Y uno se pregunta si entre la plantilla de funcionarios no
habrá alguno que levante la voz para señalar la conveniencia de que cuando se
ejecute una obra, se lleve a cabo una planificación tal que acometa de una vez
por todas las necesidades y no se estén poniendo parches cada equis tiempo.
Porque si los técnicos solo están para pedir planos al vecino que desea
solicitar una licencia para un vado permanente, y no para echar una mano al
político en sus decisiones, aviados vamos.
La semana pasada se abrió de nuevo al tráfico el Callejón de
los Cuartos tras cinco meses de vueltas por el pueblo y colapsos en cada
esquina. Por el que pasé caminando varias veces mientras se realizaba la
instalación del colector de aguas residuales, obra enmarcada en el proyecto
global de remodelación y ejecución del saneamiento en el Valle de la Orotava.
Y vuelvo al planteamiento inicial. Uno piensa que el
Ministerio de Transición Ecológica, aunque en convenio con el Cabildo y Consejo
Insular de Aguas, y financiación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, como
responsable de este gran, y muy necesario, proyecto, lo habrá puesto en
conocimiento de las instituciones locales implicadas con antelación más que
suficiente. Es más, lo creo con total convencimiento. Y que esos comunicados se
hallaban en la Avenida de Canarias desde muchísimo antes. Por lo que bien se
pudo tener preparado, para ejecutar simultáneamente, otro proyecto de vital
importancia: la recogida de las aguas pluviales. Porque en cuanto vuelvan a
caer unos buenos aguaceros, la barranquera de Los Cuartos inundará las redes
sociales en vídeos y fotografías. Y seguiremos en las mismas. ¿Cargaremos
culpas en otras administraciones como siempre? ¿Daremos instrucciones a los
palmeros de turno para que canten aquello de qué buenos son los de aquí y qué
malos los de fuera?
Espero no se me alegue en descargo que no había dinero. De
superávits seguimos presumiendo. Con los que se incrementan considerablemente
las partidas de publicidad y propaganda. Basta con echar una visual a las fotos
de los concejales del grupo de gobierno con carteles cada tres por dos. O
jactándose de nombramientos de policías, cuando en realidad, con todos los que
se han jubilado, cada vez hay menos. Cuando corran piedras y restos de toda
condición por Los Cuartos, vayan los quince (con asesores, gabinete de prensa,
fotógrafos y Marrón) a ponerse por
debajo del pabellón a ver si paran las riadas. Es que no tienen vergüenza.
Dejen hipódromos, piscinas, casonas históricas, auditorios… que
ya volverán a tener cabida en arbolitos de navidad. Pero tranquilos,
gobernantes, este pueblo presenta raros síntomas olvidadizos y sabe correr
tupido velo a la perfección. Unas fogaleras de historias (más bien cuentos) y
al redil cual rebaño obediente. Nos han contagiado con el postureo. Y la
vanidad se adueñó de plazas y rincones. Viva el vino. ¿El valor de un voto?
Bétete porai; no ves
que estoy flipando con el chute mañanero, cara güevo; chacho, todas las mañanas
con el mismo royo, colega, que entodavía tengo el encefalograma dormido… Mira
que te denuncio por acoso laboral, y tal.


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