que bien se pudo tener preparado, para ejecutar simultáneamente, otro proyecto de vital importancia: la recogida de las aguas pluviales. Porque en cuanto vuelvan a caer unos buenos aguaceros, la barranquera de Los Cuartos inundará las redes sociales en vídeos y fotografías. Y seguiremos en las mismas. ¿Cargaremos culpas en otras administraciones como siempre? ¿Daremos instrucciones a los palmeros de turno para que canten aquello de qué buenos son los de aquí y qué malos los de fuera?

Espero no se me alegue en descargo que no había dinero. De superávits seguimos presumiendo. Con los que se incrementan considerablemente las partidas de publicidad y propaganda. Basta con echar una visual a las fotos de los concejales del grupo de gobierno con carteles cada tres por dos. O jactándose de nombramientos de policías, cuando en realidad, con todos los que se han jubilado, cada vez hay menos. Cuando corran piedras y restos de toda condición por Los Cuartos, vayan los quince (con asesores, gabinete de prensa, fotógrafos  y Marrón) a ponerse por debajo del pabellón a ver si paran las riadas. Es que no tienen vergüenza.

Los concejales socialistas, ahora en la oposición, se lamentan –y se congratulan, a la vez– de que rechazan sus propuestas en las sesiones plenarias para, meses o años después, tomarlas como propias el PP para lucir palmito. Y uno, intentando ser lo más objetivo posible aun en el contexto de un artículo de opinión, cree que tienen más razón que un santo. Por ello, rogaría acepten mi humilde consejo, y les encomendaría que se adelanten a los acontecimientos y vayan incluyendo en su programa electoral las siguientes cuestiones: señales horizontales en las urbanizaciones para indicar límites de velocidad; adecuación de la señalización vertical existente (pobre, pero menos da una piedra); colocar las placas con el nombre de la calles en soportes adecuados; arreglo de las tapas de alcantarillado (donde exista) porque los conciertos musicales son de… re(pelús) sostenido; revisión de todas las ordenanzas (ya saben cuál me afecta; vale, y a otros que, como yo, han renunciado)… Pero, claro, sin Plan General de Ordenación, ¿a dónde vamos? ¿A soltar boberías en los medios por la salida del Patronato? ¿A seguir mareando la perdiz con un enlace desde La Gañanía a la autovía por La Higuerita? ¿A resolver el conflicto de entrada y salida por Los Barros? ¿A solventar el caos de San Vicente? ¿A sortear baches, badenes y socavones en la parte baja de El Toscal? ¿A buscar una solución al Bosque y casas aledañas?

Dejen hipódromos, piscinas, casonas históricas, auditorios… que ya volverán a tener cabida en arbolitos de navidad. Pero tranquilos, gobernantes, este pueblo presenta raros síntomas olvidadizos y sabe correr tupido velo a la perfección. Unas fogaleras de historias (más bien cuentos) y al redil cual rebaño obediente. Nos han contagiado con el postureo. Y la vanidad se adueñó de plazas y rincones. Viva el vino. ¿El valor de un voto?

Bétete porai; no ves que estoy flipando con el chute mañanero, cara güevo; chacho, todas las mañanas con el mismo royo, colega, que entodavía tengo el encefalograma dormido… Mira que te denuncio por acoso laboral, y tal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario